A modo de prólogo. N.Y., N.Y…

El primer contacto de la abajo firnante con el suelo estadounidense tuvo la banda sonora del atronador aplauso del pasaje al aterrizar el avión. Tan cinematográfico. .. Curiosa la sensación de retroceder en el tiempo,  a la escala mínima de los husos horarios. Seis horas menos y ya estamos en el aeropuerto de New Jersey, recordando a Gandolfini y Los Soprano. Leve el control de inmigración, comparado con el de Lisboa, nuestra escala precedente. Tras tomarnos las huellas y sellar los pasaportes, nos despidieron con un: “Have fun, girls”.

Desde el bus que nos conduce a nuestro destino, un grito jubiloso señalando al Empire State nos anuncia que estamos llegando Ahí está,  imponente e iluminado,  en todo su esplendor nocturno. Como la propia ciudad, tan impactante como un ascua de luz de neones y de colores. Impagable verla así, por el Midtown de Manhattan, atravesando la calle 42 a su paso por Times Square, la Quinta Avenida, la Biblioteca, Grand Central Station. Todo ello como grandiosos titulares, dorados y magníficos, de las promesas que encierra. Continuará…
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