Archivo mensual: octubre 2014

No solo cine: Lecturas en el tiempo

Quien esto firma quiere, con estas líneas, expresar su reconocimiento y gratitud a unas mujeres, compañeras del club de lectura al que se honra en pertenecer, fundamentales para su desarrollo intelectual, para la formación de sus gustos literarios, para su apertura a nuevos géneros, autoras, autores y estilos, que, gracias a ellas, ha conocido y degustado.

Quiere, con estas líneas, agradecer su inmensa generosidad al aceptar a quien esto firma como una más, pese a estar a años luz de la amplia cultura y de la pasión y el riguroso y selectivo criterio lector que las caracteriza. Quiere, con estas líneas, apreciar enormemente tanto la rotundidad como los matices con las que expresan sus opiniones con respecto a la obra elegida, porque, coincidas o discrepes con ellas, es una enseñanza más.

Quiere, con estas líneas, valorar sus miradas tan diversas, enriquecedoras y heterogéneas. Quiere, con estas líneas, reconocer que no siempre es fácil disentir del parecer, tan documentado, de estas mujeres sabias e ilustradas. Pero esa misma incomodidad, que te hace cuestionarte, y-o cuestionarlas, es otro aprendizaje más.

Quiere, con estas líneas,  dar fe de los momentos y las vivencias tan intensamente personales que le han regalado. De las inolvidables sesiones con los autores presentes. Quiere, con estas líneas, retribuirles – aunque sea en una mínima parte – por haberle permitido descubrir y revisitar a gentes tan valiosas en la escritura. Por haber compartido juntas tantas emociones y estímulos en esas nuestras lecturas en el tiempo.

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En cartelera: De dramas, crímenes y terrores…

En este viernes con el que culmina octubre y pórtico de Halloween, contamos con una amplia, variada y heterogénea oferta de estrenos. Comenzamos por las, sobre el papel, de mayor interés y que, además, se proyectan en versión original. Como el documental francés, ‘La sal de la tierra’, codirigido por Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, hijo del célebre y prestigioso fotógrafo Sebastiao Salgado, a cuya obra y trayectoria profesional se le rinde homenaje. Premio Especial del Jurado en la Sección, Una cierta mirada, en Cannes y del Público en San Sebastián. Sus referencias son excelentes y hay que verla.

O la inglesa, ‘Filth el sucio’, entre el drama, la comedia y el crimen, de Jon S. Baird, sobre un detective más que heterodoxo y particular. La crítica la ha considerado algo osada e irregular, pero divertida y caústica. Esta misma  valoración ha conseguido la norteamericana independiente, ‘Blue ruin’, de Jeremy Saulnier, en clave muy negra y transgresora, sobre un sin techo que toma una decisión que resulta devastadora. Se impone verlas.

Aunque nos faltan datos para saber si se proyectarán en v.o.s, consignamos también la coproducción checo-norteamericana, ‘Serena’, de Susanne Bier. Sobre un joven matrimonio en la época de la Depresión. Protagonizan Jennifer Lawrence y Bradley Cooper. División de opiniones, pero la realizadora merece el beneficio de la duda… O el thriller de acción y terror, ‘Caminando entre las tumbas’, de Scott Frank. La historia sigue a un ex detective alcohólico que deberá resolver una serie de asesinatos espeluznantes. Protagoniza Liam Neeson y sus reseñas son irregulares.

Más títulos… La cuarta entrega de REC, Apocalipsis, de Jaume Balagueró. Ha interesado sólo a medias. Y tres cuyo estreno en nuestra ciudad está por confirmar. Son dos españolas y una argentina. A saber, ‘Loreak’, de Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, sobre personas diferentes a quienes les envían flores de manera anónima y de cómo este hecho afectará a sus vidas. Concursó en San Sebastián y gustó mucho.

El drama, ‘321 días en Michigan’, de Enrique García, o de como un ejecutivo de éxito, condenado por delitos financieros, idea un plan para ocultar ese periodo de tiempo que debe pasar en prisión. Ópera prima de este realizador malagueño, está rodada en Alhaurín de la Torre y obtuvo el Premio del Público en el Festival de su ciudad.

