‘Infancia clandestina’: Hij@s de la ira

Benjamín Avila es un bonaerense, de la cosecha del 72, productor, guionista y realizador comprometido que aborda en este su segundo largometraje – tras ‘Nietos’, que rodara en el 2004 – elementos autobiográficos de su difícil niñez, marcada por la militancia política de sus padres, ambos miembros del grupo guerrillero Montoneros. Estos, decididos a luchar por su país que se encuentra inmerso en una sangrienta dictadura, corren los años 70, vuelven de su exilio cubano para afrontar una experiencia de hostil y peligrosa clandestinidad junto a sus hijos Juan, de 11 años, y la niña de pocos meses.

El primogénito es el protagonista de este  drama político, no exento de humor, ternura y lirismo, coproducido por Argentina, Brasil y España, de 112 minutos de metraje y cuyo guión ha escrito, junto a Marcelo Müller, el propio director. A través de sus ojos nos es mostrada la dura cotidianidad de un niño obligado a cambiarse de nombre. Forzado por la supervivencia a refugiarse, junto a su pequeña hermana, en un escondite habilitado al efecto y disimulado tras unas cajas del maní de chocolate, tapadera laboral de los adultos. Viviendo una normalidad presidida por el riesgo y por la asechanza de la muerte. Siendo consciente y compartiendo  los ideales de unos padres comprometidos sin fisuras con la causa revolucionaria, en su vertiente más radicalmente activista.

Pero también hay momentos de alegría, afecto y enorme complicidad con sus progenitores y, sobre todo, con su tío Beto. O el despertar de una atracción compartida con una compañera de clase. O la fiesta sorpresa de cumpleaños y la alegría del reencuentro con su abuela materna que respeta, pero no comprende la forma de vida a la que se ven abocados sus nietos. Todo ello con las máximas precauciones, pues toda persona que llega a su casa, incluíd@s l@s compañer@s de militancia, lo hace con los ojos vendados…

El cineasta tiene el acierto de narrar esta dramática y terrible crónica con la contundencia necesaria, al par que con una singular poética al contemplar a seres al límite y en continuo peligro que no renuncian, ni quieren hacerlo, a los momentos de felicidad compartida, ni a la responsabilidades familiares tan aparentemente excluyentes con la militancia revolucionaria frente a una brutal represión militar.  Y lo hace sirviéndose de una puesta en escena tan potente como lírica, en la que incluye sabiamente escenas de animación en las secuencias más feroces. Y lo hace con un reparto de pasmosa eficacia, ese talento de l@s argentinos…, entre el que destacamos a Ernesto Alterio, Natalia Oreiro, César Troncoso o Teo Gutiérrez. Y lo hace con la propia fuerza de sus convicciones ideológicas asumidas, con todas las consecuencias, desde los años de plomo de su infancia clandestina.

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