‘La gran estafa americana’: Pompas de jabón

Que una nadería como la cinta que nos ocupa – eso sí, cargada de pretenciosidad y pseudotranscendencia en cada plano – esté entre las favoritas para coronarse como la mejor película del año el próximo domingo en los Oscars. Que haya encandilado hasta la exasperación a la crítica de su país. Que la Academia hollywoodense haya obviado en su beneficio a cintas con más riesgo y calidad. Que tenga en su haber, 3 Globos de Oro, 3 Bafta, 4 Critic´s Choice y 10 nominaciones a las estatuillas más codiciadas, habla bien a las claras del stablishment cinematográfico norteamericano.

La dirige David O. Russell – Nueva York, cosecha del 58 – capaz de contrastes en sus relatos fílmicos como los que ejemplifican la estimable, ‘The fighter’  y la resultona, si bien tramposa y deshonesta, ‘El lado bueno de las cosas’. Pero… aunque ‘La gran estafa americana’ bebe de las fuentes de ambas, no alcanza la oscuridad de la primera ni la chispeante vitalidad de la segunda.

La historia se sitúa en los años setenta en la Gran Manzana y remite a un estafador, basado en un personaje real, y a su pareja, que se ven chantajeados y coaccionados para cooperar con peculiar agente del FBI, quien les introduce en la escena política y mafiosa de la época y de ese estado. Rodada con ciertos clichés estéticos y narrativos del cine de la década, pretende ser un combinado de comedia, drama y cine negro pero resulta, por el contrario, una mezcla desafortunada e indigesta de los susodichos géneros.

Quizás también una mezcla desafortunada e indigesta de ciertas señas de identidad de su realizador. Tales como su querencia por personajes desaforados, excéntricos, al límite, disfuncionales en los que, en el peor de los casos – como en el que nos ocupa – pesan más las caracterizaciones que su evolución. Los efectismos que los matices. Y paradójicamente, son tan esquemáticos como complicados, tan básicos como ininteligibles… Como la propia trama, que acusa desajustes de ritmo importantes en su desarrollo, enmarañándolo innecesariamente. De hecho, no pocas cintas estadounidenses, de similares características, son mucho más brillantes y entretenidas. Y también, más inteligentes.

En cuanto al lujoso reparto, tod@s nominad@s a los Premios Mayores que se entregan mañana, lo dicho en el párrafo anterior. Están sobreactuad@s. Así, Bradley Cooper. Desde luego, Jennifer Lawrence. Para no hablar de un Robert de Niro, espectro de sí mismo. Algo más matizado, Christian Bale y la mejor es Amy Adams. Pero en fin, la pelota está en su tejado y parece que se impone comprobar si coinciden o discrepan con lo expresado en estas líneas.

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