‘Una pistola en cada mano’: Hombres, hombres…

El guionista y cineasta barcelonés Cesc Gay, Premio Nacional de Cine de la Generalitat en 2007 por su cinta ‘Ficción’, y los de Mejor Película Catalana en 2000 y 2004 respectivamente por ‘Krampack’ y ‘En la ciudad’ ha gustado siempre de los paisajes, ambientes y paisanajes urbanitas de un determinado grupo social, digamos de profesionales más o menos ilustrad@s  y coetáne@s – él nació en 1967 – a l@s que contempla con una refinada crueldad, no exenta de cierta empatía.

Tal aserto sigue siendo válido para esta su última propuesta, ‘Una pistola en cada mano’, en la que retrata a un grupo de hombres en sus encuentros y desencuentros entre ellos y con las mujeres que les rodean. Lo peculiar de su configuración fílmica es que tales coincidencias, salvo un par de excepciones, se producen siempre de forma casual y de dos en dos. Lo que comienza siendo un tête á tête de parámetros muy convencionales lleva a unas inesperadas confesiones, que cuestionan la imagen y la forma de enfocar la realidad de los protagonistas, poniendo al descubierto sus trampas, mentiras, coartadas y autodefensas con respecto  a sus formas de vida y de relación.

Así, y muy esquemáticamente, son expuestos ante nuestros ojos  el tipo de éxito desgraciado y en terapia, el perdedor satisfecho, el marido no tan engañado, el amante comprensivo, el ex nostálgico, el pseudoprogre autoritario, el guaperas buscando coitos fáciles, el amigo que no sabe y que no llega… Colectivo masculino plural, fundamentalmente. Pero también mujeres que les dan las oportunas réplicas y que les y nos hacen ver el otro lado de sus argumentos, de sus posiciones y de sus máscaras sociales y personales.

Una mirada lúcida, inclemente e impía sobre la crisis de valores de ciertas masculinidades. Una mirada irónica e iconoclasta sobre las confrontaciones entre los sexos. Una mirada, dura, divertida y caústica sobre las muletas emocionales  de ciertos varones.  Tan ajenos como autoengañados, tan pretendidamente seguros como dependientes, tan inmaduros como ciegos ante las consecuencias de sus actos…

A tales hombres prestan sus rostros y sus talentos -¡¡¡qué reparto, qué acierto de casting!!!- Eduard Fernández, Leonardo Sbaraglia, Luis Tosar, Ricardo Darín, Javier Cámara, Eduardo Noriega, Alberto San Juan y Jordi Mollá. Y, en el bando contrario, Candela Peña, Leonor Watling, Clara Segura y Cayetana Guillén Cuervo. Una elegante y concisa puesta en escena para un impecable e implacable retrato generacional. De aquí, si hay justicia, saldrán varias candidaturas a los Goyas. Está claro que no deben perdérsela.

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