‘Tierra prometida’: David y Goliat

La filmografía del ciudadano de Louisville, Gus Van Sant, ha basculado entre polos opuestos. Como sus inicios transgresores e independientes, a los que retorna cíclicamente, ejemplarizados en películas como ‘Drugstore cowboy’, ‘My own private Idaho’, ‘Paranoid Park’ y, sobre todo, ‘Elephant’, con la que se hizo, entre otros premios, con la Palma de Oro, del año 2003, en Cannes. Pero también con títulos ampliamente mayoritarios como ‘El indomable Will Hunting’, que obtuvo tres Oscars- a Damon y Affleck, por su guión y a Robin Williams, como actor secundario – o ‘Descubriendo a Forrester’. Para no mencionar la infumable ‘Psicosis’…

En cualquier caso, su obra refleja su interés por personajes y ambientes al filo de la marginalidad, o directamente desestructurados,  o en situaciones de manifiesta inferioridad económica o de clase. O denostados por sus tendencias sexuales, como en ‘Mi nombre es Harvey Milk’. Y esta su última cinta – elegida ex aqueo con ‘Bárbara’, de Christian Petzhold para debatirla en nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’, del próximo mes de mayo – no es la excepción.

Steve y Sue, empleados de Global, una empresa de gas, llegan a una localidad empobrecida con la crisis, pensando que sus habitantes serán presas fáciles del soborno que la gran corporación financiera está dispuesta a hacerles, a cambio de que les permitan perforar pozos en sus granjas. Pero un anciano y respetado profesor y un ecologista, les complicarán sus objetivos.

Con un metraje de 107 minutos y un estupendo y matizado guión de los actores y protagonistas, quienes también la producen, Matt Damon y John Krasinski, esta cinta tan estimulante lo es desde varios puntos de vista. Filmada de una manera muy  sobria y eficaz, al servicio de lo que está contando, sorprende al espectador más avisado, sin trucos, ni trampas. A saber, parece sencilla, pero es compleja. Parece que va a discurrir por caminos trillados, pero no lo hace.

Ni l@s pueblerin@s son tan inocentes, ni la pareja de vendedores, tan lista. El incipiente romance se hace esperar y no sigue pautas preestablecidas. No hay mal@s, ni buen@s al uso, si exceptuamos las cínicas perversidades de la multinacional. No elude las aristas de un@s y otr@s… pero se posiciona ética y políticamente. Es emotiva, pero no sentimentaloide. Refleja muy bien el entorno rural, con sus penurias, sus glorias y miserias. Mima a sus personajes, luego l@s construye muy bien, dotándolos de alma, sensibilidad, contradicciones y comprensión.

No convierte a una causa, la expone y convence. También es divertida. Sabe captar el sentido de una comunidad unida, sin mitificarla. Y tiene a un reparto en estado de gracia… Matt Damon, cada día mejor. John Krasinski, maestro de la ambiguedad. La excelente Frances McDorman, que dota de humor a un papel más ingrato. El encanto inteligente de Rosemarie DeWitt y el talento de ese anciano digno y venerable, Hal Holbrook. Rezuma credibilidad y vida, tan contemporánea como clásica. No se la pierdan.

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