Érase que se era una joven estadounidense – habitada por la ansiedad, el estrés y las presiones laborales, a lo que se añade, como factor determinante, su discapacidad auditiva – que está de prueba en un empleo agotador como ayudante en pisos turísticos Airbnb durante, nada menos, la inauguración de los Juegos Olímpicos de París.
Ella pretende quedarse en la ciudad, pero el plazo del visado está a punto de agotarse y, si consigue el puesto, se lo renovarán sine die. Así que debe dar cuenta y acatar las órdenes, a menudo caprichosas y excesivas, de un jefe tan exigente como paternalista del que depende su futuro a corto, medio y largo plazo.
Exhausta y en tensión, con un mundo cuyos sonidos se apagan o se encienden dramáticamente con los audífonos, debe complacer los deseos de una clientela más que deficiente, sucia o tramposa, que no se lo pone nada fácil y que, además, no puntúa bien sus servicios.
Para ella, es endiabladamente díficil incluso sonreir en tales circunstancias y no tiene apenas vida propia… hasta que un día un hombre singular de espíritu libre, uno de sus clientes, se cruza en su camino, la saca de su zona de confort y se interesa por ella. Cuidado que no es el príncipe azul al uso y que, gracias sean dadas, tampoco hay exactamente un romance. Aunque sí mucha complicidad, pese a y precisamente por, las radicales diferencias entre sus personalidades y formas de enfrentarse al día a día.
Nada será lo mismo a partir de ahí. Ocurrirán cosas, conocerá a nuevas personas, sacará sus propias conclusiones y hasta se permitirá fluir como consecuencia de un extravagante experimento al que será sometida por el caballero en cuestión, al que ella también le hará cuestionarse su modus operandi. Todo ello en el marco de una ciudad abrumadoramente bella, pero invadida por el gentío y fuertemente custodiada por las Fuerzas del Orden Público.
Tierna, irónica, sarcástica, muy divertida, juguetona, delicada y profundamente triste según los momentos, esta película singular e inclasificable – producción francesa, fechada en 2025, de 77 minutos de absorbente metraje, escrita, junto a Thomas Keumurian, fotografiada con excelencia y dirigida por el productor, guionista, director de fotografía y cineasta Laurent Slama, cosecha del 89, quien usó para sus dos primeros largometrajes el seudónimo de Elisabeth Vogler, un personaje de la bergmaniana ‘Persona’ – merece ser vista por muchas y variadas razones.
También por su banda sonora, que subraya muy bien lo narrado, que firma Jean-Charles Bastion y por un reparto lleno de frescura y credibilidad en el que destacar a, sobre tod@s a ella, una sensacional Agathe Rousselle, muy bien secundada por Alex Lawther. VÉANLA CUANTO ANTES EN FILMIN, PUES DESAPARECERÁ PRONTO DE SU CATÁLOGO.
Escrito queda.
Post scriptum:
Esta firmante se ha empeñado, involuntariamente claro, en que el título de esta película era ‘Una nueva vida’ cuando, como una buena amiga me ha comentado, es ‘Una segunda vida’, que tiene mucho más sentido. Disculpen y aclarado queda.