Finalizamos con la argentina, ‘La reconstrucción’, de Juan Tarauto. Sobre un hombre solitario y bloqueado emocionalmente al que un viaje le permitirá un ajuste de cuentas consigo mismo. Protagoniza Diego Peretti. Referencias favorables.

Quien esto firma, insiste en que no puede dar fe del estreno en Sevilla de estas tres últimas cintas citadas. Confiemos que no se nos queden lamentablemente inéditas, sino que, como mucho, se retrasen en llegar a nuestras salas.

Post scriptum neoyorquino: Un acto de justicia

Sirvan estas líneas para hacer constar que las magníficas fotos, mucho mejores y más expresivas que los textos de quien esto firma, que ilustraron las crónicas neoyorquinas publicadas en este blog, se deben a la hija de quien esto suscribe, Vita Lirola.

Como también quien esto suscribe le debe a ella el haber cumplido el sueño, que pensó irrealizable, de conocer la Gran Manzana. Como también es mérito suyo todo el contenido gráfico del blog, trailers, subrayados, etcétera… Y la propia creación de Sevilla Cinéfila.

Dicho queda. Gracias, Vita Lirola, por el viaje, las fotos y por todo lo demás. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘La Palabra y la Imagen’. Temporada tres. Siguen las sorpresas…

Nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen’ estrenó su tercera temporada a lo grande, el pasado mes de octubre, con la presencia de los realizadores sevillanos Laura Alvea y José F. Ortuño, con quienes debatimos su estupenda y singular película, ‘The extraordinary tale’, cuya crónica fue ya recogida en estas mismas páginas.

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Pues bien, estas breves líneas son para anunciar que la próxima sesión, que tendrá lugar el miércoles, 5 de noviembre, a las 19. 30 horas, en nuestra sede de La Casa del Libro, no va a ser menos estimulante. Debatiremos sobre la notable película andaluza, ‘La isla mínima’, de Alberto Rodríguez, y lo haremos nada menos que con el guionista, junto al propio Rodríguez, de la cinta – y de ‘Grupo 7’, ‘Ali’, ‘After’ o ‘7 vírgenes’- Rafael Cobos.

Así que avisad@s quedáis. No os la podéis perder, de ninguna de las maneras. Os esperamos.

https://sevillacinefila.com/2014/09/26/la-isla-minima-aguas-turbulentas/

‘Magical girl’: La inversión de perspectiva

Ante una película como esta – perturbadora, hipnótica, desasosegante, sutil, perversa y aterradora, entre otros muchos calificativos posibles  –  quien esto firma recuerda el malestar, sentido tantas veces como espectadora, ante la admiración que le provoca una cinta en la que uno de los caracteres centrales, si no el principal – una mujer, por más señas – esté tan esquinada y objetalmente tratado.

No, no es fácil enfrentarse desde una mirada violeta a ‘Magical girl’ – aunque cuando quien esto firma comenzó a escribir esta crítica, no había visto aún ‘Perdida’. Y, claro, no hay color… –   por cuanto es difícil obviar su perfección formal, la elaborada transgresión de su puesta en escena, el clima y el climax que crea, su narrativa tan estilizada y elíptica, como dura y cortante. No es fácil enfrentarse a una obra tan singular y única, en general y en nuestro cine, en particular. No es fácil enfrentarse a su historia tan bien escrita, filmada y contada, ni a sus personajes, parte fundamental de ella, tan bien interpretados.

Tampoco es fácil entrar en detalles, sin desvelar claves del relato, a propósito de lo que se deja entrever, pero no se explicita, en relación a su personaje femenino. Porque es una virtud, no un defecto de la película. Su capacidad de sugerencia, la atmósfera que sabe crear y que envuelve a todos los caracteres principales. La diferencia es que ellos sí tienen voz propia. Ellos, especialmente los hombres, sí son sujetos. No importa lo condicionados o presionados que se encuentren por sus circunstancias pasadas y presentes. No ocurre lo mismo con esa ‘Niña de fuego’ a la que se refiere el tema desgarradoramente interpretado por Manolo Caracol.

