‘Sieranevada’: Memorial

Cristi Puiu – guionista y realizador rumano,  de la cosecha del 67, con títulos en su haber como ‘La muerte del señor Lazarescu’ – se inscribe, por pleno derecho, en la muy brillante generación de cineastas de su país conocida La Nueva Ola, en la que encontramos nombres tan distinguidos como los de Corneliu Porumboiu o Cristian Mungiu . Esta que nos ocupa es su sexta película.

Con una puesta en escena radicalmente transgresora y singular a base de planos secuencia en los que la cámara permanece fija en un punto mientras va captando las sucesivas acciones, bien sean simultáneas o consecutivas. Acciones que tienen lugar durante una celebración familiar numerosa, en homenaje al patriarca fallecido cuarenta días antes y en la casa de éste y de su viuda.

Una celebración en la que los diferentes personajes, que no nos son presentados como en la narrativa al uso, van mostrando sus personalidades a través de cómo se expresan y actúan.  El hilo conductor es el primogénito, Lary, un médico que esconde un secreto y que no acaba de encontrar su lugar en dicho entorno. Allí se reencuentra con sus hermanos-a, cuñados-as, amistades y demás parientes del finado. Pero nada se desarrollará según lo previsto…

Hay que advertir que tampoco tiene nada que ver con ningún otro filme de esta temática, ni siquiera con los rodados por el Movimiento Dogma. Pues, como se ha escrito anteriormente, Puiu dinamita las convenciones de fondo y de forma.

Así que, salvo en algunos exteriores, donde la cámara también permanece fija y al acecho de cualquier acontecimiento, es en la casa donde va registrando lo que ocurre en las diferentes habitaciones, tras la puertas, entre los hombres y mujeres que pueblan el piso.

Y ocurren muchas cosas en sus densos, y no siempre cómodos, 173 minutos de metraje. Riñas, discusiones políticas, sobre la historia de su país, sobre terrorismo, el 11 S, el atentado de Charlie Hebdo, llantos, dramas conyugales y riñas fraternales, visitas inesperadas, el sacerdote que no llega, la comida abundante, servida en la mesa y tod@s hambrient@s pero no pueden dar cuenta de ella hasta que la ceremonia termine.

La mirada del realizador sobre este grupo humano es cáustica, corrosiva, irónica y divertida. También dotada de un humor negro que linda con el absurdo, sin dejar de ser, paradójicamente, asombrosamente realista. A ello contribuyen la impecable fotografía de Barbu Balasoiu, su propio guión y un reparto irreprochable.

Pero… no todo lo que cuenta, ni como lo cuenta, es tan interesante. A veces, resulta francamente aburrida y otras, pretenciosa. Y capciosa, muy capciosa, en el tratamiento de los personajes femeninos vistos sin la complejidad y sutileza que aporta a los masculinos. Tanto en el orden patriarcal de las cosas, en los roles sexistas, que no critica, ni cuestiona, como en la banalización en el retrato de una víctima de maltrato conyugal aunque, solo aparentemente, sea respaldada por l@s suy@s.

En cualquier caso, es evidente que debe verse.

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