Archivo mensual: febrero 2014

‘Her’: Al otro lado…

Del estadounidense Spike Jonze, cosecha del 69, cabe esperar cualquier cosa, excepto un relato fílmico trillado. Ya lo demostró con creces en ‘El ladrón de orquídeas’ y en ‘Cómo ser John Malkovich’. Y lo ratifica en esta su última propuesta cinematográfica – cuyo guión también firma, y que vemos lamentablemente doblada, con lo que la intervención de Scarlett Johansson se nos escatima – que viene precedida de, entre otros avales, 5 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película y guión. La historia, futurista, sigue a un escritor de cartas por encargo, solitario y aún no repuesto de su fracaso conyugal, que accede a un sistema operativo, con una sugerentes voz e inteligencia artificial femenina con la que establecerá un vínculo inesperado.

La mirada de Jonze a un porvenir tan reconocible en nuestro presente – si exceptuamos los más sofisticados juguetes tecnológicos – es una mirada crítica, sí, pero también irónica, tierna, divertida, compasiva y conmovedora, con un estado de cosas en las que la virtualidad es más importante que la llamada realidad, o el cara a cara, en las relaciones interpersonales. Porque sean quienes sean, gentes o entidades, l@s que estén al otro lado parecen ser más importantes y nuestras interacciones con ell@s más placenteras y estimulantes que las otras.

Así es el caso de nuestro protagonista – un inmenso, lleno de matices, adorable Joaquin Phoenix, presente en casi cada plano del filme – cuya ausencia en la candidatura al Mejor Actor en los Oscar se le antoja, a quien esto firma, tanto una injusticia flagrante como un olvido imperdonable. Chapeau asimismo para Rooney Mara y para una maravillosa Amy Adams – y su enamoramiento de una partner, de una voz, de unas peculiaridades, las ‘de ella’, tan irresistibles como adecuadas a sus necesidades, tan gratificantes como convenientes. Pero…

El realizador filma con pasión, humor, lucidez y sutileza este romance desigual, pero al que transmite toda la verosimilitud. Indaga en la dificultad de las relaciones interpersonales. En la irónica soledad de un mundo tan conectado. En la tecnología como paradójica muralla frente al tú a tú, frente a la intimidad. En las criaturas humanas, tan vulnerables y a la defensiva, insertas en una gran urbe, con los omnipresentes rascacielos y con fascinantes avances a su servicio, pero que no saben qué hacer con sus vidas, ni con sus deseos, ni con sus afectos.

Unas criaturas imperfectas y conmovedoras tan cercanas a nosotr@s, inmers@s en redes, intimando con desconocid@s a quienes no hemos visto, ni puede que veamos nunca, pero a quienes nos sentimos más afines y cercan@s que a muchas de las personas de nuestro entorno. Jonze nos pone frente a un espejo. Contémplense, contémplenlo. Véanla.

Polanski versus von Trier: Perversiones…

Coinciden en nuestras carteleras dos películas de muy distinto signo, pero relacionadas ambas con las llamadas perversiones del erotismo. La psiquiatría clásica, la pionera en la sexología,  acuñó este término para «designar un comportamiento o un conjunto de prácticas que no se ajustaban a lo socialmente establecido como sexualidad normal en la época». Este término fue redefinido por Freud, pero despojándolo de sus connotaciones peyorativas. Son fuentes de la imprescindible página de consulta, Wikipedia.

Así que los dos realizadores europeos se ocupan de este presuntamente escabroso tema, bajo ópticas, puestas en escena, historias y enfoques muy contrapuestos. Las películas que las ejemplifican son, obviamente, ‘La Venus de las pieles’ y ‘Nymphomaniac. Volumen 2’, porque del primero – aunque es una única cinta – ya dejamos constancia crítica en estas páginas. Polanski adapta la obra teatral basada en la novela de Sacher Masoch del mismo título y von Trier es el autor del guión.

En ambas, un hombre y una mujer se enfrentan y se confrontan. En ambas, el hombre es el teórico, el intelectual, y la mujer, en principio, el sujeto de las experiencias. En ambas, los roles de género están claros aunque se cuestionen mucho más en una que en la otra. En ambas, la mujer tiene un erotismo desinhibido y transgresor. En ambas, hay un juego de seducción entre los protagonistas. En ambas, el varón es el presunto perdedor. En ambas, la fantasía juega un papel primordial. En ambas, la sexualidad – perversa o no – está en función de los cánones masculinos, definida por ellos.

