‘Diplomacia’: Obediencia debida…

 

Volker Schlöndorf, cosecha del 39, es un guionista, productor, documentalista y realizador alemán, del máximo prestigio. Uno de los cineastas claves del llamado Nuevo Cine de su país. Entre su filmografía, se cuentan títulos como ‘El joven Törless’, ‘El honor perdido de Katharina Blum’ o ‘El tambor de hojalata’. Datos de Wikipedia.

Ahora, años después de su último estreno, nos llega esta coproducción franco-alemana, de 80 minutos de metraje, basada en hechos reales y sobre la obra teatral de Cyril Gely. Datos de FilmAffinity. Ambientada en agosto de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, y con las tropas aliadas a punto de entrar en la capital francesa. En ese contexto, tiene lugar una negociación clave entre el cónsul sueco de la ciudad y el militar alemán al mando de la misma para tratar de evitar que este último, siguiendo las órdenes de Hitler, vuele París.

Para comenzar, y aunque la cinta no reniega de su origen teatral, y la conclusión sea afortunadamente conocida,  ‘Diplomacia’ mantiene la agilidad narrativa y un desasosegante suspense hasta el final. Y ello, pese a transcurrir en su mayor parte en el despacho del general, al que el diplomático accede sin haber sido citado, ni invitado, para mantener el pulso más importante de su vida. Para lograr el éxito de una misión que salvará a millones de personas, a un patrimonio histórico, arquitectónico, y artístico y a una urbe única, de la devastación más absoluta.

El director hace gala, en efecto, de toda su sabiduría fílmica en ese tour de force denso e intimista, en el que retrata las personalidades de ambos interlocutores, mientras la derrota nacional-socialista es un hecho y, precisamente por ello, deben actuar a la desesperada. En el que retrata a un general para quien la obediencia es ley, aunque se revelen luego otras razones. Un nazi que no es esquemático, ni de opereta, sino, pese a sus crímenes, un ser humano complejo. Un militar de alta graduación, encarnado con maestría por un inmenso Niels Arestrup, Mejor Actor en la Seminci vallisoletana.

Pero también a un contendido diplomático jugando todas sus cartas hasta el límite y no dándose nunca por vencido. Tan firme como lo permite su frágil e inestable posición, y tan inteligente y sutil argumentando para desestabilizar a su pétreo e inconmovible adversario. Magnífico André Dussollier. Y el climax que va in crescendo, como si de un thriller se tratase, mientras se alternan las imágenes documentales, con las de las cargas explosivas, a punto de ser detonadas bajo los principales puentes de la ciudad. Mientras hierven, o se bloquean las comunicaciones, y los soldados entran y salen del despacho recibiendo, comunicando y transmitiendo órdenes.

Una puesta en escena concisa, clásica e intensa. Una fotografía al servicio de lo narrado, de Michel Amathieu. Una música que subraya y no se impone, de Jörg Lemberg. Un cineasta alemán de talento, revisando crítica y honestamente el pasado histórico de su país. Mejor Dirección en la Seminci. Tienen sólo dos días, con hoy, para verla en su versión original. Ya están tardando…

 

 

 

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