Hermoso tema – aunque bastante paternalista y perdonavidas, por cierto – que se reitera a lo largo del metraje, pretendiendo describir a esa mujer que existe y palpita en la película, en función de los varones exclusivamente. El profesor perturbado por su niñez ‘perversa’, el padre angustiado por cumplir el sueño de su hija, el marido controlador y sobreprotegiéndola… ¿De qué, de sí misma, de sus efectos en ellos? Es una pregunta retórica, por supuesto, pero ejemplifica bien el punto de vista de otro insidioso cliché femenino, otro más, en una mirada fílmica masculina como esta, valiosa, compleja, osada, transgresora y radical.

Concha de Oro y Mejor Dirección a su responsable y guionista, Carlos Vermut,  en San Sebastián. 127 minutos de absorbente metraje. Una excelente fotografía de Santiago Racaj. Un adscripción genérica en la que el drama se viste de rojo y de negro. Un reparto extraordinario. La niña -¡¡¡qué historia, la suya!!!, ¡¡¡qué combinación de lucidez e inocencia tan terribles!!!- una magnífica revelación, Lucía Pollán. Luis Bermejo, espléndido, el progenitor cuyos fines justifican los medios, todo por un sueño… Israel Elejalde, tan inquietante. José Sacristán, insuperable. Bárbara Lennie, maravillosa, en un papel tan ingrato y difícil. Todo un reto interpretativo. Y tod@s l@s demás, tod@s, actores y actrices.

La abajo firmante les propone un ejercicio. Cuestionen las miradas de los varones protagonistas, incluyendo la del propio realizador, sobre Bárbara. Inviertan  la perspectiva y vean el filme desde el personaje de esta mujer  sometida, alienada, presionada, bajo un control férreo, dependiente y chantajeada, hasta el punto de arriesgarlo todo, por no confesar un engaño y por expiar el pecado capital de ese fuego devorador que presuntamente la consume y del que es la primera y principal víctima.

‘Perdida’: Maléfica

El muy prestigioso realizador estadounidense David Fincher, cosecha del 62, no se ha distinguido nunca por su amor a las mujeres. Ahí está una filmografía, pródiga en reconocimientos de público y crítica, para demostrarlo. Como en ‘El club de la lucha’, o en ‘Seven’, donde ellas eran meros floreros u objetos de deseo. O como en ‘La red social’ donde, entre otras cosas, Zuckerberg fundaba Facebook por una cita frustrada y que, independientemente de su interés o calidad, estaba plagada de comentarios soeces y sexistas dirigidos a las estudiantes, parte del alumnado universitario para el que inicialmente fue creada. Su remake de la primera entrega de Millennium parece ser la excepción a tal regla y es mérito de Stieg Larsson, claro.

Así y todo, con esta ‘Perdida’ que nos ocupa, su desamor hacia los personajes femeninos,  ha batido todos los récords… Cierto y lamentable es que se basa en el best seller del mismo título de una autora, Gillian Flynn, también guionista de la película, de 149 minutos de metraje. Pero, claro, la elección de este texto, la decisión de adaptarlo al cine, ha sido suya, y solo suya. Gira en torno a la desaparición de una mujer el mismo día en que se cumple su quinto aniversario de boda. Un matrimonio aparentemente modélico, cuya felicidad comienza a cuestionarse y el marido se convierte en sospechoso.

Aunque quien esto suscribe no suele leer – lo ha escrito ya, en otra entrada – las críticas ajenas antes de escribir las propias, la curiosidad pudo más y lo hizo con las citas de reseñas sobre esta cinta recogidas por FilmAffinity. Sin pretensiones de exhaustividad y sin mencionar a sus autores, todos hombres y críticos reconocidos, se leen calificativos como ‘ inteligente, fascinante, provocadora, excitante, ingeniosa, sofisticada, absorbente, hipnótica…’.  Quien esto suscribe no niega la calidad y elegancia, marca de la casa, de su puesta en escena y el clima que crea, tan turbio como intenso. Pero, sobre todas las cosas, ‘Perdida’ está lastrada por la profunda misoginia que la recorre.

