Archivo mensual: enero 2015

‘En cartelera’: Pasado, presente y futuro

 

La oferta de la nueva cartelera tiene, como no podía ser menos, una abrumadora presencia de cintas estadounidenses. Pero solo dos se proyectan, y en el segundo caso no en todas las sesiones, en versión original. Comenzamos por ellas. La primera es ‘Alma salvaje’, del director de ‘Dallas Buyer´s Club’, Jean-Marc Vallée. Sobre una mujer que se propone redimir su pasado y encontrarse a sí misma, atravesando en solitario el desierto de Mojave. Las referencias son muy buenas y especialmente en lo que se refiere a su protagonista, Reese Whiterspoon, candidata al Oscar por este papel. Se impone verla.

La segunda es un thriller, ‘Nightcrawler’, de Dan Gilroy. Una crítica al periodismo sensacionalista, a través de un intruso sin escrúpulos. Con algunas excepciones, ha gustado bastante. No hay que perdérsela. Muchos elogios asímismo para su personaje central, interpretado por Jake Gyllenhaal.

Doblada nos llega la última propuesta de un clásico del cine norteamericano, Michael Mann. Se trata de ‘Blackhat- Amenaza en la red’. Otro thriller sobre ciberdelincuencia en el que agentes de diferentes nacionalidades se unen para detener a un hacker. Ha obtenido críticas negativas.

División de opiniones respecto a la comedia española ‘Las ovejas no pierden el tren’, de Álvaro Fernández Armero, una historia coral de encuentros y desencuentros.

Algo más ha convencido la también norteamericana de ciencia ficción, ‘Project Almanac’, de Dean Israelite, sobre un grupo de jóvenes que intentan lucrarse con una máquina de viajes en el tiempo.

Referencias encontradas también para el filme animado japonés, ‘Capitán Harlock’, de Shinji Aramaki.

Finalizamos con la ausencia que lamentar. Un drama holandés de temática familiar, ‘Eva van end’, de Michiel ten Horn, a la que la prensa especializada ha considerado singular y transgresora.

‘La teoría del todo’: Hacia el infinito…

 

‘Hacia el infinito’ es el título castellano del libro de Jane Wilde, en el que se basa esta película que nos ocupa. Esta autora británica, cosecha del 44, es doctora en Lenguas Romances y educadora. Publicó esta obra autobiográfica sobre su vida conyugal en 2008, una versión actualizada de la que se editara en 1999. 25 años de matrimonio y tres hijos en común. Su marido, ya lo saben, fue nada menos que Stephen Hawking, cosecha del 42, el mundialmente famoso cosmólogo y astrofísico inglés.

Y ha sido el compatriota de ambos James Marsh, cosecha del 63, quien ha abordado esta biopic centrada en el periodo que va desde que se conocieran, hasta que él la abandonó por otra mujer. Casi tres décadas intensas, que incluyen, además, el diagnóstico de la terrible enfermedad, que postraría al científico hasta su estado actual, y por el que le dieron apenas dos años de vida.

El realizador aborda el relato, cuyo guión es de Anthony McCarten, con sensibilidad, respeto y delicadeza. Acierta con ese tono, especialmente en la primera mitad. Está muy bien narrado el encuentro en el contexto estudiantil de élite, el romance y la demoledora prueba que ambos tuvieron que superar. En efecto, esta parte del metraje está habitada por momentos intensamente emotivos, pero nunca exhibicionistas, ni facilones, ni chantajistas, ni tramposos. Y también llena de humor.

Otra cosa, aunque tampoco sean desdeñables algunas sugerentes elipsis, es la visión tan contenida de lo que debió ser para ella, especialmente, una durísima experiencia del día a día, en la segunda mitad.  Con tres hijos pequeños, un marido incapacitado que se negaba a aceptar otra ayuda que la suya, con un carácter no siempre fácil y habiendo renunciado a su desarrollo intelectual y profesional. De hecho, fue tan devastador – lo ha contado en más de una entrevista – que estuvo a punto de quitarse la vida.

La cinta pasa de puntillas sobre esos aspectos cotidianos que debería haber mostrado. Obvia, así, el retrato en negro de un matrimonio. Con lo que, paradójicamente, incurre en una falta de credibilidad y en ciertos vacíos del guión, que banalizan la profunda desdicha de la protagonista, la enormidad de su entrega, en aras del genio a cuya causa se dedicó en cuerpo y alma. Hasta el extremo de abandonar una promesa de felicidad legítima, ese interludio romántico sí está muy bien tratado. No así la rutilante, apenas explicada, pasión del protagonista por la que sería su muy controvertida segunda mujer.

