Archivo mensual: octubre 2014

Seis días en Nueva York. Glorias y miserias

Un conocido escritor y critico le sugirió a quien esto firma que eligera entre ver Nueva York o el MOMA. Y, tras pasar casi tres horas entre sus obras maestras, quien esto firma le dio la razón. Resulta una experiencia tan estimulante como intensa sumergirse en un espacio tan espectacular e imponente como este, el primero del mundo en su especie, en el que también proyectan ciclos de cine. Del georgiano, en este caso.

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Por obvias razones de tiempo, se impone elegir y nos concentramos en tres de sus plantas. En ellas, nos codeamos de tú a tú con las glorias artísticas contemporáneas. Con lo mejor de cada casa en materia pictórica, sobre todo, pero también escultórica. Integradas, por supuesto, y de forma cronológica, en sus movimientos respectivos.

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Todo un privilegio absoluto disfrutar del inmenso talento de gentes tan dotadas como Monet, Picasso, Matisse, Frida Kahlo, Hopper, Georgia Okeefe, Gauguin, Modigliani, Miró, Gris, Braque, Diego Rivera, Leger, Liechtenstein y un enorme punto y seguido. O del impresionismo, cubismo, surrealismo, futurismo, Dada, abstracto…

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Y ahí no queda eso pues, en su precioso y singular patio, se exhiben esculturas de Calder, Henry Moore o el impactante Balzac, de Rodin. No hay palabras para describirlo.

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Pero, en otro orden de cosas, las emociones no acaban aquí, pues, cumpliendo con un rito turístico ineludible, nos espera el clásico musical. A mediodía, y en la tercera fila del teatro Imperial de Broadway,nos disponemos a ver Los Miserables. Una representación vibrante y magnifica, con una excelente puesta en escena, un reparto en estado de gracia y con sus célebres temas tan conmovedores y poderosos, servidos por voces extraordinarias.

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Las glorias del arte y la trágica belleza de la dignidad de la lucha de las criaturas más desheredadas, convierten a este día en otra jornada memorable.

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Seis días en Nueva York. Memoria, Libertad y Justicia

Hola, mañana. Nunca olvidaremos a los que se han ido, pero nuestra mirada se dirige hacia el futuro. Con esta frase, se inicia la entrada en la Zona Cero cuyo homenaje a las casi 3000 personas que perdieron la vida en los atentados del 11S consiste,  a pie de calle, en dos estanques reflectantes, situados donde estaban las Torres Gemelas. El agua que cae en cascada y es succionada en el fondo representa la tragedia, el abismo y el  duelo. Los nombres, todos los nombres, de las víctimas están grabados en sus bordes exteriores, junto a quienes perecieron por salvarlas. Impresiona,  y mucho,  verlo y sentirlo.
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El programa del día incluye sendas visitas a dos islas imprescindibles. La de la Libertad y la de Ellis.
El icono neoyorquino por antonomasia, diseñado por Bartholdi como un enorme puzzle, a base de piezas de cobre que fueron ensambladas por Eiffel, saluda fuerte y potente desde su pedestal a las muchedumbres que le rinden pleitesia y que incluso se permiten atravesar su interior, hacia su base y su corona buscando nuevos horizontes.

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En su habitat, el Hudson se funde con el océano y brilla más que nunca en este día radiante y luminoso. Libertad,  te llaman. Pero también la madre de los inmigrantes, el faro simbólico que les guiaba hacia la Tierra Prometida. Lo primero que veían al arribar al Nuevo Mundo.

Todo ello forma parte de la leyenda y del mito, que termina por hacerse añicos en la isla de Ellis. Cierto es que los nombres de los elegidos estan grabados en los muros exteriores. Pero también lo es que allí,   en un enorme sala, debían soportar rigurosos controles, incluidos los médicos. De sus penalidades anteriores, en la atroz travesía en barco que hubieron de sufrir, da cuenta un documental tan impactante en sus imágenes, como tramposo y mixtificador en su ideología. Tierra de esperanza,  tierra de lágrimas. Asi se llama. Lo fue, lo es y a muchos y muchas les negaron la entrada a las puertas mismas del presunto Paraíso.

Seis días en Nueva York. Horas de Museo

El Metropolitan neoyorquino o, en su abreviatura Met, es, como la ciudad misma,  inabarcable por definición. Así que quien esto suscribe, que no es, ni pretende serlo, ninguna experta en arte, se propone en esta entrada dar cuenta de algunos nombres propios y algunas impresiones provocadas por su visita de ayer allí.

