Archivo anual: 2017

‘En cartelera’: Nada que reseñar

Hay semanas estivales en las que la oferta de la cartelera no es precisamente distinguida, sino todo lo contrario. Esta que nos depara mañana es una de ellas. Bajo mínimos en cantidad y calidad. Aún así, se comentarán las nuevas películas que son, por orden de enumeración y de las que pueden verse también en versión original subtitulada, dos estadounidenses y una italiana.

La primera es ‘Rey Arturo’: La leyenda de Excalibur’, del sobrevalorado y deficiente realizador Guy Ritchie. Aquí construye una fantasía medieval con los personajes míticos que, según Nando Salvá escribe en Cinemanía, «idearía un mocoso con déficit de atención». Por si esto fuera poco, la han descrito también como «ruidosa, ampulosa, gris y estúpida». En fin, como para atreverse a verla…

La segunda es de animación ‘Emoji. La película’, de Anthony Leondis. Pues trata, por decir algo, de que los emoticonos favoritos de la gente cobran vida mientras esperan a ser seleccionados por los usuarios. Sus reseñas son demoledoras, así que ya saben a qué atenerse.

La tercera es ‘La hora del cambio’, de Salvatore Ficarra y Valentino Picone. Una sátira política sobre un nuevo alcalde decidido a poner orden y a hacer cumplir su programa electoral en un pueblo siciliano en el que saltarse la ley está a la orden del día. Contraste de pareceres pero es la más valorada de todas. Ustedes mism@s.

 

‘Reparar a los vivos’: Latidos

Ha querido la casualidad, o la causalidad…, que quien esto firma hubiera terminado de leer la novela negra del autor francés Franck Thilliez, Latidos inmediatamente antes de ver ‘Reparar a los vivos’. Porque esta película de su compatriota la guionista y directora Katell Quillévéré, cosecha del 80, aborda un tema parecido, aunque con un enfoque y una perspectiva radicalmente opuestas.

103 minutos de metraje. La escriben la propia realizadora y Gilles Taurand, sobre la novela homónima de Maylis De Kerangal. Su fotografía, tan incisiva como sugerente, se debe a Tom Harari y su hermosa partitura al gran Alexandre Desplat. La historia se centra en el gravísimo accidente de un joven surfista, que le deja en muerte cerebral, y en la decisión que deben tomar sus devastados progenitores sobre si ceder sus órganos, y más concretamente, su corazón,  o no hacerlo. Y a partir de ahí…

Digámoslo cuanto antes. ‘Reparar a los vivos’ es una declaración de amor a la solidaridad, a las segundas oportunidades, a la vida después de la muerte que suponen las donaciones de órganos, a la sanidad pública y a sus trabajadores-as, especialmente a quienes intervienen en este proceso – que está descrito aquí con toda minuciosidad – y lo hacen posible.

Los latidos del corazón físico y del metafórico están muy presentes. Y el factor humano del donante, de la receptora, del personal hospitalario, de l@s del Centro de Transplantes, con sus circunstancias familiares, afectivas y personales, también.

Sobre todo, en el caso del primero – con su pasión por el surf, heredada de su padre, y su primer amor –  y la segunda- una música soltera, con dos hijos varones, absoluta dependiente hasta en los gestos más nimios, desahuciada, pero que lo lleva con elegancia y que esconde un secreto del pasado – están especialmente bien tratados. Con sensibilidad, delicadeza y auténtica emoción.

Aunque funcione como un escalpelo en los procesos quirúrgicos, vistos muy desde dentro, incluso en ellos reviste a los pacientes con una dignidad conmovedora. Contiene planos hipnóticos y metáforas especialmente logradas, aunque no todas las subtramas estén satisfactoriamente desarrolladas. Muy bien interpretada, además, por Emmanuelle Seigner, Ann Dorval, Tahar Rahim y Alice Taglioni, que toca también el piano, junto a un reparto más que correcto.

De todas, todas, véanla.

 

 

 

‘En cartelera’: Decisiones y consecuencias

De las seis películas que se estrenan hoy en Sevilla, destacamos cinco que pueden verse, además, en versión original subtitulada. En todas o en ciertas sesiones y días. Como se advierte siempre, consulten cartelera. Las comentaremos por este orden: una noruega, una francesa, una alemana, una estadounidense y una española.

