’50 primaveras’: Sororidad

Para Vita Lirola, porque me sugirió este título y por tantas otras cosas…

 

El término anglosajón sisterhood – hermandad femenina, frente a la clásica fraternidad, brotherhood, masculina – fue acuñado en los años 70 del pasado siglo por la escritora y activista estadounidense Kate Millet. El de sororidad, su equivalente de habla hispana, fue reivindicado por la antropóloga y política mexicana Marcela Lagarde, otra clásica del feminismo, quien lo define como “el apoyo mutuo de las mujeres para lograr el empoderamiento de todas, su alianza en el compromiso y para crear espacios en el que puedan desarrollar nuevas posibilidades de vida frente a la opresión patriarcal”

Pues bien, esta película francesa de 90 minutos de metraje – escrita, junto a Jean-Luc Gaget y Océane Michel, y dirigida por la actriz, guionista y realizadora Blandine Lenoir, cosecha del 73, cuya fotografía la firma muy bien Pierre Milon y otro tanto puede decirse de su banda sonora, a cargo de Bertrand Belin – transmite sororidad en todos sus planos, enfoques y tratamiento de la historia.

Una historia en la que su protagonista – la maravillosa actriz, guionista, directora y cantante franco-tunecina Agnes Jaoui, cosecha del 64 – separada y con dos hijas, que acaba de perder su empleo, se entera de que va a ser abuela, está inmersa en la fisiología de la menopausia, se reencuentra con un antiguo amor, tan interesado como a la defensiva, y se ve abocada al nido vacío . Todo eso a la vez…

Como se ha escrito antes, ’50 primaveras’ o, en su mucho mejor título original ‘Aurore’, transmite sororidad a un nivel narrativo, tan fílmico como cotidiano. Y lo hace porque elude cualquier cliché al uso. Porque su relato no es lineal – aunque sí coherente, estructurado y con un hilo conductor – sino que recoge situaciones de unas vidas auténticas de mujeres fuertes y animosas, que se respaldan entre sí.

Porque representa esta solidaridad femenina y esta empatía incluso por parte de las funcionarias de empleo. Porque visibiliza algo tan poco representado en el cine como los desarreglos hormonales, y concretamente los sofocos de la menopausia, de una forma divertida y comprensiva y no cruel o paródica.

Porque, aún cuando todo se derrumba a su alrededor, el personaje central se tiene a sí misma y a la vida. Excelente tema el que suena, tan potente, al respecto, ‘Ain’t got no, I got life’, de Nina Simone.

Porque reivindica el paso del tiempo, mostrando una residencia distinta y unas ancianas más que vitalistas. Entre ellas, una que confiesa, siendo octogenaria, que nunca se sintió más libre que al cumplir los 70 y haber vivido una pasión correspondida y reciente.

Porque no enfrenta, sino que une, a mujeres de distintas edades. Porque muestra una lúcida ternura, respeto y complicidad en la relaciones madre-hijas y en la que mantiene Aurore con su mejor amiga. Porque tiene a un reparto en estado de gracia y entregado en el que destaca, aparte de la citada Jaoui, una irresistible Pascale Arbillot.

Por todo ello, y pese a no ser completamente redonda y tener algunos bajones de ritmo, debe ser vista. Una mirada de mujer valiosa, justa y necesaria.

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