Si se analizan los adjetivos laudatorios masculinos hacia esta película, es un hecho meridianamente claro que asumen el punto de vista del protagonista, un chico de Missouri, del que se hace un retrato bastante positivo frente al de la pérfida, manipuladora, perversa y malvada esposa. Pero el hombre en cuestión es infiel y tiene comportamientos violentos con ella. No importa, porque ella lo merece. Merece lo peor, porque es de la peor especie. La perspectiva siempre es la masculina y los peores adjetivos, y los peores roles, son adjudicados aquí – sean vecinas, amigas, amantes, suegra, locutoras, periodistas o incluso policía, con algún matiz – a las mujeres. La única que se salva de la quema es, como no podía ser menos, la incondicional hermana del marido.

Resulta penoso, inicuo y sonrojante que tan burdo retrato en negro de una cónyuge, que tan esquemática y tendenciosa visión de uno de los miembros de la pareja, haya concitado tales adhesiones. Muy, muy preocupante. Quien esto suscribe, sabe también que ha provocado debates críticos, pero no los ha leído antes de verla. Es sencillamente insultante que no haya ni un solo – leen bien, ni uno solo – comentario amable o comprensivo hacia ningún personaje femenino.

Porque todas ellas son arpías, con la excepción citada, en mayor o menor medida. Y la que no, carece de inteligencia. Estamos ante una apología del desprecio y odio hacia la mujer, desde el peor imaginario sexista y machista. Tal discurso fílmico patriarcal está, eso sí, revestido de una presunta y perversa ‘complejidad’, de una sofisticada y bella factura, que no oculta su profundo esquematismo, su farisaísmo ideológico.

Si una realizadora hubiera filmado algo parecido respecto de los hombres, la hubieran lapidado. No hay más.

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‘Relatos salvajes’: Catarsis

Quien esto firma, aún bajo los efectos perversos de un jet lag no sólo físico, encontró parcialmente insatisfactoria esta película  hispano-argentina, posiblemente por las razones equivocadas. Luego, tras elaborarla y digerirla con más detenimiento, acabó por asumir que es una cinta explosiva en el mejor de los sentidos del término. Tan negra y cruel, que no te permite asideros. Porque las catarsis que refleja, las feroces catarsis que registra en esos seis relatos que la integran, son tan inmisericordes que te invitan a la complicidad con sus personajes pero sin permitirte, con alguna excepción, la aproximación emocional con ellos. Y ello no deja de ser un acierto.

Porque también es una cinta política en el más amplio y oscuro sentido del término. Porque nos habla de los abusos de poder, de las clases privilegiadas, de la burocracia institucional, del dinero, de los diferentes estamentos sociales, de la rivalidad masculina, del engaño, de la confrontación entre los sexos… sin dejar títere con cabeza. Porque nos habla de las acciones de quienes están acostumbrados a pisotear los derechos ajenos, y que se creen legitimados para llevarlas a cabo, y de las consecuencias que generan en sus víctimas.

Porque sí sabe distinguir entre dichas víctimas y sus opresores, sin pontificar, ni moralizar, en una clave en ocasiones esperpéntica, pero que no le resta ni un ápice de contenido crítico y subversivo. Porque también muestra las terribles y, a la postre, inútiles y absurdas, consecuencias de tales estallidos de rabia en sus personajes y el efecto boomerang que les genera, en ciertos episodios. O, por el contrario, porque provoca un cínico y triunfalista ‘happy end’ en otros. Porque está muy bien filmada, véase el sketch de la boda…, y contada. Porque posee una ironía trágica, malvada y oscura.

Porque tiene un buen guión, escrito por el propio realizador – Damián Szifrón, cosecha del 75 -, una buena partitura de Gustavo Santaolalla y una excelente fotografía de Javier Juliá. Porque tiene en su haber dos Premios del Público en San Sebastián y en Sarajevo. Porque está maravillosamente interpretada – y era muy fácil sobreactuar aquí… – por un espléndido reparto de un país con los mejores actores y actrices del mundo, junto con Inglaterra. Así, Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti, Julieta Zybelberg y Érica Rivas, entre otr@s much@s.

