‘Combustión’: Deprisa, deprisa…

Daniel Calparsoro, que tropezó en su anterior título, ‘Invasor’- un honesto, pero fallido, antibelicista intento de cuestionar a cierto stablishment de la inteligencia institucional uniformada, con imposibles villanos de guardarropía… – aborda ahora otra historia radicalmente distinta en este su último estreno, ‘Combustión’, cuyo metraje es de 104 minutos y su guión lo firman Carlos Montero, Jaime Vaca y el propio realizador.

El relato sigue a un joven aparentemente irreprochable, que está prometido con la dueña y heredera de una joyería – una María Castro muy convincente, pese a su esquemática caracterización e imagen – y que conoce, no tan casualmente, a una joven seductora y singular, por la que se siente irremediablemente atraído. Ella es el cebo que utilizan un par de delincuentes para atracar a ricos  incautos y el motivo por el que el protagonista conocerá el lado oscuro de las carreras ilegales de coches y un triángulo amoroso cuyos virajes son imprevisibles.

Incluso en lo menos distinguido de su filmografía, es innegable el talento visual que el director posee. Sabe manejar la cámara, lo hace muy bien y está dotado para la acción. Así que estamos aquí ante un producto comercial digno, ante una película en la línea de ‘Fast and furious’, pero más intimista y autóctona, a la española. Firme y elegantemente rodada, se mueve con soltura, y sin necesidad de tremendismos, por los espectaculares vericuetos de las velocidades prohibidas y cargadas de adrenalina. Entre el vértigo de los motores y el film noir, con presunta femme fatale incluída, se deja ver. Con el añadido suplementario de cierta complejidad en los personajes centrales masculinos y en el de la chica…

Lástima que después la trepidación se imponga a los matices. Incluso el erotismo, tan publicitado, se queda en una escena explícita, donde la química Ugarte-González se revela poderosa, pero nada más. Tendría que haber corrido menos y haber ahondado más en esa juventud outsider, consumida por la combustión vital y habitada por el impulso incontrolable de quemar todas las etapas, hasta el límite.

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