Pero Polanski sorprende con una obra aparentemente ligera, aunque densa y compleja en lecturas y significados. Con una puesta en escena austera y clásica, lo que en otras manos se hubiera convertido en teatro filmado, se muestra como un fascinante juego de seducción, entre el sueño y la realidad, entre la realidad y el deseo, en el que nada, ni nadie es lo que parece. Y que confiere voz propia y crítica con los esquemas de su partner, a la protagonista, una fascinante y espléndida Emmanuelle Seigner a la que le da la perfecta réplica un Mathieu Amalric, alter ego físico del realizador, y un actor excelente siempre.

En cambio, la cinta de von Trier, en esta su continuación o volumen 2, sigue confiriendo pretensiones de universalidad a unas reflexiones y prácticas que no dejan de estar en el peor imaginario colectivo machista y sexista, pero haciéndolas pasar, más que insidiosamente, como deseos femeninos. Es decir, deseos de humillación, de ser maltratadas física, psicológica y moralmente como último recurso, en el filme, de una sexualidad dormida. No se cuestionan nunca tales presupuestos, como síntomas de dominación, como tampoco en el caso de la pedofilia…, o de un flagrante abuso de poder, sino que, por el contrario, se les da carta de naturaleza transgresora. Gaingsbourg y Skarsgard bordan sus personajes.

‘Nebraska’: El millonario del Medio Oeste

5 nominaciones a los Globos de Oro, 3 a los BAFTA, 6 a los Critics Choice y, entre otras, 6 a los Oscar incluyendo mejor película, actor protagonista, actriz de reparto y director, preceden a la última propuesta del estadounidense Alexander Payne – cosecha del 61 , ‘Entre copas’, ‘Los descendientes’… -, ‘Nebraska’, de 115 minutos de duración, que hubiera merecido verse en versión original.

La historia sigue a un anciano que está convencido de haber ganado un premio millonario y se escapa de casa una y otra vez, determinado a ir a la lejana ciudad de Lincoln a cobrarlo. Ante su obcecación, su hijo menor decide acompañarlo. Esto dará un giro a su casi inexistente relación, así como a todo tipo de peripecias, encuentros y desencuentros.

Mezcla de drama, comedia, road movie y western contemporáneo, esta cinta contiene muchos elementos dispares, e incluso contrapuestos, que sabe manejar y combinar muy bien. Como un escenario y un paisaje tan ásperos como desvencijados y tan despojados de todo encanto o estética, como impactantes en su grandeza natural. Como una fauna humana tan inescrutable y aparentemente inexpresiva como habitada por una incandescencia interior que se revela sobre todo en sus miserias.

Como una mirada a la vejez, edad que el realizador ha retratado en más de una ocasión, desprovista de mística y de paternalismo. Irónica, pero no ausente de ternura. Esa ancianidad tan peculiar, producto de unos lugares en los que la vida es eso que les ocurre a l@s otr@s. Y, pese a todo, poseedora de fuertes carácter y determinación. Esa mirada caústicamente divertida a la familia, disfuncional y anómica. A la nuclear y al clan de parientes tan corrosivamente dibujad@s. Al paisanaje, en general.

Esa mirada a un anciano terco, insondable, hosco, alcohólico, casi preso en las tinieblas de la demencia, pero ferozmente determinado a lograr su objetivo. Esa mirada al padre ausente y desprestigiado, cuya vida y personalidad se van revelando ante los ojos de un hijo resignado, atónito, molesto y, finalmente, entregado. Esa mirada a una mujer, la madre, aparentemente represora y antipática, pero que luego emerge y muestra lo mejor de sí misma. O al hermano mayor, el triunfador. O a es@s prim@s miserables y vomitivos. O a la encantadora y lúcida dama, el primer amor del protagonista. O a una forma de vida que se reitera a sí misma, sin futuro, ni proyectos, ni motivaciones.

Filmada en blanco y negro, con una hermosa fotografía de Phedon Papamichael. Con un ritmo que parece derivar del devenir vital y anímico de los personajes.Con una puesta en escena en la que nada es estridente ni necesita de subrayados. Con un reparto maravilloso encabezado por el inmenso Bruce Dern, pero en el que también Will Forte, Stacey Keach o June Squibb nos dan lo mejor de lo mejor. Visto lo visto, quien esto firma piensa que será improbable que visite el Medio Oeste, pero les recomienda encarecidamente que no se lo pierdan en esta película.

