‘El lobo de Wall Street’: El dinero nunca muere…

“El dinero tiene, entre otras infinitas virtudes, una calidad detergente. Y múltiples cualidades nutricias. Te alegra los ojillos, te hincha los mofletes, te otorga esa manera de sentarte en la butaca con las piernas extendidas y el periódico entre las manos. Te concede esas manos impolutas que emergen de los blancos puños almidonados de la camisa” Esta frase tan incontestablemente lúcida pueden encontrarla en una novela imprescindible, ‘En la orilla’, cuyo autor es Rafael Chirbes.

Esta frase ilustra muy bien, además, la manera en la que Scorsese aborda  la historia real, basada en su libro homónimo , de Jordan Belfort – El  Bronx, Nueva York, cosecha del 62 – quien se hizo multimillonario en los años ochenta, estando en la veintena, como broker  y como fundador de su propia empresa, Stratton Oakmont, por medio de la que estafó preferentemente a grandes fortunas, blanqueó dinero, manipuló el mercado de valores, entre otros delitos, por los que fue procesado y condenado sólo a 22 meses de prisión. Son datos de esa página fundamental que es Wikipedia.

El guión es de Terence Winter, la excelente fotografía, de Rodrigo Prieto, la extraordinaria banda sonora de Howard Shore y su metraje, de 180 minutos. Su equipo técnico-artístico es impecable. Viene precedida de un Globo de Oro, 4 nominaciones a los BAFTA y 5 a los Oscar, entre otros muchos reconocimientos más. No es la obra magna del realizador italoamericano, pero es una cinta más que notable, en la que ahora vamos a detenernos como se merece.

Tan arrollador visual y narrativamente como suele serlo, con esa utilización tan sabia de la voz en off – como se debe hacer, como un elemento dramático más – Scorsese exhibe todo su poderío fílmico en una historia nada fácil de contar y mucho menos de hacerlo bien. Una historia que, en otras manos, se hubiera escorado en sus vertientes más moralista y maniquea. Una historia que, en las suyas, resulta tan chispeante como compleja, tan sutil como dotada de una intensa carga de profundidad, tan divertida como impía, tan irreverente como caústica.

Se la ha descrito como una obra de juventud en la filmografía de un cineasta septuagenario. Otro mérito más. Pero aunque su factura sea engañosamente ligera contiene, en un registro de comedia feroz, excéntrica y, sí, juvenil, una lectura crítica del capitalismo más salvaje, una visión tan nihilista de esos ‘lobos’ sin conciencia y sobrados de codicia, unos gags irrepetibles sobre las percepciones distorsionadas que provocan ciertas sustancias ilegales, una implacable crónica de la cosificación de las mujeres, sólo contempladas como objetos sexuales. Un retrato generacional de ciertos delincuentes financieros tan agudo como demoledor.

Y… ¡¡¡qué decir del reparto!!! Di Caprio está sublime, y mira que era fácil sobreactuar. Así como un superlativo Jonah Hill, que no le va a la zaga. Ambos justamente nominados al Oscar en sus respectivas categorías de Actor Protagonista y de Reparto. Pero también Matthew McConaughey, Rob Reiner, Jean Dujardin, Kyle Chandler o Margot Robbie. Imperdonable perderse la mirada insuperable de un maestro sobre estos adictos al dinero, caiga quien caiga. Están avisad@s.

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