Goya 2014: Vivir es díficil con los ojos abiertos…

Un ministro, sin Cultura, ni Educación, que le hizo el feo, degradándose aún más si cabe, a toda una profesión faltando a su Gala anual. Un colectivo que respondió en consecuencia a este desaire, con matices que fueron desde la ironía hasta la causticidad, desde la elegancia hasta la firmeza, desde la sutileza hasta la contundencia. Un número musical de vergüenza ajena, otros más inspirados. Unos gags irregulares, algunos eficaces. Una conversación telefónica a cuatro voces, de ex conductores-as de la ceremonia, francamente divertida. Un presentador que tuvo destellos, pero al que el evento le venía muy grande.

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Unas hechiceras que arrasaron en los premios técnicos. Un cazador nocturno, Javier Pereira en ‘Stockholm’, que se reveló y también acertó en su discurso. Una joven andaluza, también revelada, que se reafirma en sus orígenes, y que no va a permitir que otr@s decidan por ella, Natalia de Molina. Un actor protagonista, – a la sexta, Javier Cámara, a la sexta fue la vencida – emocionado y pletórico, consciente de que eran su noche y su momento. Así,  ‘Vivir (sí) es fácil…’ Otra debutante en el trofeo, pese a sus mil batallas vitales e interpretativas, en la categoría de reparto, Terele Pávez, la bruja de Zugarramurdi. Uno de los momentos más emotivos de la noche.

Un actor de reparto, Roberto Álamo, que deparó una intervención tan crítica como incisiva. Una Marian Álvarez, cuya ‘herida’ nos ha conmovido,  que también reivindicó el ‘nosotras decidimos’, junto a la dedicatoria ‘a todas las mujeres que pelean por nuestros derechos’. Amén. Y hablando de ellas, un documental de la Memoria Histórica Violeta, felizmente premiado, ‘Las maestras de la República’, de Pilar Pérez Solano. Ellas, junto a su entrañable colega octogenario,  Juan Carrión, presente en la sala, quien no ha dejado de ejercer y cuya peripecia con el mismísimo Lennon inspiró la cinta protagonista, dieron una lección de dignidad y de la mejor cultura al impresentable titular del ramo.

Un director novel que podía haber sido mejor director a secas, Fernando Franco. Una película, ‘La herida’, transgresora, potente y radical, que hubiera merecido mejor suerte. Un casi pleno para David Trueba, 6 de 7. Otro ignorado en los Goya, triunfador de la noche. Película, Director, Guión Original, Actor Protagonista, Actriz Revelación y Música Original. Una sobria, sensible, inteligente y generosa intervención la suya, exenta de cualquier tentación autoral o narcisista. Eso le honra.

Y también que haya mantenido un equilibrio en esta cinta pequeña pero compleja, suave pero reflectora de las durezas de un tiempo y de un país. Una crónica presuntamente amable de un peculiar itinerario iniciático tras el icono musical al que se pretende interpelar de igual a igual y del que se consigue el objetivo pedagógico solicitado, pero que ha sabido eludir la autocomplacencia en aras de la honestidad. Porque David Trueba, suya fue la Fiesta, sabe, y lo filma, que vivir es difícil con los ojos abiertos.

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