La primera es ‘La decisión del rey’, de Erik Poppe. Basada en hechos reales, y ambientada de nuevo en la II Guerra Mundial, da cuenta del dilema del monarca citado cuando, en abril de 1940, los alemanes llegan a Oslo y tiene que tomar una opción que cambiará para siempre el destino de su país. Ha gustado mucho y no hay que perdérsela.

La segunda es ‘Reparar a los vivos’, de la realizadora Katell Quillévéré. Otra decisión insoslayable, la de una donación de órganos tras un accidente. La preceden referencias en general muy positivas y debe verse.

La tercera es ‘Regreso a Montauk’, del clásico director germano Volker Schlöndorff , con títulos como ‘El joven Törless’ o ‘El honor perdido de Katharina Blum’. Narra el casual reencuentro neoyorquino de un escritor con un apasionado amor del pasado, ahora una brillante abogada. Intensa división de opiniones, pero no hay que obviarla.

La cuarta es ‘Atómica’ (Atomic Blonde), de David Leitch. Basada en un comic, transcurre en el Berlín de la Guerra Fría, poco antes de la caída del Muro y en un denso ambiente de espionaje en el que la protagonista deberá conseguir una lista clave de nombres y enfrentarse a los peores criminales. Contraste de pareceres, pero…

Y la quinta es la española ‘Abracadabra’, de Pablo Berger. Una comedia negra entre el costumbrismo, el hipnotismo y la magia que ha gustado bastante en general. Protagonizan Maribel Verdú, Antonio de la Torre y José Mota.

’50 primaveras’: Sororidad

Para Vita Lirola, porque me sugirió este título y por tantas otras cosas…

 

El término anglosajón sisterhood – hermandad femenina, frente a la clásica fraternidad, brotherhood, masculina – fue acuñado en los años 70 del pasado siglo por la escritora y activista estadounidense Kate Millet. El de sororidad, su equivalente de habla hispana, fue reivindicado por la antropóloga y política mexicana Marcela Lagarde, otra clásica del feminismo, quien lo define como «el apoyo mutuo de las mujeres para lograr el empoderamiento de todas, su alianza en el compromiso y para crear espacios en el que puedan desarrollar nuevas posibilidades de vida frente a la opresión patriarcal»

Pues bien, esta película francesa de 90 minutos de metraje – escrita, junto a Jean-Luc Gaget y Océane Michel, y dirigida por la actriz, guionista y realizadora Blandine Lenoir, cosecha del 73, cuya fotografía la firma muy bien Pierre Milon y otro tanto puede decirse de su banda sonora, a cargo de Bertrand Belin – transmite sororidad en todos sus planos, enfoques y tratamiento de la historia.

Una historia en la que su protagonista – la maravillosa actriz, guionista, directora y cantante franco-tunecina Agnes Jaoui, cosecha del 64 – separada y con dos hijas, que acaba de perder su empleo, se entera de que va a ser abuela, está inmersa en la fisiología de la menopausia, se reencuentra con un antiguo amor, tan interesado como a la defensiva, y se ve abocada al nido vacío . Todo eso a la vez…

Como se ha escrito antes, ’50 primaveras’ o, en su mucho mejor título original ‘Aurore’, transmite sororidad a un nivel narrativo, tan fílmico como cotidiano. Y lo hace porque elude cualquier cliché al uso. Porque su relato no es lineal – aunque sí coherente, estructurado y con un hilo conductor – sino que recoge situaciones de unas vidas auténticas de mujeres fuertes y animosas, que se respaldan entre sí.

Porque representa esta solidaridad femenina y esta empatía incluso por parte de las funcionarias de empleo. Porque visibiliza algo tan poco representado en el cine como los desarreglos hormonales, y concretamente los sofocos de la menopausia, de una forma divertida y comprensiva y no cruel o paródica.

Porque, aún cuando todo se derrumba a su alrededor, el personaje central se tiene a sí misma y a la vida. Excelente tema el que suena, tan potente, al respecto, ‘Ain’t got no, I got life’, de Nina Simone.

Porque reivindica el paso del tiempo, mostrando una residencia distinta y unas ancianas más que vitalistas. Entre ellas, una que confiesa, siendo octogenaria, que nunca se sintió más libre que al cumplir los 70 y haber vivido una pasión correspondida y reciente.

