Archivo diario: septiembre 29, 2020

‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’: Dos días en Nueva York

Esta firmante va a comenzar esta crítica por el final. Esta firmante va a recomendarles encarecidamente la visión de esta película, a la que todos los reconocimientos le son debidos, Gran Premio del Jurado en Berlín, Premio Especial del Jurado, en el apartado Drama, en Sundance y Premio TVE Otra Mirada en San Sebastián. Y no serán los únicos. Al tiempo…

Esta firmante se siente orgullosa de otra mirada fílmica de mujer singular y extraordinaria. Esta firmante se ha estremecido ante ese ojo de la cámara sensible, lúcido, inteligente, realista, áspero, dramático y conmovedor, pese a ser tan insobornable y bronco, sobre el viaje a Nueva York – desde su Pennsilvanya de origen – de dos adolescentes, primas y amigas, para conseguir el objetivo de la interrupción del embarazo de una de ellas, decisión sobre su cuerpo y su vida que en su Estado le niegan.

Una Nueva York exenta de glamour y de referente icónicos y apenas entrevista más que a través de autobuses, metros, salas de espera, consultas, quirófanos y estaciones. Una Nueva York más bien sombría y nada hospitalaria, en la que no hay más asideros para estas chicas, con la única dirección de la clínica como referencia, que el dinero que no tienen porque todo, en una sociedad tan ultraliberal y en una sanidad copada por los seguros médicos, tiene un precio.

La realizadora no hace militancia, ni toma partido, ni enfatiza, ni subraya, pero su compromiso es innegable. La realizadora le toma el pulso a un tema, reconvertido en espinoso, en el que la legítima decisión de la mujer se ve interferida por el puritanismo de su país, pero también documenta las posturas a la contra más razonables, las otras opciones posibles, aunque inviables para la protagonista. A un tema en el que la inquebrantable decisión de una joven de 17 años debe superar prueba, tras prueba, entrevista tras entrevista, pago tras pago, hasta llegar a ese momento final en el que todo acaba.

Y también nos es dado ver donde todo comienza. En las circunstancias familiares, laborales y sentimentales de esta misma chica, que son descritas con mano maestra con apenas un par de pinceladas, Desde esa canción que canta al principio, con esa letra… En dos adolescentes que no se tienen más que la una a la otra y que deben asumir indignidades y abusos, sutiles o burdos, masculinos, a fin de que un accidente no se convierta en una cadena perpetua, En dos cuerpos que no controlan, que no son enteramente suyos, que se les rebelan, sobre todo al personaje central.

En la solidaridad de quien es capaz de delinquir y dejarse sobar para conseguir una liquidez que no tienen en una ciudad que nunca duerme y en la que no les es permitido un techo para dormir. En ese cuestionario que tanto (nos) revela – y a ella misma – con las respuestas que dan título al filme: Nunca, casi nunca, a veces, siempre. En tantas otras cosas que verán por sí mism@s…

Producción estadounidense, fechada este año, de 101 minutos de metraje. Su escritura se debe también a su directora, la guionista, productora y cineasta neoyorquina Eliza Hittman, cosecha del 79, de la que es la tercera de su filmografía. Más mujeres prestigiosas enriquecen su ficha técnica: en la espléndida fotografía – tan rugosa, áspera y quirúrgica como la historia que cuenta – debida a Héléne Louvart y en la banda sonora tan sutil en sus presencia y ausencia que firma Julia Holter. En el reparto brillan con luz propia las prodigiosas y magnéticas Talia Ryder y, sobre todo, Sidney Flanigan.

Dura, desabrida, sin anestesia, dolorosa, emocionante. Absorbente, en sus silencios, miradas y planos tan cercanos, en su corporeidad. Un poderoso drama, una joya absoluta de visión imprescindible.

Háganse el regalo de no perdérsela.