Con todo, una película digna. Una biopic que, salvo los citados, elude los lugares comunes al uso. Que tiene una buena, clásica y elegante factura que resaltan las imágenes de Benoit Delhomme y la partitura de Johan Johansson y, sobre todo, dos intérpretes prodigiosos, llenos de talento, Eddie Redmayne y Felicity Jones. Escrito quede que, con sus carencias y mixtificaciones, merece ser vista.

 

Premios ASECAN 2015: El cine andaluz se viste de Gala

A esta hora temprana de la tarde, cuando los teletipos ya se han hecho eco del Palmarés de los Premios de la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía. A esta hora temprana de la tarde, pues, solo le cabe a quien esto firma consignar los, para ella, momentos estelares de una Gala, la de los Premios ASECAN-SGAE, que cada año se supera a sí misma. De una organización impecable y del impecable – y desinteresado – trabajo de soci@s, junta directiva y amistades, que consiguieron maximizar, con imaginación, creatividad, y glamour, el escaso presupuesto del que disponían.

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Así fue, desde el buen hacer del y la presentadora. A saber, los periodistas Rafael Pontes – enorme, derrochando ingenio, recordando a Grecia y a Haneke, que aún no ha recogido su premio – y Marta Jiménez, estupenda, no le fue a la zaga. Junto a las hilarantes intervenciones-imitaciones de la brillante humorista Leonor Lavado. Además del ambiente de incontenible alegría y vitalidad que se transmitía, dentro y fuera del escenario. Tanto desde el patio de butacas como desde el anfiteatro, donde se sentó quien esto firma, muy bien acompañada, y donde la complicidad, los aplausos, las risas y la emoción fueron la tónica reinante.

Hora es ya de consignar – son todos los que se mencionan y es imposible que estén todos los que son -, hablando de emociones, los momentos más candentes y vibrantes, de signos diversos, de los discursos de l@s premiad@s. Como la sutileza ingrávida de Ingrid García Jonsson, Actriz Revelación por ‘Hermosa juventud’, de Jaime Rosales  a quien se le había perdido una lentilla con tanto trajín, que agradeció mucho al director semejante papel, y que pidió trabajo para l@s jóvenes en estos tiempos de crisis.

Como el estilo y el savoir faire de Cuca Escribano, al recoger el suyo, por ‘Los tontos y los estúpidos’, de Roberto Castón. O la humildad tan conmovedora de Virginia de Morata por ‘321 días en Michigan’, de Enrique García. Tres actrices premiadas y un actor, todo un clásico, el excelente Juan Diego de ‘Anochece en la India’, de Chema Rodríguez, quien, griposo y apenas sin voz, llamó a la resistencia y al cambio.

Como la alegría del premio a la Producción de Televisión que fue para el notable documental ‘Alcalá Zamora. La Tercera España’, de José F. Ortuño y Fátima Santos, que el primero dedicó a la estupenda Laura Alvea, y que el representante de Canal Sur aprovechó para reivindicar la televisión pública. O el sentido discurso de la realizadora Remedios Malvárez, Mejor Cortometraje Documental, por ‘Silencio’. Celebramos también que otra mujer se haya llevado el de su homónimo de ficción por ‘Oasis’. Otra mujer que es tocaya de nombre y apellido de quien esto firma, Carmen Jiménez.

O la elegancia escueta de Víctor Barrera, Premio Asecan de Honor. O el recuerdo, tan justo, a Miguel Picazo del coordinador del Libro de Cine, ‘Jimena, guión cinematográfico inédito’, Enrique Iznaola. Por cierto, uno de los pocos que, con algunas premiadas, utilizaron los dos géneros. Se agradece y mucho.

Diez de diez para ‘La isla mínima’. Todo un pleno. Pero tuvieron que marcharse, adelantando la gran final, porque les esperan en Madrid, casi a estas horas, los Premios Feroz. Y los Goya, en febrero. Imparables. De las intervenciones del equipo, destacamos la emotividad a flor de piel y a lágrima saltada, que se contagió al escenario y a toda la sala, del montador José Manuel García Moyano y el más contenido del coguionista, Rafael Cobos, quien se lo dedicó a su futuro hijo, a punto de nacer, y que trae tanto bajo el brazo… O la del crítico y amigo, Miguel Olid Suero, un más que digno “perdedor”, al presentar al citado premio honorífico.