Porque no enfrenta, sino que une, a mujeres de distintas edades. Porque muestra una lúcida ternura, respeto y complicidad en la relaciones madre-hijas y en la que mantiene Aurore con su mejor amiga. Porque tiene a un reparto en estado de gracia y entregado en el que destaca, aparte de la citada Jaoui, una irresistible Pascale Arbillot.

Por todo ello, y pese a no ser completamente redonda y tener algunos bajones de ritmo, debe ser vista. Una mirada de mujer valiosa, justa y necesaria.

‘Sieranevada’: Memorial

Cristi Puiu – guionista y realizador rumano,  de la cosecha del 67, con títulos en su haber como ‘La muerte del señor Lazarescu’ – se inscribe, por pleno derecho, en la muy brillante generación de cineastas de su país conocida La Nueva Ola, en la que encontramos nombres tan distinguidos como los de Corneliu Porumboiu o Cristian Mungiu . Esta que nos ocupa es su sexta película.

Con una puesta en escena radicalmente transgresora y singular a base de planos secuencia en los que la cámara permanece fija en un punto mientras va captando las sucesivas acciones, bien sean simultáneas o consecutivas. Acciones que tienen lugar durante una celebración familiar numerosa, en homenaje al patriarca fallecido cuarenta días antes y en la casa de éste y de su viuda.

Una celebración en la que los diferentes personajes, que no nos son presentados como en la narrativa al uso, van mostrando sus personalidades a través de cómo se expresan y actúan.  El hilo conductor es el primogénito, Lary, un médico que esconde un secreto y que no acaba de encontrar su lugar en dicho entorno. Allí se reencuentra con sus hermanos-a, cuñados-as, amistades y demás parientes del finado. Pero nada se desarrollará según lo previsto…

Hay que advertir que tampoco tiene nada que ver con ningún otro filme de esta temática, ni siquiera con los rodados por el Movimiento Dogma. Pues, como se ha escrito anteriormente, Puiu dinamita las convenciones de fondo y de forma.

Así que, salvo en algunos exteriores, donde la cámara también permanece fija y al acecho de cualquier acontecimiento, es en la casa donde va registrando lo que ocurre en las diferentes habitaciones, tras la puertas, entre los hombres y mujeres que pueblan el piso.

Y ocurren muchas cosas en sus densos, y no siempre cómodos, 173 minutos de metraje. Riñas, discusiones políticas, sobre la historia de su país, sobre terrorismo, el 11 S, el atentado de Charlie Hebdo, llantos, dramas conyugales y riñas fraternales, visitas inesperadas, el sacerdote que no llega, la comida abundante, servida en la mesa y tod@s hambrient@s pero no pueden dar cuenta de ella hasta que la ceremonia termine.

La mirada del realizador sobre este grupo humano es cáustica, corrosiva, irónica y divertida. También dotada de un humor negro que linda con el absurdo, sin dejar de ser, paradójicamente, asombrosamente realista. A ello contribuyen la impecable fotografía de Barbu Balasoiu, su propio guión y un reparto irreprochable.

Pero… no todo lo que cuenta, ni como lo cuenta, es tan interesante. A veces, resulta francamente aburrida y otras, pretenciosa. Y capciosa, muy capciosa, en el tratamiento de los personajes femeninos vistos sin la complejidad y sutileza que aporta a los masculinos. Tanto en el orden patriarcal de las cosas, en los roles sexistas, que no critica, ni cuestiona, como en la banalización en el retrato de una víctima de maltrato conyugal aunque, solo aparentemente, sea respaldada por l@s suy@s.

En cualquier caso, es evidente que debe verse.

‘Asuntos de familia’: Lazos y cadenas

Maha Haj – cosecha del 70, directora palestina residente en Israel, cuya ópera prima es ‘Asuntos de familia’ – ha denunciado, en una entrevista, publicada el pasado jueves, a Clara Morales en InfoLibre la presión del Gobierno israelí sobre los directores palestinos que viven y ruedan en el país. «Nos están estrangulando. No quiero renunciar a hacer cine», concluye.

Quien esto firma, espera que no lo haga o no la obliguen a hacerlo. Porque promete. Porque en este su debut fílmico exhibe un talento singular de fondo y de forma, tanto a nivel narrativo como estilístico. Y eso, contando con un exiguo presupuesto y las presiones citadas, es más que meritorio.