Una visita obligada, por otra parte, pues su oferta en obras maestras del arte de todos los tiempos es tan apabullante como el propio edificio que las contiene. Joyas del arte egipcio, incluidos varios sarcófagos y hasta un templo. Templo presuntamente cedido al Gobierno, pero puede sospecharse slgo menos regular, por decirlo suavemente. Con decirles que tienen hasta una reja, también regalada, según dicen, por la catedral de Valladolid…

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No se puede con todo.Hay que seleccionar y no lo ponen nada fácil, sino todo lo contrario. Nombres propios inmortales, escuelas, movimientos pictóricos, estilos tales como, por ejemplo, los primitivos italianos, Fra Angélico, Fra Filippo Lippi, Botticelli, Tiziano,  Velazquez, El Greco, Goya, Rubens, Rembrandt, Murillo y quienes se les ocurra. Creadoras como Artemisa Gentileshi, Marie Denise Villiers o Adelaide Cabille Guiard.

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Capítulo aparte merece la sala con grandes vidrieras y vistas al Central Park, dedicada al arte americano. Con Tiffany y La Farge a la cabeza, se exhiben púlpitos, escaleras, chimeneas, cerrajerias variadas y hasta una escultura de Diana que Vita Lirola identificó correctamente como la veleta de la antigua Giralda neoyorquina ya demolida. Tal cual.

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Seis días en Nueva York. Naturaleza y Arte

Con un cielo brillante y gris, si, estas paradojas son posibles, nos encaminamos a Central Park que luce precioso, verde y húmedo, junto a los dorados y fucsias otoñales. Frondoso, pero con grandes praderas que permiten contemplar el clásico perfil neoyorquino. Con hermosos lagos que lo recorren y bancos en todos sus caminos.

Bancos de madera con placas de bronce en sus respaldos en las que particulares, que han pagado por ello, recuerdan a sus seres queridos, sus aniversarios de boda, a sus animales perdidos y hasta hacen propuestas matrimoniales. De lo más curioso.

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El edificio Dakota, de siniestro recuerdo tanto en la ficción, por La semilla del diablo, como en la vida real, por el asesinato de Lennon, nos contempla, hermoso e imponente, mientras nos acercamos a la famosa glorieta Strawberry Fields, en homenaje al músico. Con un mosaico en blanco y negro, con la leyenda Imagine. Un clásico que suena allí mismo, en la voz de un artista callejero.

Luego, la preciosa Fuente de Bethesda, es otra parada obligatoria, con su ángel presidiendola, mientras las palomas se posan en sus alas y en su cabeza. Fue esculpida por Emma Stebbins, creadora bohemia y feminista. De ahí, al Castillo de Belvedere, con magníficas vistas a la Quinta Avenida, desde distintas alturas.

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Y el broche de oro de la visita a este parque único es rendir pleitesia al País de las Maravillas, con Alicia, el Sombrero Loco, el Conejo Blanco, el Gato de Cheshire y la Liebre de Marzo. Con la divertida banda sonora de los juegos infantiles en torno a los famosos personajes de ese libro inmortal.

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Seis días en Nueva York. Otros mundos

El otoño neoyorquino nos regala un cielo completamente azul, la tercera variante térmica desde nuestra llegada, con la que disfrutar de otra visión de la ciudad, de sus contornos,  volúmenes y edificios. Otra atmósfera. Hoy toca subir al Empire State o, lo que es lo mismo, el rey del perfil de la Gran Manzana.

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En sus vestíbulos,  pueden verse homenajes a quienes lo construyeron sin red, ni casi medidas de seguridad. Preciosas fotos de la época,  que impresiona contemplar. Y en videos, las personalidades que lo visitaron y los trailers de las películas que lo inmortalizaron como Tú y yo, Algo para recordar, Con la muerte en los talones o Taxi Driver. Pero, sobre todo, la de su personaje fetiche, mi adorado King Kong.

80, 86 y 102 pisos, son las tres alturas desde las que visionar las imponentes y espectaculares vistas de la metrópolis,  con sus iconos más emblemáticos, sus dos ríos,  el Hudson y el East River. Sus tres islas, aparte de Manhattan, Staten, Ellis y Liberty. Sus puentes más conocidos y tres Estados. Una experiencia única.

