‘Dallas Buyer´s Club’: Supervivientes.

En la noche de los Oscars, el actor Jared Leto – que vio reconocida su magnífica interpretación de reparto con la estatuilla ad hoc por esta cinta – pronunció un sentido discurso que culminaba con una dedicatoria especial: “Esto es para los 36 millones de personas que han perdido la batalla contra el sida y para aquellos que han sentido esta injusticia por las personas que aman. Esta noche estoy aquí, ante el mundo, por ustedes y para ustedes”.

En efecto, la historia sigue al personaje real de Ron Woodroof – un extraordinario Matthew McConaughey, coronado justamente como Mejor Actor Principal – antihéroe nada simpático, sino todo lo contrario. Cowboy de rodeo, machista, semental homófobo y promiscuo, politoxicómano y prepotente, ve tambalearse toda su vida cuando le diagnostican SIDA en el 1986,- pronosticándole seis meses de vida – y estando asociada la enfermedad en el imaginario colectivo exclusivamente a prácticas homoeróticas. Además, en aquel entonces aún no se habían desarrollado los medicamentos que se revelarían, décadas más tarde, eficaces contra el mal.

Así que este sujeto con pretensiones de omnipotencia se encontró de repente consumido por un mal implacable que, además, estigmatizaba a quien lo sufría. Luego su hombría estará bajo sospecha y su entorno le dará cruelmente la espalda. Pese a todo y a todos, hará lo imposible por desmentir el plazo fatal. Para ello, contará con la ayuda inestimable de Rayon, un transexual que está en su misma lucha y deberá cambiar algunas de sus prioridades.

Jean-Marc Vallée – Montreal, cosecha del 63 – se limita a ilustrar una historia densa, ambigua, atormentada y compleja de la manera más lineal y anodina posible. Porque estos dos antihéroes, víctimas de sí mismos,  de un sistema sanitario feroz y de un control estricto que bloquea las investigaciones médicas para desesperación de los desahuciados, juegan contra todo ello, sí. Pero sin solidaridad, ni empatía alguna con sus iguales, reproduciendo los esquemas del establishment que les condena a una muerte segura. Traficando con los remedios prohibidos y vetándolos a quienes no pueden pagarlos.

A tal oscuridad vital y moral el realizador no le extrae ningún partido, ni de forma, ni de fondo. Sólo las gigantescas composiciones de sus protagonistas proveen de matices, de ternura, de intensidad ,de pasión y de complejidad a una puesta en escena lamentablemente plana. Dos hombres luchando, en una carrera de fondo, contra la muerte. Dos supervivientes para los que el fin justificaba todos los medios. Tales personajes hubieran merecido una mirada tras la cámara radical y transgresora, potente y sensible, ambigua y comprometida. Con todo, hay que verla…

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