Café de Flore: Fuera del tiempo…

Esta coproducción franco-canadiense, fechada en 2011, dirigida por Jean-Marc Vallée – quien sedujo a la crítica internacional con su multipremiado filme C.R.A.Z.Y. – es un ejemplo de las peculiares ofertas que, como excepción, nos trae la desesperante y previsible cartelera veraniega. Como ‘Silencio de hielo’, glosada hace muy poco en el blog.

Se trata de cintas atípicas, que suelen llegar con cierto retraso, con vocación de estilo y minoritarias, proyectadas en vos, fuera de los circuitos amodorrados y aburridos en los que imperan, en general, las convenciones comercial  y narrativa más recalcitrantes.

Cuenta la historia de amor de dos personas que viven en distintos países y épocas, unidas por lazos tan lógicos como mágicos. Una, habita el París de los sesenta y su vida es dura e ingrata, asumiendo en solitario – por la deserción de su pareja – la maternidad de un niño con síndrome de Down. El otro, un DJ de éxito, recién divorciado, con dos hijas, enamorado y llevando una existencia privilegiada en el Montreal contemporáneo.

La primera historia es poderosa, intensa, llena de ternura, pasión y verdad. Bien contada y filmada, resultan espléndidos los retratos de esa madre coraje, una soberbia Vanessa Paradis, y del niño Marin Guerrier, un prodigio de naturalidad. Una interesante y libérrima visión de un atípico y extremo vínculo materno-filial, en un contexto más bien reacio a aceptar los deseos de l@s diferentes.

La segunda empalidece, por contraste. No acaba de ser convincente el amour fou de ese más bien cretino y algo perverso D.J. , inmaduro, ambivalente y lleno de dudas. Aunque sí funcionen bien tres de las cuatro mujeres que le rodean y ciertos retazos de su romance adolescente. Aquí ya empieza a fallar el guión que trasviste la pasión en tics y el flechazo en golpes de melenas.

Pero lo peor es cuando intenta explicar, mal, lo inexplicable por cerrar un círculo y un final, que pedían a gritos ser abiertos. Entonces se roza lo grotesco y se incurre en lo ampuloso, pseudotranscendente, en un new age de todo a cien y, desde luego, en lo desaforadamente irritante. Fuera de tono, lejos del ritmo, fuera del tempo, fuera del tiempo…

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