Goya 2014: Vivir es díficil con los ojos abiertos…

Un ministro, sin Cultura, ni Educación, que le hizo el feo, degradándose aún más si cabe, a toda una profesión faltando a su Gala anual. Un colectivo que respondió en consecuencia a este desaire, con matices que fueron desde la ironía hasta la causticidad, desde la elegancia hasta la firmeza, desde la sutileza hasta la contundencia. Un número musical de vergüenza ajena, otros más inspirados. Unos gags irregulares, algunos eficaces. Una conversación telefónica a cuatro voces, de ex conductores-as de la ceremonia, francamente divertida. Un presentador que tuvo destellos, pero al que el evento le venía muy grande.

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Unas hechiceras que arrasaron en los premios técnicos. Un cazador nocturno, Javier Pereira en ‘Stockholm’, que se reveló y también acertó en su discurso. Una joven andaluza, también revelada, que se reafirma en sus orígenes, y que no va a permitir que otr@s decidan por ella, Natalia de Molina. Un actor protagonista, – a la sexta, Javier Cámara, a la sexta fue la vencida – emocionado y pletórico, consciente de que eran su noche y su momento. Así,  ‘Vivir (sí) es fácil…’ Otra debutante en el trofeo, pese a sus mil batallas vitales e interpretativas, en la categoría de reparto, Terele Pávez, la bruja de Zugarramurdi. Uno de los momentos más emotivos de la noche.

Un actor de reparto, Roberto Álamo, que deparó una intervención tan crítica como incisiva. Una Marian Álvarez, cuya ‘herida’ nos ha conmovido,  que también reivindicó el ‘nosotras decidimos’, junto a la dedicatoria ‘a todas las mujeres que pelean por nuestros derechos’. Amén. Y hablando de ellas, un documental de la Memoria Histórica Violeta, felizmente premiado, ‘Las maestras de la República’, de Pilar Pérez Solano. Ellas, junto a su entrañable colega octogenario,  Juan Carrión, presente en la sala, quien no ha dejado de ejercer y cuya peripecia con el mismísimo Lennon inspiró la cinta protagonista, dieron una lección de dignidad y de la mejor cultura al impresentable titular del ramo.

Un director novel que podía haber sido mejor director a secas, Fernando Franco. Una película, ‘La herida’, transgresora, potente y radical, que hubiera merecido mejor suerte. Un casi pleno para David Trueba, 6 de 7. Otro ignorado en los Goya, triunfador de la noche. Película, Director, Guión Original, Actor Protagonista, Actriz Revelación y Música Original. Una sobria, sensible, inteligente y generosa intervención la suya, exenta de cualquier tentación autoral o narcisista. Eso le honra.

Y también que haya mantenido un equilibrio en esta cinta pequeña pero compleja, suave pero reflectora de las durezas de un tiempo y de un país. Una crónica presuntamente amable de un peculiar itinerario iniciático tras el icono musical al que se pretende interpelar de igual a igual y del que se consigue el objetivo pedagógico solicitado, pero que ha sabido eludir la autocomplacencia en aras de la honestidad. Porque David Trueba, suya fue la Fiesta, sabe, y lo filma, que vivir es difícil con los ojos abiertos.

‘El lobo de Wall Street’: El dinero nunca muere…

«El dinero tiene, entre otras infinitas virtudes, una calidad detergente. Y múltiples cualidades nutricias. Te alegra los ojillos, te hincha los mofletes, te otorga esa manera de sentarte en la butaca con las piernas extendidas y el periódico entre las manos. Te concede esas manos impolutas que emergen de los blancos puños almidonados de la camisa» Esta frase tan incontestablemente lúcida pueden encontrarla en una novela imprescindible, ‘En la orilla’, cuyo autor es Rafael Chirbes.

Esta frase ilustra muy bien, además, la manera en la que Scorsese aborda  la historia real, basada en su libro homónimo , de Jordan Belfort – El  Bronx, Nueva York, cosecha del 62 – quien se hizo multimillonario en los años ochenta, estando en la veintena, como broker  y como fundador de su propia empresa, Stratton Oakmont, por medio de la que estafó preferentemente a grandes fortunas, blanqueó dinero, manipuló el mercado de valores, entre otros delitos, por los que fue procesado y condenado sólo a 22 meses de prisión. Son datos de esa página fundamental que es Wikipedia.

El guión es de Terence Winter, la excelente fotografía, de Rodrigo Prieto, la extraordinaria banda sonora de Howard Shore y su metraje, de 180 minutos. Su equipo técnico-artístico es impecable. Viene precedida de un Globo de Oro, 4 nominaciones a los BAFTA y 5 a los Oscar, entre otros muchos reconocimientos más. No es la obra magna del realizador italoamericano, pero es una cinta más que notable, en la que ahora vamos a detenernos como se merece.

