‘Golpe de efecto’: Presencia y ausencia

La abajo firmante no sabe nada del béisbol, ni de sus reglas. A la abajo firmante le dan, de entrada, bastante grima las películas con deportes dentro. Pero quiso darle una oportunidad a esta porque se exhibe en versión original y porque la protagonizan Clint Eastwood, sobre todo, pero también Amy Adams, Justin TimberlakeMatthew Lillard y… John Goodman.

Esta cinta, de imposible e incomprensible título castellano para el mucho más lógico original ‘Trouble with the curve’, supone el debut en el largometraje de Robert Lorenz, productor de  las inolvidables ‘Mystic River’, ‘Million dollar baby’ o ‘Las banderas de nuestros padres’, entre otras. Lo que significa que el realizador ha bebido de las influencias de tales obras mayores y de las historias y formas de contarlas del modelo de referencia. Aunque el talento no se improvisa…

Y, en efecto,  aquí están algunos de los temas caros al maestro como la soledad de un outsider, la viudedad, la paternidad lejana, las profesiones poco convencionales, las mujeres fuertes y autónomas, las heridas sin cerrar, la visión crepuscular de la vida y las decadencias de la edad.

La historia, con guión de Randy Brown, sigue a un veterano y casi infalible cazatalentos del beisbol que vive un punto de no retorno en su actividad laboral. Pendiente de la renovación de su contrato, la edad y la vista, esencial en su trabajo, le pasan factura. Con jóvenes directivos cuestionando sus métodos, se propone ir a presenciar un partido del nuevo ídolo deportivo. Y, cuando los ojos apenas si le responden, recibe una ayuda inesperada de su única hija, una brillante abogada en ejercicio, con la que no cumplió como progenitor y de un ex jugador que atraviesa momentos bajos.

Si  Clint Eastwood hubiera filmado este relato, el resultado probablemente habría sido más intenso, sensible, profundo, divertido y emotivo. Personajes, situaciones, detalles e interrelaciones se habrían expuesto de una manera más elegante, sutil e infinitamente menos convencional. Las comparaciones son odiosas. Y Lorenz se decanta por un camino trillado, previsible, pocas veces emocionante, aunque cuente con elementos a los que se les puede sacar partido. Prefiere centrarse en los códigos no necesariamente universales de este deporte que en aprovechar las esquinas más complejas y hasta oscuras del trío, cuarteto,  protagonista que cumple, aunque no se le permita lucimiento. La presencia actoral del director no suple la ausencia de su mirada tras la cámara.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s