Pues nada que, a punto de coger el taxi que había pedido para llevarme a mi revisión ocular, me avisan del SAS que hay huelga sanitaria y que no queda nadie en el ambulatorio… Esta servidora va siempre con la sanidad pública, pero los servicios mínimos también son imprescindibles, aunque sea sólo en ciertos casos urgentes. El conductor fue tan amable de no cobrarle y, tras un agradable paseo al fresquito de la mañana, quien esto firma vuelve al ordenador para escribir una de las reseñas prometidas.
El productor, editor, guionista, montador y cineasta sevillano Fernando Franco, cosecha del 76, firma y filma en esta película – cuarta de una notable filmografía, que incluye títulos tan relevantes, y galardonadas, como ‘La herida’ (2013) o ‘Morir’ (2017), debatida en nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra el 15 de noviembre de dicho año – un relato tan implacable, impío, cruel, duro, demoledor y amargo como es marca de la casa.
ATENCIÓN: ESTA CRÍTICA PUEDE CONTENER SPOILERS DESCRIPTIVOS, QUE NO NARRATIVOS, PUES NO SE DESVELARÁ NADA ESENCIAL.
Su sinopsis en la imprescindible página FilmAffinity dice así: «Manuel, un sacerdote muy apreciado en su parroquia, está a punto de colgar los hábitos y empezar una nueva vida, Sin embargo, cuando su pasado amenaza con salir a la luz, se verá obligado a afrontar el peso de sus propias acciones. Comienza así un viaje sin retorno en el que desafiará abiertamente a la institución que lo protegió.»
Cierto es que muchas veces la luz disipa la oscuridad, pero otras la revela en toda su infamia. Cierto es que muchas veces quienes perpetran el «pecado» se autoengañan con el hecho de estar «limpios» de culpa, por haberse rehabilitado. Pero no es menos cierto que, cuando investidos de «buena fe», solicitan un perdón no pedido, que importuna y conmociona a sus víctimas, este hecho les confronta con la enormidad del daño inflingido.
¿Cabe, como se da en la actualidad, la prescripción de esos horrendos delitos, ni pecados, ni faltas? ¿Cabe el olvido, el destierro, el encubrimiento y la complicidad frente a la incontestable necesidad de justicia y reparación de los ofendidos? La máxima autoridad eclesiástica, de visita reciente en nuestro país, se reunió con algunos de ellos, pero eludió cuando fue a Montserrat vetar a uno de los implicados en un escándalo de dimensiones irreparables.
¿Hay alternativa cuando la propia cúpula, que impide tu secularización, intenta evitar, por todos los medios, que asumas las consecuencias de tus actos… ? ¿Puede hacerse algo contra tales intolerables violencias escondidas en nombre de Dios y de la Santa Madre Iglesia?
Descúbranlo viéndola. Está aún en cartelera. Se trata de una película honesta, valiente, brutal e imprescindible, producción española, escrita y dirigida por su citado realizador, fechada en el año en curso, de 118 tensos e intensos minutos. La fotografía muy bien, como suele, Santiago Racaj y su inquietante banda sonora se debe a Maite Arroitajauregi, Entre un reparto de lujo, con pesos pesados tales como Pedro Casablanc, Miguel Rellán, Luis Callejo o María Galiana, destacar la eminente composición de Alberto San Juan.
Lo escrito: no se la pierdan.