Festival de Cine Europeo de Sevilla, IX edición. Toma I, 2ª parte.’Grandes esperanzas’: Grandes decepciones…

Esta nueva versión cinematográfica de la obra maestra del maestro Dickens, cuyo segundo centenario se celebra este año, debe ser la úndecima más o menos, incluyendo a las mudas. Su firmante es el bien conocido director británico Mike Newell -‘Cuatro bodas y un funeral’, ‘El amor en los tiempos del cólera’…- quien ha perseguido una fidelidad al texto original,  abarcándolo en casi toda su extensión en 128 minutos de metraje.

Dicha fidelidad, de intención muy loable, y que tiene como aspecto positivo un naturalismo en la representación fílmica de la época, frente a las más estilizadas e idealizadas de otras adaptaciones,  no garantiza el interés o la calidad del resultado final. En este caso, lamentablemente, actúa en sentido contrario. La narración, apresurada por no perder ningún detalle, de hecho los dispersa y debilita, haciéndose lineal y plana, presentándonos sin solución de continuidad y desprovistos de identidad propia a esos hombres y mujeres, maravillosos ‘secundarios’ dickensianos. Y esto resulta imperdonable.

En efecto, van apareciendo ante nuestros ojos sin hacerse reconocibles por esos detalles tan personales e intransferibles con los que los dotaba su autor. Eso provoca que el ritmo y el interés del relato se vean seriamente afectados y, aunque intenta alzar el vuelo en la segunda parte, no lo consigue . Sólo los protagonistas se ven resaltados, pero no se hacen con ello más complejos. Se resalta su deslealtad y su frialdad afectiva en uno y otro caso, pero pocas veces la complejidad y el tormento interior que les habitaba.  Newell, según sus propias palabras, estaba especialmente interesado en profundizar en las zonas más oscuras de la novela, casi nunca retratadas. Y lo hace, pero se olvida paradójicamente de iluminarlas.

Estamos aquí ante un producto de una factura impecable, con un equipo técnico valioso y competente y con un reparto desigual. Lo irónico del asunto es que los minimizados secundarios funcionan muy bien, pese a las escasas oportunidades de sobresalir que les han deparado. Mejor que la muy sosa pareja central, Holliday Grainger y Jeremy Irvine, desprovist@s de alma,  y mejor que una Helena Bonham Carter más gótica y burtoniana que nuncaRalph Fiennes consigue transmitir, es marca de la casa, su tormento por una existencia devastada y Jason Flemyng compone con talento y emoción a ese precioso personaje de Joe Gargery.

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