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Como único es el hecho de atravesar el puente de Brooklyn y sumergirse en otra Nueva York, llena de silencio y paz.Y de Historia. De gentes dignas que lucharon pot la abolición de la esclavitud. Como un joven Walt Withman, periodista a la sazón.

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Y de ahí, al bullicio incontrolable de Tribeca, Little Italy y Chinatown que nos hablan de De Niro, Scorsese o Frank Sinatra. Hay  otros mundos,  pero todos están Nueva York.

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Seis días en Nueva York. Contrastes

La crónica de ayer no dio cuenta de lo visto y experimentado en otra jornada intensa, al estar precedida por un necesario prólogo. Pero,  y aunque escribir con la Tableta resulta exasperantemente lento, la abajo firnante se propone registrarla,  aqui y ahora,  en toda su estimulante complejidad.

Grand Central Terminal es mucho más que la estación más famosa y emblemática de esta ciudad y una visita obligada. Es una obra de arte,  escenario de tantas películas míticas, y un lugar mágico, de un belleza arrebatadora, que se diría suspendido en el tiempo pese a las multitudes que la pueblan. Volveremos sobre ella, porque está prevista otra visita en profundidad, como merece.

Producto de la competencia entre prohombres inmensamente ricos, te acoge con toda su imponente majestuosidad aliada a un exquisito refinamiento. Como la cúpula de su grandioso vestibulo, de fondo turquesa, representando las constelaciones, pero vistas a la inversa, desde la mirada de un dios inmortal. Hasta todos y cada uno de los detalles que la enriquecen y adornan, lámparas, relojes, espacios, formas, superficies, diseños, mobiliario y hasta un llamado rincón de los susurros, donde puedes oir perfectamente lo que te dicen desde la esquina opuesta. Una auténtica joya, en toda su integridad, de la que no quieres despedirte.

Como contraste, sumergirse en el multitudinario bullicio de Broadway, Times Square y la Quinta Avenida donde la elegancia, el kitsch más fascinante y la quintaesencia del consumismo más elitista coexisten pacífica y alborozadamente.
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Seis días en Nueva York. Una aclaración imprescindible

La autora de estas crónicas ni es, ni lo pretende, una experta en arte,  arquitectura, urbanismo, ni en nada que concierne a una metrópolis tan compleja e inabarcable como la que nos ocupa.  Por el contrario, reconoce su ignorancia en tales disciplinas y asume su enorme osadía al hacerlas públicas a través del blog.

Se trata de dejar una constancia intensamente personal, subjetiva e intransferible de un viaje único para su archivo de memoria más particular. Una vez dicho esto, certificar que a esta ciudad le sienta muy bien el día. Más aún, como el de hoy, cuando el cielo llora sobre ella y permite apreciar, bajo su luz tamizada los contornos y detalles de esos edificios singulares que le confieren sus irrepetibles señas de identidad.

Rascacielos y mansiones de una belleza tan clásica como radicalmente transgresora, que dejan sin aliento. En unos y otras, se conjugan estilos y materiales muy diversos, asi como alturas tan contrapuestas, pero que armonizan perfectamente. Ladrillo, vidro, cristal,  cobre, hierro… Modernismo,  Art Deco, neo gótico, neoclasicismo, eduardiano junto a las formas más futuristas y rompedoras. Una combinación tan sorprendente como irresistible. Continuará…

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A modo de prólogo. N.Y., N.Y…

El primer contacto de la abajo firnante con el suelo estadounidense tuvo la banda sonora del atronador aplauso del pasaje al aterrizar el avión. Tan cinematográfico. .. Curiosa la sensación de retroceder en el tiempo,  a la escala mínima de los husos horarios. Seis horas menos y ya estamos en el aeropuerto de New Jersey, recordando a Gandolfini y Los Soprano. Leve el control de inmigración, comparado con el de Lisboa, nuestra escala precedente. Tras tomarnos las huellas y sellar los pasaportes, nos despidieron con un: “Have fun, girls”.

Desde el bus que nos conduce a nuestro destino, un grito jubiloso señalando al Empire State nos anuncia que estamos llegando Ahí está,  imponente e iluminado,  en todo su esplendor nocturno. Como la propia ciudad, tan impactante como un ascua de luz de neones y de colores. Impagable verla así, por el Midtown de Manhattan, atravesando la calle 42 a su paso por Times Square, la Quinta Avenida, la Biblioteca, Grand Central Station. Todo ello como grandiosos titulares, dorados y magníficos, de las promesas que encierra. Continuará…
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No sólo cine: Seis días en N. Y.