Tan arrollador visual y narrativamente como suele serlo, con esa utilización tan sabia de la voz en off – como se debe hacer, como un elemento dramático más – Scorsese exhibe todo su poderío fílmico en una historia nada fácil de contar y mucho menos de hacerlo bien. Una historia que, en otras manos, se hubiera escorado en sus vertientes más moralista y maniquea. Una historia que, en las suyas, resulta tan chispeante como compleja, tan sutil como dotada de una intensa carga de profundidad, tan divertida como impía, tan irreverente como caústica.

Se la ha descrito como una obra de juventud en la filmografía de un cineasta septuagenario. Otro mérito más. Pero aunque su factura sea engañosamente ligera contiene, en un registro de comedia feroz, excéntrica y, sí, juvenil, una lectura crítica del capitalismo más salvaje, una visión tan nihilista de esos ‘lobos’ sin conciencia y sobrados de codicia, unos gags irrepetibles sobre las percepciones distorsionadas que provocan ciertas sustancias ilegales, una implacable crónica de la cosificación de las mujeres, sólo contempladas como objetos sexuales. Un retrato generacional de ciertos delincuentes financieros tan agudo como demoledor.

Y… ¡¡¡qué decir del reparto!!! Di Caprio está sublime, y mira que era fácil sobreactuar. Así como un superlativo Jonah Hill, que no le va a la zaga. Ambos justamente nominados al Oscar en sus respectivas categorías de Actor Protagonista y de Reparto. Pero también Matthew McConaughey, Rob Reiner, Jean Dujardin, Kyle Chandler o Margot Robbie. Imperdonable perderse la mirada insuperable de un maestro sobre estos adictos al dinero, caiga quien caiga. Están avisad@s.

‘La Palabra y la Imagen’. Temporada 2: Diosas y antihéroes

Pese a fallar el estreno de las películas inicialmente previstas, nuestra tertulia obtuvo otro pleno de asistencia y de calidad. Con decir que dos críticos, que ya nos hicieran los honores, Jaime Fuertes y Miguel Olid, nos honraron con su presencia y que también estuvo nuestro próximo anfitrión, quien no se considera crítico, sino cinéfilo, que no es poco… Pero es mucho más. Un periodista de raza y un referente imprescindible de la información cultural, Ángel Pérez Guerra. Otro lujo.

Comenzamos con un recuerdo a Philip Seymour Hoffman, cuya trágica y repentina muerte ha vestido de luto a la cinefilia universal. Con él se ha ido un actor de talento, con todo un futuro y una carrera por delante. Siempre le añoraremos, siempre.

En esta ocasión, nos hizo las presentaciones un hombre tan joven como cualificado, Álvaro de Luna, nada que ver con el homónimo actor…, colaborador de la insoslayable página de consulta Filmaffinity y titular de mundocrítica.com, que ya están tardando en visitar. Con un criterio tan fino y sagaz, como amplio de miras, nos situó las dos cintas a comentar y las filmografías de sus realizadores, analizándolas comparativamente y en su contexto. Así pues, el debate estaba servido.

Ni a él, ni a quien esto firma, nos gustó la cinta que ha arrasado en todos los premios previos a los Oscar y que es una de las favoritas para alzarse con las codiciadas estatuillas. Hablamos de ‘La gran estafa americana’, de David O. Russell. En general, se le reprochó su banalidad, la exagerada composición de sus personajes, sus fallos de guión y ritmo y su autocomplacencia en relación a la demoledora, ’12 años de esclavitud’, de Steve McQueen. Pero también se apreciaron su dinamismo, su reparto, las interpretaciones del cuarteto protagonista e incluso el ser un divertimento.

Scorsese, en general, ha convencido. Con algunos reparos. Su última propuesta, ‘El lobo de Wall Street’ suscitó los comentarios más incisivos y divertidos. Fueron destacados el tratamiento de la historia, su crítica al capitalismo más salvaje,  la cosificación de las mujeres en manos de los protagonistas masculinos, los gags de los efectos de las drogas, su negrura bajo una apariencia chispeante, la magistral interpretación de Di Caprio, sus diversas y complejas lecturas. Pero hubo quienes la acusaron de reiterativa, previsible, misógina y de ser una obra menor en la filmografía del clásico cineasta italo-americano.

