Archivo diario: octubre 8, 2014

‘Black Coal’: En un viejo país ineficiente…

Para el perro Excalibur, en el corredor de la muerte, víctima inocente de la sórdida ineptitud de una ministra y de un Gobierno, que pretenden hacerle pagar la gravísima crisis sanitaria provocada por su incompetencia.

El subtítulo de esta crítica se refiere al comienzo de un hermoso y célebre poema del gran Gil de Biedma, referido a España, pero también podía hacerlo a esta China tenebrosa y desconcertante retratada en este thriller, igualmente tenebroso y desconcertante. Un retrato en negro de una nación, antaño gloriosa, de pasado reciente comunista y de un presente salvajemente capitalista.

Un retrato hosco, ácido, inclasificable y sin contemplaciones. Un retrato sórdido y paradójico en la mirada de un ciudadano de ese país. Hablamos del actor y realizador Diao Yinan,  cosecha del 69, del que es la tercera película, y con la que se hizo con el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Un retrato que vehicula una historia más que singular, de 106 minutos de metraje. Un retrato inesperado que no dejará a nadie indiferente y que está levantando ampollas, dentro y fuera de esa nación inmensa y llena de contrastes. Un retrato que abarca cinco años desde 1999 hasta 2004.

Cinco años en la vida de un muy particular y presunto servidor de la ley y que comienzan con la investigación de unos crímenes cuyas víctimas aparecen, desmembradas y arrojadas, a modo de paquetes, sobre camiones de transporte de carbón, de ahí el título de la cinta. Este hombre ve morir asesinados a dos de sus compañeros en una emboscada durante la investigación del caso que se cerró en falso.

Luego, una brillante elipsis, en un túnel de autopista bajo la nieve, nos traslada en el tiempo al aquí y ahora del protagonista – un magnífico Fan Liao, Mejor Actor en la Berlinale – convertido en un guardia de seguridad alcoholizado, al que roba su moto quien, en principio, pretende auxiliarle tras una caída. A partir de ahí,  con el asesino de nuevo en activo y con el mismo modus operandi, inicia en solitario una excéntrica e irregular investigación poblada de situaciones y personajes más que peculiares y tan perdidos como él.

Estamos ante un fascinante ejercicio de estilo, ante un thriller  demoledor en el que no hay ni buen@s, ni mal@s porque refleja el nihilismo de una sociedad profundamente corrompida. Tod@s mienten, tod@s, aún con matices, delinquen, tod@s van a la deriva, tod@s actúan por impulsos que no siempre l@s espectadores-as – es de suponer que especialmente l@s occidentales…- codifican correctamente y que, en varias ocasiones, provocan un efecto inesperadamente cómico. En clave de grotesco y ácido humor negro.

Negro, negro, negrísimo en el que hasta la nieve parece oscura y, desde luego, tan hostil, sucia y hosca como todo el entorno sobre el que cae impenitentemente. Poblada de situaciones turbias, extemporáneas y atípicas, no deja títere con cabeza. Habitada por personajes masculinos más que áridos y agresivos con sus congéneres y con las mujeres, y por personajes femeninos herméticos y contradictorios, cuando no directamente bizarros. Con momentos estelares – ese final…- y otros en los que la inteligencia del espectador es sometida a una dura prueba porque adolece de una cierta coherencia argumental.

Con todo, pese a todo y por todo, permitan que les rompa sus esquemas, que les incomode y no dejen de verla. Merece ser tenida muy en cuenta.