Archivo diario: octubre 16, 2014

Seis días en Nueva York. Glorias y miserias

Un conocido escritor y critico le sugirió a quien esto firma que eligera entre ver Nueva York o el MOMA. Y, tras pasar casi tres horas entre sus obras maestras, quien esto firma le dio la razón. Resulta una experiencia tan estimulante como intensa sumergirse en un espacio tan espectacular e imponente como este, el primero del mundo en su especie, en el que también proyectan ciclos de cine. Del georgiano, en este caso.

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Por obvias razones de tiempo, se impone elegir y nos concentramos en tres de sus plantas. En ellas, nos codeamos de tú a tú con las glorias artísticas contemporáneas. Con lo mejor de cada casa en materia pictórica, sobre todo, pero también escultórica. Integradas, por supuesto, y de forma cronológica, en sus movimientos respectivos.

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Todo un privilegio absoluto disfrutar del inmenso talento de gentes tan dotadas como Monet, Picasso, Matisse, Frida Kahlo, Hopper, Georgia Okeefe, Gauguin, Modigliani, Miró, Gris, Braque, Diego Rivera, Leger, Liechtenstein y un enorme punto y seguido. O del impresionismo, cubismo, surrealismo, futurismo, Dada, abstracto…

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Y ahí no queda eso pues, en su precioso y singular patio, se exhiben esculturas de Calder, Henry Moore o el impactante Balzac, de Rodin. No hay palabras para describirlo.

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Pero, en otro orden de cosas, las emociones no acaban aquí, pues, cumpliendo con un rito turístico ineludible, nos espera el clásico musical. A mediodía, y en la tercera fila del teatro Imperial de Broadway,nos disponemos a ver Los Miserables. Una representación vibrante y magnifica, con una excelente puesta en escena, un reparto en estado de gracia y con sus célebres temas tan conmovedores y poderosos, servidos por voces extraordinarias.

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Las glorias del arte y la trágica belleza de la dignidad de la lucha de las criaturas más desheredadas, convierten a este día en otra jornada memorable.

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Seis días en Nueva York. Memoria, Libertad y Justicia

Hola, mañana. Nunca olvidaremos a los que se han ido, pero nuestra mirada se dirige hacia el futuro. Con esta frase, se inicia la entrada en la Zona Cero cuyo homenaje a las casi 3000 personas que perdieron la vida en los atentados del 11S consiste,  a pie de calle, en dos estanques reflectantes, situados donde estaban las Torres Gemelas. El agua que cae en cascada y es succionada en el fondo representa la tragedia, el abismo y el  duelo. Los nombres, todos los nombres, de las víctimas están grabados en sus bordes exteriores, junto a quienes perecieron por salvarlas. Impresiona,  y mucho,  verlo y sentirlo.
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El programa del día incluye sendas visitas a dos islas imprescindibles. La de la Libertad y la de Ellis.
El icono neoyorquino por antonomasia, diseñado por Bartholdi como un enorme puzzle, a base de piezas de cobre que fueron ensambladas por Eiffel, saluda fuerte y potente desde su pedestal a las muchedumbres que le rinden pleitesia y que incluso se permiten atravesar su interior, hacia su base y su corona buscando nuevos horizontes.

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En su habitat, el Hudson se funde con el océano y brilla más que nunca en este día radiante y luminoso. Libertad,  te llaman. Pero también la madre de los inmigrantes, el faro simbólico que les guiaba hacia la Tierra Prometida. Lo primero que veían al arribar al Nuevo Mundo.

Todo ello forma parte de la leyenda y del mito, que termina por hacerse añicos en la isla de Ellis. Cierto es que los nombres de los elegidos estan grabados en los muros exteriores. Pero también lo es que allí,   en un enorme sala, debían soportar rigurosos controles, incluidos los médicos. De sus penalidades anteriores, en la atroz travesía en barco que hubieron de sufrir, da cuenta un documental tan impactante en sus imágenes, como tramposo y mixtificador en su ideología. Tierra de esperanza,  tierra de lágrimas. Asi se llama. Lo fue, lo es y a muchos y muchas les negaron la entrada a las puertas mismas del presunto Paraíso.