No, no es perfecta. Tiene episodios mejores y otros más triunfalistas y complacientes, pero todos son interesantes y corrosivos. Su metraje es de 115 minutos y la coproduce El Deseo. Ha levantado ampollas en los círculos políticos más conservadores argentinos y ha batido récords de taquilla. No les resultará indiferente. Déjense zarandear por ella y no se la pierdan.

Seis días en Nueva York. Recapitulación y cierre

Es noche cerrada y la abajo firmante vuela, en la mejor compañía, de regreso a casa, vía Lisboa. Han sido ocho días intensos, de los cuales dos de viaje y seis en Nueva York. Seis días que han dado lugar a otras tantas crónicas escritas, con alguna excepción, en orden cronológico, robandole horas al ya de por sí deficiente sueño del jet lag.

Pero se impone, antes de echar el cierre, una recapitulación que contemple y registre lo no mencionado por falta de tiempo o exceso de cansancio. Que contemple y registre aquellas cosas que le han impresionado, en lo más intensamente personal y subjetivo, de la forma de vida de una ciudad única.

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En primer lugar, el orden de los factores no altera el  producto, su falta de estridencia. Su tono tan civilizado en las conversaciones, en los bares y restaurantes, en las calles más concurridas, en el metro en hora punta. Incluidos parques y jardines llenos de grupos infantiles y juveniles. Hasta la música de los comercios seguía esta tónica tan de agradecer. Las excepciones a esta regla tienen los nombres propios de Chinatown o Little Italy. Y aún así, nada comparable a nuestro ruidoso desafuero.

La animalista que esto firma valora mucho no haber visto ni un animal callejero. Aprecia en lo que vale no haber oído ladrar, ni quejarse, a ninguno de los numerosos perros vistos con sus dueños y dueñas, ni a ninguno tampoco arrastrado por una bicicleta. Estima enormemente el hecho de que las ardillas de parques y jardines no desconfíen de la presencia humana e incluso se te acerquen. Y lo mismo es aplicable a las gaviotas. Se alegra tanto de que haya alternativas veganas hasta en los puestos de comida callejera. Y de que una potente empresa de piensos se encargue de rescatar y dar en adopción a gatos y gatas en situación de riesgo. Y esto, lo sabe,  en el país de las hamburguesas y de los perritos calientes.

La consumidora que esto firma agradece la amabilidad sin reservas de la plantilla de todos los comercios. Que nadie, en ninguno, te mire por encima del hombro y que, salvo excepciones, hasta en los más sofisticados, tengan empleadas y empleados de aspecto muy normal.

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La ciudadana y peatona que esto firma, se congratula tanto del trato dado a los niños. De que haya lugares para descansar en todas partes y de que los veladores no estén en función del consumo,  sino al servicio de las personas. De que el civismo sea la regla y no la excepción. De que el mobiliario urbano sea respetado escrupulosamente.

La amante, que no experta en, del arte que esto firma se maravilla de que dejen tomar fotos en los museos, posar junto a tus cuadros favoritos y que niñ@s de colegios con sus profesores-as se sienten en el suelo mientras les son explicadas las obras maestras que allí se exhiben y se comportan con la máxima espontaneidad y el máximo respeto.

La mujer laica que esto firma, se asombra de lo acogedoras que son todas las iglesias de todas las confesiones religiosas. De sus lemas tan humanistas, generosos, amables e incluyentes, hasta, algunas, con los animsles. Y de tantas cosas más, en un país tan deficitario en los derechos humanos más básicos, como envidiable porque una ciudad como esta, que participa también de sus carencias, forme parte de él.

