Archivo diario: octubre 22, 2013

‘Prisioneros’: Rehenes

Denis Villeneuve – Gentilly, Quebec, cosecha del 67 – filmó en ‘Incendies’,(2010), una de las películas más potentes y perturbadoras que quien esto firma ha visto. Fue justa candidata al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 2011. Y su última cinta, ‘Enemy’, basada en un relato de Saramago, ya está dando mucho que hablar. Esta que nos ocupa es la penúltima, fechada también en este año. Norteamericana de producción, de 146 minutos de metraje, con Aaron Guzikowski en la escritura, Jóhann Jóhannsson en la música y Roger Deakins en la fotografía.

Dos amigos, gente respetable de una comunidad respetable, pierden a sus hijas en la misma noche en la que ambas familias cenan juntas. A medida que pasan las horas, con todo el pueblo buscándolas y un obsesivo y peculiar detective al cargo del caso, la tensión se hará insoportable con un único presunto sospechoso, que es puesto en libertad por falta de pruebas. Así las cosas, uno de los progenitores decidirá averiguar el paradero de las niñas, a toda costa y a cualquier precio.

Con este material narrativo de partida, Villeneuve construye un relato intenso, de una insondable negrura y de una profundidad moral estremecedora. Nos asoma al abismo de la condición humana enfrentada al peor de los supuestos posibles, en los que el fin justifica los medios y la presunción de inocencia o el beneficio de la duda no tienen cabida. El filme arranca con ese padre y esposo amantísimo, y capaz de todo por su prole, animando a su hijo adolescente a matar a un hermoso gamo… Un cazador desesperado, que no se detendrá ante nada.

Y no sólo él. Ahí está el otro padre, el amigo cómplice y consentidor, sólo aparentemente más civilizado. Y las mujeres, las madres dolientes atiborrada de química la una y encubridora asqueada la otra. O el joven sospechoso, tan alienado, tan hermético, tan inquietante, tan oscuro, tan torturado… Y la abuela, tan fuerte y tan indómita, la mujer que lo crió, a la que no le tiembla la mano. Capítulo aparte merece el detective, tan puntilloso y obsesionado, pero intentando moderar los feroces ardores justicieros del progenitor que le cuestiona. Con ese tic en los ojos, esa imagen de paleto que encubre su ternura y capacidad de observación, su respeto por la legalidad.

Estos dramatis personae, rehenes de sí mism@s, de l@s otr@s y de sus circunstancias, se desenvuelven en un entorno tan aparentemente conocido como inescrutable. Y el desarrollo narrativo, que se toma su tiempo, con el ritmo que procede, en desvelar verdades incómodas, esqueletos en el armario,  situaciones y gentes que no son lo que parecen. Sin subrayados, obviedades, ni efectismos. Extraordinariamente bien filmada y contada. Con una puesta en escena eficaz y clásica, en la que no sobra ni un plano. Con una solidez en la dirección de actores y en la escritura, en un guión redondo y sin grietas. Lo mismo cabe decir de la música, la fotografía, de un equipo técnico compacto y solvente.

Y el reparto… No hay palabras para describir las excelencias de, sobre todo, Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal, pero también de Viola Davis, María Bello, Terrence Howard, Paul Dano y una inesperada Melissa Leo. En suma, una cinta con calado, hondura, profundidad poética y ética, tan brutal como lírica. De verdad, no se la pierdan.