‘Vistas y no vistas’. Toma I: ‘7 Cajas’

Iniciamos esta sección con la intención de dar fe del paso fugaz por nuestras carteleras de películas con calidad en interés, pero que no han sido, por diferentes circunstancias, valoradas como se merecían. O no han funcionado las referencias y no han tenido apenas público, o no las han mantenido el tiempo suficiente. En el primer caso estaría la paraguaya ‘7 Cajas’, de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori. Y en el segundo, la Toma II, la anglo norteamericana ‘The East’, de Zal Batmanglij.

En palabras de su guionista y co-realizador, Juan Carlos Maneglia, Paraguay es el único país latinoamericano que aún no tiene aprobada la Ley del Cine y el triste resultado es que no produce más allá de una o dos cintas al año. Con ‘7 Cajas’, Tana Schémbori y él ganaron el Premio Cine en Construcción del Festival de San Sebastián. Todo un espaldarazo para una cinta que se desarrolla en el muy conocido Mercado 4, de Asunción. Relata la historia de un chico de 17 años, carretillero, que malvive con las cargas que tiene que llevar a su destino en su instrumento de trabajo. Pese a la durísima competencia, le proponen transportar las siete cajas a las que alude el título. De este hecho, se derivarán imprevisibles y tragicómicas consecuencias.

En efecto, está muy bien resuelta, es ágil, bien filmada, bien contada y posee, es una cinta coral, un buen retrato de caracteres. Aunque se desarrolle en un entorno muy marcado, por decirlo así, de pintoresquismo, no cae en el costumbrismo, ni en la zafiedad, ni en la sal gruesa. Al contrario, la recorren una ironía y una causticidad considerables y, si bien se burla de las carencias intelectuales de los ‘villanos’ sabe distinguir entre unos y otros, los jefes y subordinados para entendernos. Y retrata agudamente a la mafia lumpen que por tan curioso escenario pulula, así como a las autoridades y paisanaje que lo puebla. Y tiene un personaje femenino, a la altura del masculino, más que inteligente y curioso…

Mezcla y revisitación de géneros con unas señas de identidad propias y autóctonas. Con un dialecto original para el que el subtitulado es imprescindible. Nada tópica, ni complaciente. Hilarante y astuta. Trepidante y sarcástica. Consíganla y que la disfruten. Merece la pena.

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