Archivo diario: octubre 23, 2014

‘Perdida’: Maléfica

El muy prestigioso realizador estadounidense David Fincher, cosecha del 62, no se ha distinguido nunca por su amor a las mujeres. Ahí está una filmografía, pródiga en reconocimientos de público y crítica, para demostrarlo. Como en ‘El club de la lucha’, o en ‘Seven’, donde ellas eran meros floreros u objetos de deseo. O como en ‘La red social’ donde, entre otras cosas, Zuckerberg fundaba Facebook por una cita frustrada y que, independientemente de su interés o calidad, estaba plagada de comentarios soeces y sexistas dirigidos a las estudiantes, parte del alumnado universitario para el que inicialmente fue creada. Su remake de la primera entrega de Millennium parece ser la excepción a tal regla y es mérito de Stieg Larsson, claro.

Así y todo, con esta ‘Perdida’ que nos ocupa, su desamor hacia los personajes femeninos,  ha batido todos los récords… Cierto y lamentable es que se basa en el best seller del mismo título de una autora, Gillian Flynn, también guionista de la película, de 149 minutos de metraje. Pero, claro, la elección de este texto, la decisión de adaptarlo al cine, ha sido suya, y solo suya. Gira en torno a la desaparición de una mujer el mismo día en que se cumple su quinto aniversario de boda. Un matrimonio aparentemente modélico, cuya felicidad comienza a cuestionarse y el marido se convierte en sospechoso.

Aunque quien esto suscribe no suele leer – lo ha escrito ya, en otra entrada – las críticas ajenas antes de escribir las propias, la curiosidad pudo más y lo hizo con las citas de reseñas sobre esta cinta recogidas por FilmAffinity. Sin pretensiones de exhaustividad y sin mencionar a sus autores, todos hombres y críticos reconocidos, se leen calificativos como ‘ inteligente, fascinante, provocadora, excitante, ingeniosa, sofisticada, absorbente, hipnótica…’.  Quien esto suscribe no niega la calidad y elegancia, marca de la casa, de su puesta en escena y el clima que crea, tan turbio como intenso. Pero, sobre todas las cosas, ‘Perdida’ está lastrada por la profunda misoginia que la recorre.

Si se analizan los adjetivos laudatorios masculinos hacia esta película, es un hecho meridianamente claro que asumen el punto de vista del protagonista, un chico de Missouri, del que se hace un retrato bastante positivo frente al de la pérfida, manipuladora, perversa y malvada esposa. Pero el hombre en cuestión es infiel y tiene comportamientos violentos con ella. No importa, porque ella lo merece. Merece lo peor, porque es de la peor especie. La perspectiva siempre es la masculina y los peores adjetivos, y los peores roles, son adjudicados aquí – sean vecinas, amigas, amantes, suegra, locutoras, periodistas o incluso policía, con algún matiz – a las mujeres. La única que se salva de la quema es, como no podía ser menos, la incondicional hermana del marido.

Resulta penoso, inicuo y sonrojante que tan burdo retrato en negro de una cónyuge, que tan esquemática y tendenciosa visión de uno de los miembros de la pareja, haya concitado tales adhesiones. Muy, muy preocupante. Quien esto suscribe, sabe también que ha provocado debates críticos, pero no los ha leído antes de verla. Es sencillamente insultante que no haya ni un solo – leen bien, ni uno solo – comentario amable o comprensivo hacia ningún personaje femenino.

Porque todas ellas son arpías, con la excepción citada, en mayor o menor medida. Y la que no, carece de inteligencia. Estamos ante una apología del desprecio y odio hacia la mujer, desde el peor imaginario sexista y machista. Tal discurso fílmico patriarcal está, eso sí, revestido de una presunta y perversa ‘complejidad’, de una sofisticada y bella factura, que no oculta su profundo esquematismo, su farisaísmo ideológico.

Si una realizadora hubiera filmado algo parecido respecto de los hombres, la hubieran lapidado. No hay más.

perdida