Producción israelí, fechada en 2016, de 90 minutos de metraje. La escribe la propia cineasta. Su fotografía, muy matizada, se debe a Elad Debi y su música, que no lo es menos y sabe subrayar muy bien el relato con temas autóctonos, a Habib Shadah.

La historia nos describe las vidas de una mujer y un hombre,  Saled y Nabila, que llevan una existencia más que rutinaria en Nazaret; de su hijo Tarek, que reside en Ramala,  reacio a comprometerse pese a llevar saliendo unos meses con una joven, Maisa; de su hija Samar, a punto de dar a luz, con un marido mecánico de automóviles, a quien se le presenta una extraordinaria oportunidad en el cine; de la abuela, que vive con estos últimos, cuya cabeza está fallando y de su hijo Hisham, que vive en Suecia y que invita a sus progenitores a visitarle.

Los vínculos familiares, tanto lazos como cadenas, se muestran aquí estrechamente condicionados por el contexto tan opresivo de ocupación que este grupo humano está viviendo en su propio territorio. Este hecho, sin embargo, nos es mostrado tan sutil como implícitamente, dentro del tono de comedia agridulce, o de drama muy suave, que preside la función.

Todo un acierto, pues se hace sin estridencia y sin pretensiones de denuncia, pero sí se resalta sabiamente en las situaciones cotidianas que los personajes viven. Desde los detalles más nimios hasta los más gráficos. Con ironía, suavidad y también mucha retranca.

Con un mimo por l@s protagonistas – excelente reparto, por cierto – y una madurez tan empática como distanciada al contemplarles, dentro de una puesta en escena sabia y elegante, muy a la europea, que no se diría que estamos ante un estreno tras la cámara.

Maha Haj nos muestra con lucidez y complejidad, siempre presididas por el humor- que a veces toma formas absurdas y casi surrealistas pero llenas de lógica y coherencia – la manera tan insidiosa en la que los «asuntos personales» – este es el título original – se mezclan con una situación política aberrante. En las rutinas conyugales, en el exilio solitario, en la situación de las mujeres y el lugar que ocupan social y familiarmente, en las relaciones padre-madre-hijos-a y entre hermanos-a, en el retrato de la vejez, en…

Sin ninguna duda, debe verse.

 

‘Su mejor historia’: Rodar en tiempos de guerra

La guionista y realizadora danesa Lone Scherfig – cosecha del 59, que fue integrante del movimiento Dogma, y que tiene en su haber títulos tan notables como ‘Italiano para principiantes’ (2000), ‘Wilbur se quiere suicidar’ (2002) o ‘Una educación’ (2009) – dirige esta película que nos ocupa, en cuyo equipo también abundan las mujeres.

Producción británica, de 117 minutos de metraje, fechada el año pasado. La escribe Gaby Chiappe, sobre la novela de Lissa Evans. Su estupenda y matizada fotografía la firma Sebastian Blenkov y su excelente banda sonora, Rachel Portman. Ambientada en el Londres de los años 40, durante la II Guerra Mundial,  sigue a un equipo de rodaje que recibe el encargo de las más altas instancias de rodar una película para levantar la moral de las tropas. Pero los egos y los sexos también entrarán en liza.

Inteligente y curiosa mezcla de drama, comedia, romance y cine dentro del cine, dentro de la devastadora atmósfera de los bombardeos, es, sobre todo, una mirada de mujer muy reivindicativa. Una mirada de mujer lírica, agridulce, dura cuando debe serlo, irónica, poética, sofisticada y muy comprometida, sobre un rodaje, y especialmente sobre la guionista y los dos guionistas de esta filmación.

Muy comprometida, sí, y lúcida, en mostrar la discriminación femenina y la misoginia rampante de la época, al tiempo que la oportunidad – trágica y lacerante, pero oportunidad al fin y al cabo – que supuso la contienda – que también está sabiamente reflejada en ella… – en el acceso al trabajo, y a profesiones vetadas para ellas, de las ciudadanas.