Este texto es para dejar constancia de que quien esto suscribe va a hacer un paréntesis en sus reseñas blogueras, porque se va de viaje a la Gran Manzana. Un viaje soñado e inesperado. El mejor regalo que alguien puede tener, de la mejor hija posible. Escrito queda a modo de aviso, para posibles lectores-as acostumbrad@s a la periodicidad, muy frecuente, en las publicaciones.

Quien esto suscribe ha visto cintas que, para bien o para mal, no ha reseñado con los preparativos. Quien esto suscribe, no descarta – la que avisa no es traidora… – registrar algunas de sus experiencias o vivencias allí, si las considera de interés. Quien esto suscribe, se congratula de, con la que está cayendo, tener la oportunidad de salir de este país y abrazar los muchos e inabarcables estímulos de ‘la ciudad que no duerme’. Quien esto suscribe, les desea lo mejor en este paréntesis.

 

 

‘Black Coal’: En un viejo país ineficiente…

Para el perro Excalibur, en el corredor de la muerte, víctima inocente de la sórdida ineptitud de una ministra y de un Gobierno, que pretenden hacerle pagar la gravísima crisis sanitaria provocada por su incompetencia.

El subtítulo de esta crítica se refiere al comienzo de un hermoso y célebre poema del gran Gil de Biedma, referido a España, pero también podía hacerlo a esta China tenebrosa y desconcertante retratada en este thriller, igualmente tenebroso y desconcertante. Un retrato en negro de una nación, antaño gloriosa, de pasado reciente comunista y de un presente salvajemente capitalista.

Un retrato hosco, ácido, inclasificable y sin contemplaciones. Un retrato sórdido y paradójico en la mirada de un ciudadano de ese país. Hablamos del actor y realizador Diao Yinan,  cosecha del 69, del que es la tercera película, y con la que se hizo con el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Un retrato que vehicula una historia más que singular, de 106 minutos de metraje. Un retrato inesperado que no dejará a nadie indiferente y que está levantando ampollas, dentro y fuera de esa nación inmensa y llena de contrastes. Un retrato que abarca cinco años desde 1999 hasta 2004.

Cinco años en la vida de un muy particular y presunto servidor de la ley y que comienzan con la investigación de unos crímenes cuyas víctimas aparecen, desmembradas y arrojadas, a modo de paquetes, sobre camiones de transporte de carbón, de ahí el título de la cinta. Este hombre ve morir asesinados a dos de sus compañeros en una emboscada durante la investigación del caso que se cerró en falso.

Luego, una brillante elipsis, en un túnel de autopista bajo la nieve, nos traslada en el tiempo al aquí y ahora del protagonista – un magnífico Fan Liao, Mejor Actor en la Berlinale – convertido en un guardia de seguridad alcoholizado, al que roba su moto quien, en principio, pretende auxiliarle tras una caída. A partir de ahí,  con el asesino de nuevo en activo y con el mismo modus operandi, inicia en solitario una excéntrica e irregular investigación poblada de situaciones y personajes más que peculiares y tan perdidos como él.

Estamos ante un fascinante ejercicio de estilo, ante un thriller  demoledor en el que no hay ni buen@s, ni mal@s porque refleja el nihilismo de una sociedad profundamente corrompida. Tod@s mienten, tod@s, aún con matices, delinquen, tod@s van a la deriva, tod@s actúan por impulsos que no siempre l@s espectadores-as – es de suponer que especialmente l@s occidentales…- codifican correctamente y que, en varias ocasiones, provocan un efecto inesperadamente cómico. En clave de grotesco y ácido humor negro.

Negro, negro, negrísimo en el que hasta la nieve parece oscura y, desde luego, tan hostil, sucia y hosca como todo el entorno sobre el que cae impenitentemente. Poblada de situaciones turbias, extemporáneas y atípicas, no deja títere con cabeza. Habitada por personajes masculinos más que áridos y agresivos con sus congéneres y con las mujeres, y por personajes femeninos herméticos y contradictorios, cuando no directamente bizarros. Con momentos estelares – ese final…- y otros en los que la inteligencia del espectador es sometida a una dura prueba porque adolece de una cierta coherencia argumental.

Con todo, pese a todo y por todo, permitan que les rompa sus esquemas, que les incomode y no dejen de verla. Merece ser tenida muy en cuenta.