‘Un amor entre dos mundos’: Gravitaciones

El responsable de esta coproducción franco-canadiense es el argentino, Juan Diego Solanas, hijo de Fernando, un clásico del cine de su país. Tiene en su haber tres cintas más, entre ellas la celebrada por la crítica. y que pasó por Cannes en el año 2005, ‘Nordeste’. La que nos ocupa tiene un metraje de 100 minutos, un impactante equipo técnico-artístico y está escrita por su director y Santiago Amigorena.

La historia remite a un futuro en el que dos planetas se rozan, sin llegar a tocarse. Desafiando las leyes de la gravedad, coexisten sin mezclarse dos mundos. El inferior, poblado por l@s parias, y el superior, por l@s privilegiad@s, que detentan el poder. Entre ambos, un espacio que les permitirá colaborar en el trabajo, pero manteniendo  rígidas jerarquías y feroces controles. Un niño de abajo y una niña de arriba, desafían las reglas a través de los años, por su amistad primero y su amor después.

Sobre el papel, la trama es ingeniosa y se sirve de la ciencia ficción para analizar, con una visión muy contemporánea, la estratificación clasista en la que estamos inmersos. Un centenar de hombres y mujeres a cargo de los efectos especiales y visuales, junto a la espléndida fotografía de Pierre Gill, la dirección artística de Isabelle Guay y Jean Pierre Paquet y el diseño de producción de Alex McDowell, conforman un cosmos de espectacular belleza plástica. Así, el mundo inferior oscuro y hostil , de reminicencias dickensianas, frente al dorado, lujoso y refinado, aunque cruel y despiadado,  mundo superior.

Aunque el romance interplanetario y sus gravitaciones, los mecanismos que han de inventar para que no se produzca la combustión inevitable cuando uno entra en la atmósfera invertida de la otra y viceversa… dejan mucho que desear. Partiendo de la propia base de la nula química entre Jim Sturgess y Kirsten Dunst, que funcionan mejor por separado, aunque el papel de ella sea de una nadería insoportable. Ese happy end tan forzado y convencional, que lima todas las aristas, sin desarrollar otras subtramas prometedoras del ambiente laboral, por ejemplo. Menos mal que el gran Timothy Spall se adueña sin problemas de la función y le aporta humor y talento. Pero eso no basta.

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