Archivo diario: diciembre 1, 2019

‘La hija de un ladrón’: La normalidad imposible

La guionista y realizadora barcelonesa Belén Funes, cosecha del 84, ha declarado en sendas entrevistas, que deberían ser leídas – a Beatriz Martínez en El Periódico y a Begoña Piña en Público – a propósito de este su notable debut en el cine, verdades como puños de las que extractamos algunas: “Estamos viviendo en una emergencia política y social” “Donde la política no ha llegado, llegamos los ciudadanos, donde el Estado no te ayuda, te ayudan tus vecinos” “Que la gente que atraviesa dificultades no por eso tiene menos dignidad, que esta historia tiene un componente político y moral…”.

También se nos cuenta en ellas que ‘La hija de un ladrón’ nació de la ampliación de su cortometraje ‘Sara a la fuga’ (2015), Biznaga de Plata en su especialidad en el Festival de Málaga, aunque no sea una secuela; que los orígenes de su personaje tienen mucho que ver con los suyos propios, aunque no sea estrictamente autobiográfica; que se documentó para hacerla en casos reales de niñ@s que enviaban a casas de acogida porque sus progenitores estaban en la cárcel: que el sonotone de la protagonista está basado en una de ellas. Que quiso ambientarla en la Barcelona más marginal, que no le interesa a casi nadie. Que sus influencias cinematográficas son Ken Loach, Andrea Arnold o los hermanos Dardenne…

Todo ello lo muestra en esta película de 102 minutos de metraje, cuyo guión escribe junto a Marçal Cebrián, con una fotografía solvente y austera de Neus Ollé y una puesta en escena sobria y casi minimalista, que sigue muy de cerca a esa Sara no tan de ficción que interpreta con excelencia una Greta Fernández Concha de Plata a la Mejor Actriz en San Sebastián y también nominada por este trabajo en los Premios Feroz. Una Greta Fernández firme candidata a los Goya y a quien todos los reconocimientos le son debidos. Y que está acompañada por un reparto sólido y entregado, en el que sobresalen su padre, en la ficción y en la realidad, Eduard Fernández y la revelación del niño Tomás Martín, que interpreta al hermano.

Todo ello lo muestra en este drama tan íntimo y personal, como comprometido social y políticamente, en el que sigue a una joven de 22 años – madre soltera con un hijo, y huérfana a todos los efectos – que vive en un piso de acogida e intenta desesperadamente sobrevivir con dignidad, ser considerada una persona normal y tener con ella, cuidándole, a su hermano pequeño que también está tutelado por las mismas razones. La reaparición en sus vidas de su padre, tras salir de la cárcel y al que pretende arrebatar la custodia del niño, convulsionará aún más su precario equilibrio emocional.

Todo ello lo muestra revelando a una chica tan frágil como dura, tan autoexigente en pos de un trabajo que le permita seguir adelante como desesperadamente necesitada de un afecto que nunca tuvo y que, por tanto, tampoco sabe dar. Es arisca y, aunque cuida de su bebé, ayudada por una red de apoyo de mujeres vecinas y amigas, apenas si le demuestra afecto… Cosa que sí hace, a su particular manera, con ese hermano tan singular y discapacitado y con el padre de su hijo, un joven noble y afectivo con ambos, que no desea continuar la relación con ella.

Todo ello lo muestra, en su mirada de mujer sobre otra, sin subrayados innecesarios, sin anestesia ni paños calientes. Tal cual. Con una fuerza, con una intensidad, con una verdad, con una emoción no manipuladora como las que desprenden cada fotograma. Con total conciencia de esa clase obrera abocada a la miseria y pretendiendo una normalidad imposible, víctima de tantos daños colaterales, a la que nuestro cine apenas se digna representar. Y ese final tan desgarrador…

Estamos ante la ópera prima del año. Ni se les ocurra perdérsela.

Post Scriptum:

Puede ser debatida, como opción de reserva, en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra del próximo miércoles, 4 de diciembre, a las 19.30, en Casa del Libro Viapol. HAY QUE VERLA INMEDIATAMENTE.

 

 

 

‘La vida invisible de Eurídice Gusmäo’: Violencias patriarcales

Producción brasileña de 139 minutos de metraje, realizada por el guionista, realizador y artista visual de ese país, Karim Aïnouz, cosecha del 66, con una hermosa y matizada fotografía de Hélene Louvart y una música no menos excelente de Guilherme y Gustavo Garbato. Escrita por Murilo Hauser adaptando la novela homónima de Martha Batalha en la que se nos narra la historia, ambientada en los años 50, de dos hermanas tan unidas como diferentes, cuyas vidas y destinos son forzadamente separados por el machismo feroz de susconsevadora familia y entorno.

Mejor Película de la Sección Una Cierta Mirada de Cannes. Premio del Público del Festival Mar del Plata. 4 galardones más en la Seminci vallisoletana, incluyendo Espiga de Plata y Actriz. Candidata por su país al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Con tales antecedentes y las mejores críticas, ha durado en la ingrata, e incomprensible, cartelera sevillana TAN SOLO UNA SEMANA. Quien esto firma, la vió in extremis el pasado jueves… Verdaderamente deplorable. Si se hubiese programado en el SEFF habría habido colas interminables para verla. Lo que supone el contexto.

Esta firmante desconoce el libro en el que está basada, pero le ha parecido modélica la puesta en escena tan estilizada y al tiempo tan volcánica. Así como el noble – con vocación de estilo en cada encuadre – e inteligente uso que hace tanto de las reglas del folletín com de las del melodrama más grande que la vida. Porque es capaz de transcenderlas creando un relato intenso y conmovedor, al tiempo que elíptico y hasta sobrio. No utiliza apenas subrayados, los personajes son complejos, incluso los más nauseabundos y las violencias patriarcales…

… ¡¡¡Ah, cómo están retratadas las violencias patriarcales!!! Las familiares, las sexuales, las “amorosas”, las conyugales vía violaciones legales, vía sometimiento a las voluntades del padre y del marido, vía renuncia a la vocación en un tiempo y un país ferozmente clasista y machista. Resulta conmovedora, si bien tan dura, la imposible búsqueda de esas dos mujeres que no se tenían más que la una a la otra entre tanta oscuridad. Por la vía epistolar o por la de la investigación. En esos casi encuentros que nunca se producen porque el lugar que les reservaba el patriarcado a aquellas que desafiaban sus reglas era la miseria, era el ostracismo social. Aunque también en tales lugares hubiese espacio para los afectos y la solidaridad.

Un reparto impecable,encabezado por las espléndidas Carol Duarte y Julia Stockler que compartieron el premio de interpretación de la Seminci, potencia si cabe aún más los valores de esta película.

Háganse con ella.