Muchas referencias al injusto IVA y a las salas que ha cerrado. A la crisis que nos azota y a la esperanza de un tiempo mejor. Y a las nuevas promesas, porque, como señaló muy acertadamente el presidente de Asecan, Javier Paisano en su lúcido discurso, se han premiado en esta edición “a tres generaciones distintas de cineastas”. Lo que suscribió Verónica Repiso, coordinadora de SGAE en Andalucía.

‘Boyhood’, de Richard Linklater y ‘Magical girl’, de Carlos Vermut han sido las cintas no andaluzas elegidas por la crítica. Y ya solo resta agradecer a ASECAN-SGAE el placer de haber sido testigo de un evento gozoso, divertido, emotivo y brillante. De haber tenido el honor de formar parte de la gran fiesta del cine andaluz. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘En cartelera’: En la variedad está el gusto…

La oferta de nuevos estrenos está presidida por el eclecticismo y por la variedad de temáticas y géneros. Desde un documental a un musical, desde dramas hasta un thriller de ciencia ficción. Además se proyectarán en estas dos próximas semanas las nominadas a la Mejor Película en los Goya en los cines de U.C.C. Estén atent@s a la cartelera por si quieren repescarlas o volver a verlas.

Volviendo a la actualidad de la nueva oferta, comenzamos, como es habitual, por las que se exhiben en versión original. Como el musical fantástico estadounidense, ‘Into the woods’, de Rob Marshall, versión moderna de los cuentos de los célebres Hermanos Grimm, con una historia de hilo conductor. Tiene varias nominaciones a los Oscar, un reparto de lujo en el que destacamos a Jhonny Depp, Meryl Streep o Emily Blunt y buenas referencias. Hay que verla.

La segunda es la hispano-norteamericana, ‘No llores, vuela’, de Claudia Llosa. Sobre la difícil relación entre una mujer y su hijo, ambos de personalidades fuertes y singulares. Ha cosechado división de opiniones, pero se impone su visión.

Buenas críticas, en cambio, para el documental francés, que no hay que perderse, ‘Camino a la escuela’, de Pascal Plisson, que cuenta las dificultades que tienen que afrontar cuatro héroes anónimos – tres niños y una niñe – para llegar a sus colegios. Lamentablemente, se proyecta doblada.

Y el drama histórico alemán, ‘La conspiración de silencio’, de Giulio Ricciarelli, acerca de un periodista y un fiscal que ven envueltos en un muro de silencio y complicidades, cuando van tras la pista de un peligroso nazi en la posguerra de este país. No hay que obviarla, porque ha gustado bastante.

Lo mismo cabe decir de la ópera prima inglesa, ’71’, de Yann Demange. Sobre un soldado británico abandonado por su unidad en Belfast en un año, como el que da título al filme, en el que las hostilidades estaban candentes. Un thriller dramático bélico, que ha sido muy apreciado por la crítica y que no hay que perderse.

Finalizamos con las inéditas, que siguen engrosando la lista negra de las que, de momento, no veremos en Sevilla. Son dos. Un drama familiar y una comedia, por este orden. La primera es la argentina, ‘La reconstrucción’, de Juan Taratuto. Sobre un solitario que reencuentra sus emociones junto a un amigo y a su familia en un viaje que le resultará iniciático. Ha gustado bastante.

La comedia es la anglo-lituana, ‘Redirected’, de Emilis Velyvis, sobre cuatro atracadores atrapados en un país del este, del que no pueden escapar. Sin referencias

No solo cine: No llores por mí, Argentina…

Otra cita imprescindible del Centro Andaluz de las Letras en la Biblioteca Pública Infanta Elena, de Sevilla, esta tarde-noche de enero. La de la presentación, a cargo de Fernando Iwasaki, de la reedición, once años después, corregida, ampliada, renovada y enriquecida, del libro de Andrés Neuman, ‘Una vez Argentina’. No fue un acto al uso, ni mucho menos, sino un divertido, chispeante, ingenioso y cómplice diálogo sobre la obra entre dos autores que, además, son muy amigos.

La directora de la biblioteca comentó que, en la obra, “vida y literatura se funden” y citó a Borges, “pertenecer a un país es un acto de fe”, para enfatizar que Neuman ha sido, por este orden, “argentino, granadino y, ahora, sevillano”. Y el presentador no le fue a la zaga, pues declaró que hizo lo propio con la versión anterior en Las Atarazanas. Confesó además que entre ambos hay historias personales y familiares muy parecidas y, a manera de magdalena proustiana, puso un alfajor en la mesa para que dejara fluir los recuerdos y endulzara la novela.

