‘Headhunters’: Villanos de guante blanco

Hemos de felicitarnos porque el verano, aparte de humo cinematográfico, nos depare el estreno de películas de otras cinematografías que habitualmente no suelen tener cabida en nuestras pantallas. Como la noruega, en el caso que nos ocupa. Dirigida por Morten Tyldun, coproducida con Alemania, con un guión de Ulf Ryberg y Lars Gudmestad, basado en el best seller de Jo Nesbo y cien minutos de metraje.

Se trata de un thriller que sigue a un hombre, Roger Brown, un ejecutivo cazatalentos de éxito, cuya vida dorada – una extraordinaria reputación laboral, una casa maravillosa, lujos a su alcance, una mujer espectacular que dirige una galería de arte…- tiene un contrapunto sombrío. Sus cuentas están en bancarrota y sólo puede permitirse mantener tal estatus incurriendo en la ilegalidad. Cuando su esposa, involuntaria y casualmente, le pone en contacto con el cebo perfecto, su entera existencia se convertirá en una pesadilla.

La historia tiene un buen arranque con un agridulce monólogo del protagonista – un estupendo Aksel Hennie – sobre las miserias que se esconden tras su brillante fachada. Empezando por su baja autoestima a causa de su estatura, que no alcanza el metro setenta, y en considerar que sus posesiones y afectos los compra el dinero. Dinero que, para conseguirlo, le obliga a delinquir. Por ello, entre otras cosas, quiere evitar a toda costa tener los hijos que su pareja desea ardientemente. Es un cínico retrato de un personaje, una suerte de antihéroe convertido en justiciero muy a su pesar.

El realizador lo contrapone con inteligencia a su presunta víctima, quien irá poco a poco revelando sus perversas jugadas, un hombre guapo e irreprochable, el candidato perfecto a consejero delegado de la empresa del primero. Lo compone muy bien Nicolaj Coster-Waldau. La tercera, que no la única, en discordia es Sinnove Macody Lund quien, aunque el juego es de los caballeros, es la más íntegra y consecuente de la función.

Tyldum confiere a este complejo relato un buen pulso narrativo, un ritmo trepidante y una irreprochable factura que en nada tiene que envidiarle a sus homónimas de género norteamericanas. Y la ironía caústica que la recorre es muy eficaz en las distintas perspectivas que la historia va ofreciendo sobre unos caracteres básicamente amorales.

Cabe reprocharle las continuas vueltas de tuerca, los excesivos giros de un guión siempre con ases en la manga, retorcido y efectista. Cine negro europeo, visible, dignamente comercial, entretenido, nada moralizante, a la manera contemporánea, cuyo hondo escepticismo sobre la condición humana está inevitablemente representado en los villanos de guante blanco.

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