‘Prometheus’: Otra odisea del espacio…

Corre el año 2089 y una joven pareja de arqueológos descubre emocionada que en cuevas situadas en diversos, y alejados entre sí, lugares del planeta Tierra se repiten pictogramas dibujados miles de años atrás, que parecen sugerir a los creadores de la especie humana, remitir al propio origen de la vida. Cuatro años después, se embarcan en una expedición – patrocinada por un millonario mecenas, ya difunto- en la que irán en busca de tales seres. Pero lo que encontrarán,no será nada de lo previsto.

Diecisiete son los tripulantes de la nave. Tod@s científic@s, a excepción del piloto y un androide, estupendo Michael Fassbender, culto y refinado, rendido admirador de ‘Lawrence de Arabia’ y de su personaje central, bajo los rasgos de Peter O´Toole. Sus personalidades son dispares, pero salvo la representante del filántropo y directora de la expedición – una rigurosa, fría  y excesivamente encorsetada, Charlize Theron – todos sienten intensamente la pulsión de descubrir el misterio. Y no les importa arriesgar sus vidas para conseguirlo.

El septuagenario Ridley Scott no retomaba el género de la ciencia ficción desde hacía 30 años, los mismos transcurridos desde ‘Blade Runner’. Y lo hace con esta ‘Prometheus’, que pretende ser una precuela de ‘Alien’ y que no acaba de encontrar sus señas de identidad entre la acción, el terror y el fantástico futurista. Ello pese a dos guionistas solventes como Jon Spaiths y Damon Lindelof, uno de los cocreadores de la celebérrima serie ‘Perdidos’. Aún con eso y pese a contar, como es habitual en este tipo de superproducciones, con un equipo técnico-artístico apabullante, en el que no se han escatimado medios, la cinta no acaba de funcionar.

Y no lo hace porque desaprovecha los elementos que la conforman. Porque se pierde y se dispersa con una pretensión de transcendencia pseudoespiritual, de moralina religiosa de corto alcance, que empobrece su discurso y su mensaje. Porque carece de pasión y de aliento. Porque raras veces sabe crear un clima y una atmósfera. Porque, a pesar de estar dotada de un diseño artístico y unos impactantes efectos especiales , no les aporta esa grandiosidad que traspasa la pantalla. Porque no sabe insuflar vida a los personajes secundarios – ni siquiera a los principales, excepción hecha del citado Fassbender y de Noomi Rapace que defiende el suyo con la fuerza que la caracteriza – que no están bien dibujados, ni a sus interrelaciones.  Porque su pretendido misterio se nos queda corto. Porque esperábamos una gran película y ha resultado ser otra odisea del espacio

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