Como la de la cualificada escritora cinematográfica que interpreta con talento y matices Gemma Arterton. Ella consigue, en pugna con sus colegas, que sean dos las heroínas de la historia de ficción de este relato. Dos heroínas, al mando de su barco, parte también de la tripulación de una de las muchas embarcaciones civiles que rescataron a los soldados de Dunquerque…

Una visión la suya muy divertida sobre un rodaje en el que abundan los desaguisados, en el que la feria de las vanidades campa por su respetos y el control del gobierno en sus contenidos, otro acierto la figura de su representante reivindicada también en su opción sexual, muy bien compuesta por Rachael Stirling .

Así como sutil, poética, tan tierna como compleja, con sorpresa incluida, es la de la historia de amor triangular. En cualquier caso, siempre afirmativa para el personaje femenino. Buena factura y buen reparto, resaltando un impecable y excelente Bill Nighy, así como Helen McCrory en el rol de su sobrevenida mánager. También se agradece la fugaz presencia de Jeremy  Irons.

Lo escrito. No se la pierdan.

‘Dunkerque’: Hasta el último hombre

La inteligencia del editor, productor, guionista y realizador británico Christopher Nolan – cosecha del 70, con títulos tan distinguidos en su filmografía como ‘Memento’ (2000), ‘El caballero oscuro’ (2008) u ‘Origen’ (2010) – ha sido narrar, en esta película que nos ocupa, un episodio, en principio, nada heroico al uso, sino todo lo contrario, de la II Guerra Mundial.

O lo que es lo mismo, la evacuación de más de 300.000 soldados ingleses y aliados, que estaban cercados por el imparable avance del ejército nazi y atrapados en la playa de esa ciudad portuaria del norte de Francia. Y la ha convertido en épica, sin dejar de ser trágica y hasta realista.

Porque la ha revelado bajo una luz diferente utilizando para ello una puesta en escena deslumbrante, marca de la casa, y un equipo técnico extraordinario que ha cuidado cada detalle, especialmente en lo que se refiere a dirección artística y  efectos especiales. También en una fotografía – de una belleza pictórica y un tratamiento de la luz tan hermoso y matizado como dramático – que firma Hoyte Van Hoytema, como en la excelente banda sonora, vibrante y lírica, que firma el maestro Hans Zimmer.

Pero además la ha dotado de alma. Con un guión preciso, escrito por él mismo, va narrando la feroz encerrona, por tierra, mar y aire, a la que el enemigo somete a un ejército agotado, que solo piensa en volver a casa y sobrevivir. Y lo hace a través de diversos personajes, que se mueven en estos tres elementos repeliendo y defendiéndose como pueden, escondiéndose, huyendo, al mando o al rescate respectivamente. Personajes muy cuidados, de carne y hueso, que toman los rasgos y el buen hacer de Cillian Murphy, Tom Hardy, Harry Styles, Kenneth Branagh y de, sobre todos, Mark Rylance.

Nolan  sabe introducirnos, durante sus 107 minutos de metraje, en las entrañas del fuego, de los vuelos, de los bombardeos, de los torpedos, de la desesperación de quienes se ven atrapados sin salida, con una intensidad narrativa que va a la par de una depuración estilística extrema, pero nunca gratuita. Todo lo contrario.

Hermosa, cruel y emocionante, una de las películas del verano y del año … ¿se ha escrito ya que no deberían perdérsela?

‘En cartelera’: Batallas

Sigue la tónica del ardor guerrero fílmico de estas semanas anteriores en la generosa oferta, un verdadero aluvión y eso que se nos han quedado títulos inéditos, de estrenos de hoy. Pero también, en este caso, se refieren al frente de quienes están unid@s por lazos de sangre.

Destacamos cinco películas que, además, pueden verse en versión original subtitulada en todas o en algunos días y horarios, y entre las cuales hay tres realizadas por mujeres. Como les advertimos siempre, consulten la cartelera.

La primera es la rumana ‘Sierranevada’, de Cristi Puiu. Mejor Película en el Festival de Chicago, es un drama en el que un médico de 40 años debe asistir a una reunión familiar en homenaje a su padre fallecido un mes antes y tres días después del atentado contra Charlie Hebdo. El evento traerá algunos imprevistos y el protagonista deberá posicionarse. Intensos contrastes de pareceres entre bodrio y obra maestra.  Luego, es evidente que hay que verla.

La segunda es la israelí ‘Asuntos de familia’, ópera prima de la directora Maha Haj. Sobre una pareja de ancianos y sus tres hijos, que tienen vidas diferentes en distintos países. Entre el drama y la comedia, ha gustado y no hay que obviarla.

