… Todos ellos reunidos en una excursión escolar, en la que el profesorado no va porque hay monitores-as y, de alguna manera, en la reunión informativa previa, se insta a tres padres a unirse, acompañando a sus respectivas hijas y con la misión de controlar al alumnado. Lo que se prometía como idílico, resulta catastrófico.
Producción sueca escrita y dirigida por el escritor, periodista, crítico de cine, guionista, podcaster y cineasta de este país Alex Schulman, cosecha del 76, de quien es su debut en el cine. Su excelente fotografía la firma Jakob Ihre y su banda sonora, que subraya muy bien lo narrado, la comparten Wilhelm Börjesson y Oskar Rindborg.
Tiene un reparto irreprochable, ganó el Premio a la Mejor Película (Next Wave) en el Fantastic Fest y ha sido seleccionada por la Academia del Cine Sueca como su representante oficial al Oscar a la Mejor Película Internacional y, por si todo ello no fuera poco, le ha salvado a esta firmante una jornada cinematográfica no demasiado distinguida, de la que ya ha dado cuenta en estas páginas.
La mirada del realizador sobre este microcosmos presuntamente educativo es feroz e inmisericorde. Hasta tal punto que hay escenas y momentos en los que riza el rizo. Como el que tuvo que sufrir esta animalista, aunque no fuese real, que no hará spoilers.
La mirada del realizador sobre unas víctimas, que lo son, pero también victimarios. Sobre unos pequeños matones, que lo son, pero presuntamente «protectores». Sobre una hija que se avergüenza de sus padre, el único de ellos pretendidamente justo y emocionalmente muy dañado y que se rinde ante él cuando comete su segundo acto violento, aunque sea en defensa del más débil.
Sobre los otros dos adultos supervisores cuyas conductas dejan muy mucho que desear en todos los sentidos y que no tienen más legitimidad moral que la fuerza bruta de palabra y obra frente a unos menores, masculino plural, nada inocentes que les sobrepasan o que cuestionan su integridad moral.
La mirada del realizador no deja títere con cabeza. Deberían verla.