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Seis días en Nueva York. En la cima…

Esta mañana neoyorquina, en la que luce un radiante sol de otoño, cumplimos otro de los ritos recomendados. Se trata de subir a la cima de un edificio emblemático, el Rockefeller. O, lo que es lo mismo, el Top of the Rock. Tanto su fachada como su ínterior tienen, como tantos en esta ciudad, muchos detalles decorativos de Art Deco. La atmósfera que crean es tal que se diría posible cruzarte en sus pasillos con Clark Gable, Lubistch o Carole Lombard…

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Lo que sí te recibe a la entrada es la leyenda en sus paredes que cuenta que este rascacielos abraza a la ciudad, y que fue erigido, en tiempos turbulentos, por gente extraordinaria. Nos fotografiamos simulando estar en el mismo andamio sin red de quienes lo construyeron, e iniciamos las tres etapas de la ascensión. El resultado es tan impactante como hermoso. Tras sus cristaleras protectoras, casi puedes hablar de tú a tú con la línea del cielo, con el Central Park, el Hudson y el East River, y con Brooklyn, al fondo,  cubierto por la niebla. Las mejores vistas de este viaje, sin lugar a dudas.

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Luego, nuevo paseo por el Central Park, para despedirnos de Alicia y sus compañeros,  en dirección al Guggenheim. Al célebre Museo, si, pero también al espectacular edificio de
Frank Lloyd Wright, que lo alberga, tan bello y transgresor, como denostado en su época.

El interior lo componen círculos concentricos por los que se accede a los diferentes niveles a base de rampas en las que se expone la colección temporal. Del grupo ZERO, en este caso. Pero nos interesa más,  por falta de tiempo, la colección permanente. Cezanne, Monet, Degas, Renoir, Toulouse Lautrec, Van Gogh, Gauguin, nos maravillan con sus trazos, colores, temáticas,  siluetas y volúmenes tan extraordinarios. Tan diferentes unos de otros y de sí mismos, según la época.

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Como broche final, el Kandinsky menos conocido,  antes de la abstracción, pero con su deliciosa impronta característica y su intensa paleta cromática.

Seis días en Nueva York. Delicias urbanas

En esta jornada,  penúltima de nuestra estancia en la ciudad, decidimos callejear por esos lugares que le confieren unas señas de identidad diferentes a las de la clásica línea del cielo, pero igualmente imprescindibles y fascinantes.

Como, para comenzar,  Washington Square. Una plaza hermosa y señorial donde el tiempo parece haberse detenido. Llena de resonancias literarias, por la obra maestra del mismo título debida a Henry James, y a su no menos notable adaptación cinematográfica, debida a William Wyler. Pero también, salvando mucho las distancias, Rob Reiner separó allí los caminos de sus personajes, Harry y Sally, para volver a reunirlos décadas después.

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O lo que es lo mismo, Olivia de Havilland y Montgomery Clift, Meg Ryan y Billy Cristal, la recorrieron como nosotras ahora y probablemente también disfrutaran de esa rara y preciosa paz que la habita. De ese refinamiento que, ya en clave más bohemia y contemporánea, se extiende al West Village, uno de los barrios más interesantes de esta Gran Manzana inagotable.

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Aquí no existen los rascacielos, sino hermosas casas de ladrillos rojos, hogares de ficción de iconos televisivos como el grupo de Friends o la Carrie, de Sexo en Nueva York. Y, hablando de series, nos tomamos con el rodaje de una. Person of interest. Y con su protagonista,  Jim Caviezel. Y también, no menos sorprendentemente, con el diseñador del paraguas de la hija de la abajo firmante, quien le hizo una foto con él para su twitter. Todo es posible en Nueva York.

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También que la antigua fábrica de unas famosas galletas se reconvierta en un espacio maravilloso, el Chelsea Market, con techos bajos, paredes de ladrillos vistos con una galería de preciosas fotos de estrellas del cine como Grace Kelly, Lana Turner, Bette Davis o Katherine Hepburn, entre otras muchas. Poblado de tiendas de exquisito diseño,  oferta y contenido, merece la visita de todas, todas.

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Y también que una vieja estación de ferrocarril pase a ser un paseo precioso y especial, el High Line, en lo alto, de ahí su nombre. Con suelos de listones de madera,  vegetación a ambos lados,  dejando ver a veces las antiguas vías, caminar por él,  como por el fluvial del Hudson River Park, casi marítimo,  casi oceánico, es una experiencia absolutamente recomendable.

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