La tercera es la hindú, basada en hechos reales y ambientada en los años 40, sobre la figura de Lord Mountbatten, ‘El último virrey de la India’, vista por otra mujer, Gurinder Chadha. División de opiniones, pero merece una oportunidad.

La cuarta es la norteamericana ‘Una noche fuera de control’, de la realizadora Lucia Aniello. Un grupo de amigas, una despedida de soltera en Miami y un incidente tan oscuro como inesperado. Una comedia negra que ha gustado, en general, con algunas reticencias, y que debe verse.

La quinta es la estrella de la función y la que se postula como uno de los títulos del verano y del año. Hablamos de la estadounidense ‘Dunkerque’, de Christopher Nolan. Ambientada también en los años 40 y basada en hechos reales, da cuenta de la evacuación de más de 300.000 soldados desde las costas francesas hasta Gran Bretaña, ante el avance de las tropas nazis.

Viene precedida de las mejores referencias y críticas. SU VISIÓN ES OBLIGADA E INELUDIBLE COMENTARLA EN LA PRÓXIMA SESIÓN DE NUESTRA TERTULIA DE CINE, LUIS CASAL PEREYRA DEL MIÉRCOLES, 4 DE OCTUBRE.

Por si todo esto fuera poco, tienen dos de terror con reseñas más o menos  aceptables. La inglesa ‘A 47 metros’, de Johannes Roberts y la de USA ‘Siete deseos’, de John R. Leonetti. Y la secuela argentina de la exitosa francesa ‘Intocable’. O lo que es lo mismo, ‘Inseparables’, de Marcos Carnevale, que dicen que supera a su modelo original.

‘Un don excepcional’: Algo pasa con Mary

He aquí una película habitada tanto por las contradicciones como por el encanto. He aquí un drama familiar que se salva del estereotipo por su desarmante naturalidad. He aquí una niña tan arrolladora en su inteligencia como aislada en su diferencia. He aquí un hombre unido por lazos de sangre a tres generaciones de mujeres extraordinariamente dotadas.

He aquí la historia de Frank, quien debe hacerse cargo de su sobrina Mary, de 7 años, a la muerte trágica de su hermana, con quien intenta formar un hogar con un adorable gato tuerto, Fred y la ayuda de una solidaria vecina.

Ocurre que la niña ha heredado la inteligencia extraordinaria, el don excepcional al que alude el título, de su progenitora y de su abuela, que se proyecta especialmente en el campo de las matemáticas. Por ello, para que sus aptitudes no se vuelvan contra ella, impidiéndole vivir una infancia normal, le da clases en casa. Pero deberá enfrentarse, enfrentarla al colegio, al mundo exterior y a su propia madre que le disputará su custodia.

Marc Webb, cosecha del 74, dirige esta producción estadounidense de 101 minutos de metraje, con un guión algo irregular de Tom Flynn, una buena fotografía de Stuart Dryburg y una no menos entonada música de Rob Simonsen. Y lo hace de manera tan tramposa como elegante. Tan emotiva como buscando las cosquillas sentimentales. Tan intensa como, a ratos, púdica y delicada.

Lamentablemente, el saldo negativo afecta a unas historias paralelas que no suman, sino que restan. Como el improbable romance del protagonista con la maestra de la niña. O el cargar las tintas de la villanía sobre el personaje de la abuela quien, por el contrario, tendría que haber resultado reivindicada por pertenecer a una generación de amas de casa que no pudieron desarrollar sus potenciales creativos, científicos o intelectuales.

La reflexión sobre la soledad que amenaza a esas criaturas únicas y sobre qué tipo de educación proporcionarles, más aún tratándose de una niña… La reflexión sobre la presunta normalidad como forma de vida o la integración de la excepcionalidad en una sociedad que la mira bajo sospecha, requería bastante más rigor del que ha hecho gala su firmante.

Pero estamos hablando de un producto de entretenimiento. Así que quien esto firma, les asegura que, pese al buen hacer de Chris Evans y Octavia Spencer, merece la pena verla, además de por lo citado, por ese prodigio interpretativo, por esa maravilla que es la arrebatadora actriz de 10 años Mckenna Grace. Y, desde luego, por el gato.