El lobo aulló, pues, y se hizo un sitio. Y frente a tales antihéroes de uno y otro signo, una diosa se abrió paso. ‘La Venus de las pieles’, de Roman Polanski. Gustaron y mucho su complejidad, su frontera entre la fantasía y la realidad, la dialéctica de los personajes – excelentes Emmanuelle Seigner y ese alter ego del realizador, físicamente hablando, Mathieu Amalric – , sus vueltas de tuerca, los cambios de registro de sus personajes, especialmente del femenino, y su puesta en cuestión de los roles sexuales, su lectura de género…

Para la próxima, el miércoles, 5 de marzo, a las 19.30, tendremos el menú previsto inicialmente para esta. Es decir, ‘Alabama Monroe’, de Félix Van Groeningen y ‘Un episodio en la vida de un chatarrero’, titulada en castellano como ‘La mujer del chatarrero’, de Danis Tanovic. Con los complementos de ‘Nebraska’, de Alexander Payne, que se estrena pasado mañana y de ‘Philomena’, de Stephen Frears. Ya es sabido que en ‘La Palabra y la Imagen’ podemos con todo. Y con Ángel Pérez Guerra, de maestro de ceremonias.

Gracias miles a La Casa del Libro, a Manuel de Medio, a Álvaro de Luna y, como nunca me cansaré de repetir, a l@s mejores tertulian@s del mundo mundial por otra estimulante, enriquecedora, contrastada y divertida sesión. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘Al encuentro de Mr. Banks’ : Con un poco (demasiado…) de azúcar.

Tras veinte años intentando que la escritora australiana P. L. Travers le cediera los derechos de su célebre novela, ‘Mary Poppins’, Walt Disney consiguió por fin que ella viajara a Los Angeles para supervisar el guión y la adaptación cinematográfica del libro. Pero no se lo iba a poner nada fácil… Esta película estadounidense, de 125 minutos de metraje, firmada por John Lee Hancock – Texas, cosecha del 56 –  es la crónica fílmica de unos encuentros- desencuentros que dieron, finalmente, lugar a un título  tan mítico como paradigmático de la Factoría del cineasta.

Así que tenemos, en la soleada California de principios de los sesenta, a una dama de mediana edad, británica de adopción y por elección, irónica y cascarrabias, que desaprueba casi todo lo que ve en el Nuevo Mundo y a casi todas las personas que la reciben y con las que va a trabajar. Una dama rígida, metódica, perfeccionista, extremadamente crítica y con las ideas muy claras, que no se deja impresionar – todo lo contrario…- por el glamour de la Meca del Cine ni, mucho menos, por un personaje como el cineasta norteamericano.

Pero también una dama que guarda en su interior un doloroso secreto que la hace defenderse del contacto humano y de los afectos. Una dama que necesita dinero, pero que es extremadamente orgullosa para hacer ninguna concesión. Una dama dotada de un humor caustico e inteligente, ingenioso y brillante. Una dama que trae de cabeza a los jóvenes y creativos autores de los números musicales, así como al coguionista y, por supuesto, al gran jefe Walt, quien hace acopio de toda su paciencia ante sus desplantes…

Una dama interpretada con su solvencia y talento habituales por Emma Thompson, enfrentada a un caballero que toma los rasgos y la solidez interpretativas de Tom Hanks. Y es este tour de force entre la novelista y el realizador, entre la autora y el staff, en los entresijos de la ‘cocina’ hollywoodense lo mejor de un film que, paralelamente, nos proporciona flash backs sobre la infancia de la protagonista, su relación con su cariñoso, pero alcoholizado e inestable padre – a cargo del insufrible Colin Farrell – , con su desesperada pero sumisa madre, estupenda Ruth Wilson,  y con sus hermanas. ‘Mary Poppins’ desvela sus secretos.

Esta vuelta al pasado se nos antoja excesivamente larga, melodramática y, a la postre, tediosa. Roba tiempo y espacio a lo que podía haber sido un cara a cara memorable, con la llamada Fábrica de Sueños como telón de fondo, repleto de agudeza y causticidad. Tiene sus momentos, es sutil y chispeante, con observaciones divertidas y no desprovista de encanto. Pero la sentimentalidad que la preside lo edulcora todo. ¿Era Disney, el Disney real tan maravilloso…, tan gran hombre como buen jefe?. ¿No había fisuras entre su personal?. Excelentes secundarios, Paul Giamatti, Kathy Baker, B. J. Novak, Jason Schwartzman, Rachel Griffiths,.. Las canciones están dobladas, pecado mortal, pues el proceso de su composición sí está muy logrado. Pero esa reiteración en los recuerdos infantiles y la ausencia de elipsis lastran el resultado final.

Así pues, escrito lo escrito, la pelota está en su tejado de espectadores-as. Un consejo, no se pierdan los títulos de crédito finales que documentan en fotografías de la época y en audios ad hoc, – Travers exigió la grabación de todo el proceso –  lo que debió ser, en realidad, el germen de una adaptación inolvidable.