Esta película que nos ocupa «fue rodada de forma clandestina en Irán, para evitar la férrea censura y las restricciones del regimen del país, así fue posible que abordara con mayor libertad temas altamente sensibles» Se trata de una coproducción entre Irán, Estados Unidos y Alemania, de 124 minutos de metraje. Escrita, junto a Amir Mohammad Abdi, y dirigida por el guionista y cineasta Mohsen Gharaie, cosecha del 84, de la que es la quinta en su filmografía, aunque tardara cinco años después de la anterior en hacerla.
Tanto Farshad Mohammadi en la fotografía, como Max Richter en la banda sonora, hacen gala de su talento para que la factura de una filmación tan precaria resulte más que digna. Su reparto es impecable, con especial mención para Laleh Marzban que se hizo con el Premio Orizzonti a la Mejor Actriz en Venecia y que, al recogerlo, se lo dedicó valientemente a «las mujeres de mi país, que pagan un precio muy alto por la más pequeña cuota de libertad y que están atravesando una situación muy díficil»
Declaraciones que le granjearon la enemistad, amenazas y las críticas más feroces de los entornos oficiales y oficiosos más próximos a la República Islámica. Porque ‘Casa en ruinas’ incide, y mucho, en la terrible opresión de las ciudadanas de su país, a través de la historia de un, aparentemente bondadoso y empático con los presos, funcionario de prisiones. Casado y con dos hijas, las tres le adoran y, asímismo aparentemente, forman una familia muy unida.
Pero cuando la mayor, que cuenta con 25 años y que atraviesa una circunstancia díficil que no se revelará, manifieste su voluntad de viajar a Turquía para trabajar como modelo, el sueño de su vida, la ira paterna se desatará hasta un punto denigrante e inconcebible, que tampoco se revelará.
Todo ello, bajo la presión añadida de la inminente demolición de su casa y de la acusación de corrupción que pesa sobre el progenitor, cuya fianza pagarán entre las dos familiares adultas. Todo ello descubrirá el lado más oscuro del otrora cariñoso padre y conducirá a un final dramático, pero abierto y esperanzado, del que no se harán spoilers.
Estamos ante un relato fílmico valiente, valioso y necesario habitado por una tensión insoportable que le conduce, a veces, a abusar de la crispación, aunque no es para menos dada la situación extrema y límite que describe. Lo personal es lo político y entre las cuatro paredes del hogar se esconde la salvaje tiranía de una sociedad, de un carcelero patriarcal.
Deberían verla.