Seis días en Nueva York. Recapitulación y cierre

Es noche cerrada y la abajo firmante vuela, en la mejor compañía, de regreso a casa, vía Lisboa. Han sido ocho días intensos, de los cuales dos de viaje y seis en Nueva York. Seis días que han dado lugar a otras tantas crónicas escritas, con alguna excepción, en orden cronológico, robandole horas al ya de por sí deficiente sueño del jet lag.

Pero se impone, antes de echar el cierre, una recapitulación que contemple y registre lo no mencionado por falta de tiempo o exceso de cansancio. Que contemple y registre aquellas cosas que le han impresionado, en lo más intensamente personal y subjetivo, de la forma de vida de una ciudad única.

image

En primer lugar, el orden de los factores no altera el  producto, su falta de estridencia. Su tono tan civilizado en las conversaciones, en los bares y restaurantes, en las calles más concurridas, en el metro en hora punta. Incluidos parques y jardines llenos de grupos infantiles y juveniles. Hasta la música de los comercios seguía esta tónica tan de agradecer. Las excepciones a esta regla tienen los nombres propios de Chinatown o Little Italy. Y aún así, nada comparable a nuestro ruidoso desafuero.

La animalista que esto firma valora mucho no haber visto ni un animal callejero. Aprecia en lo que vale no haber oído ladrar, ni quejarse, a ninguno de los numerosos perros vistos con sus dueños y dueñas, ni a ninguno tampoco arrastrado por una bicicleta. Estima enormemente el hecho de que las ardillas de parques y jardines no desconfíen de la presencia humana e incluso se te acerquen. Y lo mismo es aplicable a las gaviotas. Se alegra tanto de que haya alternativas veganas hasta en los puestos de comida callejera. Y de que una potente empresa de piensos se encargue de rescatar y dar en adopción a gatos y gatas en situación de riesgo. Y esto, lo sabe,  en el país de las hamburguesas y de los perritos calientes.

La consumidora que esto firma agradece la amabilidad sin reservas de la plantilla de todos los comercios. Que nadie, en ninguno, te mire por encima del hombro y que, salvo excepciones, hasta en los más sofisticados, tengan empleadas y empleados de aspecto muy normal.

image

La ciudadana y peatona que esto firma, se congratula tanto del trato dado a los niños. De que haya lugares para descansar en todas partes y de que los veladores no estén en función del consumo,  sino al servicio de las personas. De que el civismo sea la regla y no la excepción. De que el mobiliario urbano sea respetado escrupulosamente.

La amante, que no experta en, del arte que esto firma se maravilla de que dejen tomar fotos en los museos, posar junto a tus cuadros favoritos y que niñ@s de colegios con sus profesores-as se sienten en el suelo mientras les son explicadas las obras maestras que allí se exhiben y se comportan con la máxima espontaneidad y el máximo respeto.

La mujer laica que esto firma, se asombra de lo acogedoras que son todas las iglesias de todas las confesiones religiosas. De sus lemas tan humanistas, generosos, amables e incluyentes, hasta, algunas, con los animsles. Y de tantas cosas más, en un país tan deficitario en los derechos humanos más básicos, como envidiable porque una ciudad como esta, que participa también de sus carencias, forme parte de él.

image

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s