Curiosamente, esta firmante también podría haber titulado esta entrada como la anterior: Lo (im)perdonable. Pero, claro, no era cuestión de repetirse… y de ahí lo de Afrontar los odios ajenos y los propios. Porque esta firmante visionó las dos películas ‘El drama’ y la que nos ocupa, en un programa doble y tuvo ocasión de comprobar que, aún siendo tan diferentes en fondo y forma, contienen algunos elementos similares.
Así que, también aquí, estamos ante un drama sin filtros, ni parches, ni anestesia alguna. Así que, también aquí estamos, en el cara a cara y en escupirse a la cara las amarguras, las culpas, los duelos y las contradicciones de dos personas radicalmente distintas pero con mucho en común.
Pero… ¿qué podrían tener en común una famosa presentadora televisiva, con un programa de éxito, que se ha hecho viral por su actitud ante una circunstancia trágica circunstancia, que le ha generado un enorme odio en redes y un hombre solitario, con el único vínculo de su ordenador, un hater al que, por un descuido, su víctima descubre y se acerca a su casa a confrontarlo?
¿Qué saben quienes se ocultan tras una pantalla, amparados en el anonimato, del dolor ajeno, del contexto que propicia reacciones unánimemente condenadas, qué sabe nadie, qué pueden saber, salvo por evidencias palmarias? ¿Qué siente alguien que confunde personaje y persona, criminalizándola, cuando el objeto de sus acosos e insultos se presenta ante ellos en su propia casa…?
De tan sugerente, cruda y peculiar premisa parte esta historia. Parte de cuando esa mujer fuerte y decidida llama a la puerta del chalet, de la guarida del acosador, pretendiendo, y consiguiéndolo, quedarse con la habitación que éste alquila para convivir y hacerse oir por quien la ha condenado sin conocerla. Este hecho, provoca un auténtico tsunami en las redes y medios, que se agolpan en la puerta para intentar recabar aunque sea una mínima información.
Pero que ocurre entonces, en ese periodo de cohabitación forzosa e impuesta, entre esa mujer y ese hombre deberán descubrirlo por sí mism@s, porque no se perpetrarán spoilers aquí. Tan sólo adelantarles que da lugar a una reflexión, tan profunda como lacerante, sobre la incomunicación, el (mal) uso de los instrumentos virtuales, las banalidades, los fakes, las crueldades gratuitas aunque parezcan cargadas de razones…
A la cara se desnudarán y mostrarán, fundamentalmente ella, sus demonios y culpas, su sufrimiento ante lo inevitabl, en una catarsis que va in crescendo. Y descubrirán que ambos son almas en pena, criaturas dolientes y a la deriva en un ejercicio mutuo de brutal honestidad como verdugos, víctimas y cómplices, hasta la conclusión.
Producción española, fechada en 2025, de 95 minutos de intenso y absorbente metraje. La escribe, junto a Belén Sánchez-Arévalo, y la dirige el guionista, editor y cineasta Javier Marco, cosecha del 81, del que es su segunda película en la que adapta su premiado corto homónimo, que consiguió un Goya en 2021. La fotografía muy bien Anna Franquesa Solano y su excelente banda sonora, dos elementos dramáticos más, está a cargo de otra mujer, Margaret Hermant.
Los protagonistas están eminentes y despliegan todo su enorme talento al servicio del relato, o lo que es lo mismo Sonia Almarcha y Manolo Solo, tanto monta, monta tanto. No se pierdan bajo ningún concepto, aún la tienen en cartelera, esta propuesta que nos enfrenta a nuestras peores versiones, interpelándonos sobre nuestros modus vivendi y operandi en esta sociedad virtual.
Escrito queda.