‘Keep the lights on’: Ni contigo, ni sin ti…

Ira Sachs es un realizador norteamericano independiente, con una filmografía calificada de interesante en su haber e invitado habitual del Festival de Sundance, donde ha ganado algún premio mayor. Se reconoce “judío y abiertamente gay”. En esta película que acaba de estrenar, y que podemos ver en nuestra ciudad en su versión original, firma también el guión, junto a Mauricio Zacharias. Cuenta una historia autobiográfica, su conflictiva y larga relación con un agente literario, quien relató en un libro sus adicciones a sustancias ilegales.

En ‘Keep the lights on’, en efecto, se retrata un romance y convivencia intensos e intermitentes, durante una década, entre un cineasta danés y un abogado norteamericano toxicómano. Ambos se conocen de manera casual, a finales de los 90, y lo que parecía destinado a durar una noche, se convierte en algo más profundo. Pero la adicción del segundo, de la que hace partícipe ocasionalmente a su pareja, da al traste con cualquier intento de estabilidad y atormenta el vínculo, pese al afecto que ambos se profesan.

El realizador intenta exorcizar sus fantasmas con su versión fílmica de una, sin duda, dolorosa parcela de su vida. Y lo hace con tanta desinhibición como ternura, sin pontificar ni moralizar, aunque sí exponiendo abiertamente la imposible convivencia con un adicto, que también afecta a las profesiones de ambos. En su caso, al documental que prepara. En el del abogado, al despacho en el que trabaja.

Pero, lamentablemente, desde la opinión de quien esto firma, ahí acaban sus valores. Una vez expuesto el conflicto, la cinta se diluye en reiteraciones de la misma o parecida situación, con escasas variantes, como en un dejá vu interminable y aburrido a lo largo de los años en los que transcurre la acción. Plagada de tiempos muertos, con un guión en gran parte vacío de contenido por una carencia sustancial. El punto de vista de la película es exclusivamente del alter ego del director. No se le da prácticamente ninguna oportunidad a la versión de su pareja, a las razones de sus huídas, de su comportamiento, a su lucha, a las situaciones en las que se ve envuelto. Un hombre, a tenor de lo consultado, muy interesante en la vida real. Y también lo hubiera sido el retrato de una comunidad, de una época… Pero el egotismo ha podido más. Una pena.

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