‘Jersey boys’: Brotherhood

Para l@s bebés brutalmente torturad@s y asesinad@s en las inicuas becerradas. Contra quienes manchan con el dolor,  el sufrimiento y la muerte de criaturas inocentes, el hermoso mes de septiembre y el comienzo del otoño. Contra quienes lo consienten, lo ejecutan y lo financian. Contra quienes, en este país tan siniestramente cruel, nos rompen permanentemente el corazón a l@s animalistas.

 

 

La adaptación cinematográfica de un drama biográfico musical – ganador de un Tony y que ha recorrido con éxito los escenarios de medio mundo – sobre un grupo de pop rock muy famoso en las décadas de los 60 y 70, no parecía, a priori, un proyecto idóneo para un clásico del cine como Clint Eastwood. Y no lo parecía, paradójicamente, pese a su versión del drama existencial de Charlie Parker en ‘Bird’. El resultado es tan curioso como irregular.

Como quien esto suscribe no ha visto el musical homónimo, tiene que decir que le pareció peculiar, en el buen sentido, que el realizador apenas si respetara las reglas de un género que, al menos en el cine norteamericano, están más que codificadas. Aunque ello no le haya impedido incurrir en ciertos lugares comunes, como las del ascenso y caída de unos ídolos con un líder siempre al filo y con pies de barro. Algo que se ajusta a la realidad histórica, por otra parte, y cuyos peligros más efectistas ha intentado, y logrado, conjurar.

Para empezar, los personajes se dirigen a la cámara comentando sus impresiones sobre las incidencias del relato en muchas ocasiones. Esto provoca, a la vez, tanto el distanciamiento necesario, a menudo cargado de irónico y caustico humor, como la complicidad con el espectador, quien se enriquece con otras lecturas de los hechos, además de las contenidas en lo narrado. Otro cliché hecho trizas, para bien y para mal, es el del mafioso, interpretado aquí por Christopher Walken. Parece más bien un Papá Noel que un Padrino al uso…

Tiene ese clasicismo narrativo marca de la casa, con la complicidad de la hermosa fotografía de Tom Stern, que no siempre funciona bien cuando la efervescencia del relato pide a gritos más marcha. Pero permite, al tiempo, contemplar con más profundidad a los personajes y a su época. Luego también están las voces, tan parecidas a los originales. Gorgoritos y falsetes que rompieron moldes y crearon precedentes en algunos de los vibrantes temas de Bob Gaudio. Hermosas y limpias voces que ocultaban la oscuridad de unas vidas que hacían aguas por todas partes.

La fraternidad masculina, otro tema tan caro al cineasta. La amistad que es puesta a prueba una y otra vez, pero que nunca resulta vencida. El seductor egoísta, narcisista pero irresistible, tan bien interpretado por Vincent Piazza, el mejor de la función. Pero las mujeres… Triste papel el que les deparan estos años, la propia película y el grupo. Al cabo, desprovistas de identidad y de voces propias. Madres, esposas, hijas, groupies, amantes…

¿Conclusión para quien esto suscribe?. Una película insatisfactoria, pero no desprovista de interés. Un trabajo menor de este clásico viviente, que resulta mayor en una oferta cinematográfica, salvo algunas excepciones, tan trillada y previsible. Larga vida, Mr Eastwood. Que su condición de octogenario no le impida regalarnos de nuevo otra obra maestra.

 

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