‘Ellas’: Verde celofán

Una solvente periodista francesa, mujer madura casada y con dos hijos varones, realiza un trabajo de investigación para la revista ‘Elle’. Se trata de un artículo sobre la prostitución juvenil y esto la lleva a entrevistar en profundidad a dos chicas universitarias que la ejercen, y cuyos testimonios provocarán un grave desajuste en su vida personal.

Este es el punto de partida de la cinta que nos ocupa, producción franco-alemana, dirigida por la polaca Malgoska Szumowska, también coguionista junto a Tine Byrckel. Cuenta con un trío de soberbias actrices, la siempre espléndida Juliette Binoche, y las excelentes Anaïs Demoustier y Joanna Kulig, y con una factura impecable, que sirve a la historia tanto como la traiciona. Nos extenderemos después sobre ello.

La estructura narrativa es interesante porque permite contemplar las conversaciones con cada una de las jóvenes, al tiempo que la puesta en imágenes de los relatos – los encuentros sexuales con los clientes – y, en paralelo, la vida doméstica y familiar – algo descontrolada y desigual para ella en relación a un marido más bien egoísta y desatento, y a un hijo adolescente tópicamente rebelde – de la reportera.

En la primera parte, Szumowska consigue integrar con una cierta coherencia de fondo y forma dichas líneas argumentales. Pero en la segunda, el conjunto se le va de las manos. En efecto, prefiere escorarse hacia el efectismo, hacia una vacuidad pretendidamente rompedora e intensa, hacia una banalidad disfrazada de trascendencia, hacia una gestualidad sin sustancia, hacia un erotismo que juega a porno suave de diseño…

Tal deriva confunde e intoxica el pretendido mensaje feminista – ¿feminista…? – que la anima. La visión de esas estudiantes prostituídas – que van por libres, sin mafias, ni proxenetas, con el solo y confesado objetivo de vivir mejor –  sirviendo sexualmente a hombres casados que podrían ser sus padres, quienes las pagan por prácticas eróticas que serían ‘incorrectas’ en sus lechos conyugales…

Esa visión resulta insidiosa y profundamente deshonesta porque, salvo en  episodios aislados, apenas si se nos muestra el dolor, la humillación, la indignidad y el alto precio que deben pagar ambas estando, como están, sometidas a un contrato no escrito de abuso de poder. Por el contrario, hay una cierta reivindicación perversa de sus pretendidos ejercicios de libertad y control, frente a la esclavitud del matrimonio burgués. Tópica y facilona oposición, siendo ambas situaciones más que cuestionables. Lo dicho, pierde el norte ético y estético y el verde celofán lo envuelve todo con sus tramposas mixtificaciones.

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