A partir de aquí, el protagonista calificó su libro de una ‘autobiografía prenatal’ en el que, aún expresado de manera simplista, pretende narrar un siglo de su país a través de la historia familiar y viceversa. Así que este material fue sometido a relecturas y reescrituras, contando con Internet y las redes sociales que entonces, en la primera versión, no existían. Ahora es distinto, “se puede regresar audiovisualmente al pasado”. Por ello cuando Alfaguara le propuso reeditarlo no lo pensó. Tenía ya todo completado y además las nuevas historias que le contaron, “el oído es el órgano más importante de esta novela”. Incluso “raíces alienígenas”, porque “somos equipaje”.

Iwasaki lo suscribió comentando que no reparó en cosas hace once años que ahora sí importan pero…”¿cómo se reescribe a los padres?”. Y Neuman, “hay que releer la propia infancia, entender el crimen familiar en términos de novela negra” Porque al cumplir años, según él, se pierden muchas cosas, pero se pregunta mejor. Se cuestiona y se sospecha de versiones anteriores. Definió la obra como diálogos con quienes ya no están, como “dialogar con fantasmas”. El periodo de tiempo que describe, de hecho, va desde 1900 hasta 1991 en que abandonó Buenos Aires. Dado que aún no tiene 40 años, su propia figura ocupa muy poco espacio en el texto.

Pero hay tant@s protagonistas, tantas narraciones en este relato coral y transgresor de memoria de ancestros, histórica y social… Como la de una tía secuestrada por la dictadura argentina, estando encinta, que reapareció misteriosamente y que estaba retenida a pocos metros de su casa. O como las de su padre ý la de su bisabuelo que se libraron del servicio militar fingiendo ser parientes de sendos futbolistas. O la de su bisabuelo gallego que perdió el acento, pero no la identidad, ni la descacharrante descripción, incluso física, que de él hacía su D.N.I. O la de su bisabuela que nació en un país indeterminado por las fronteras y las guerras. O de los cambios de nombre de sus parientes – “en mi familia, todo el mundo se llama como le da la gana” – y también de nacionalidades.

O la de su abuela francesa que leía a De Beauvoir, o la del abuelo que quemaba libros, una vez asimilados pero que, a súplicas de su esposa, salvó ‘Otras inquisiciones’, de Borges. O de los explotados colonos judíos argentinos, cuando el sionismo era de izquierdas. O de que la reparación de las víctimas de la dictadura permite cuestionar también a quienes lucharon contra ellas. O de la música en la novela, es la profesión de sus padres, familia de ‘músicos secretos’, pues él mismo estuvo a punto de nacer durante un concierto de la orquesta sinfónica. O del fiscal Nisman. O de que la información más valiosa de las familias está en las ovejas negras, como la que le proporcionó una tía ‘presuntamente loca’. O… de tantas y tantas cosas más de las que esta, necesariamente esquemática, crónica es solo un pobre y pálido reflejo.

Fernando Iwasaki finalizó el acto con un “vamos a recordar este día en el que estuvimos con Andrés y le escuchamos” Quien esto firma, suscribe. Por ello, se considera tan afortunada por haber estado presente – gracias al Centro Andaluz de las Letras y a la Biblioteca Pública Infanta Elena – en un acto tan enriquecedor, estimulante, divertido y gozoso. Por haber recibido un regalo único, literario y testimonial. Por haber asistido a este diálogo entre dos mentes maravillosas que desvelaron un libro singular.  Háganse con él, léanlo.

 

 

 

‘Siempre Alice’: El arte de perder

Según la protagonista de esta cinta – ‘Still Alice’, en su título original, cuya traducción al castellano más ajustada sería ‘Aún Alice’ o, más libremente, ‘Sigue siendo Alice’… – el diagnóstico, la vivencia del Alzheimer, es el arte de perder. Perder la memoria, los recuerdos, a los seres queridos, el pasado, el presente, el futuro y la propia identidad. Esto lo declara ante una audiencia compuesta mayoritariamente de enferm@s del mismo mal que a su personaje- una eminente lingüista, profesora, escritora e investigadora – le ha sido diagnosticado cuando acaba de cumplir unos espléndidos cincuenta años y está en la plenitud de su carrera profesional.

Sobre esta enfermedad, más frecuente en ellas, hemos visto títulos como, entre otros, ‘Iris’, de Richard Eyre, ‘Lejos de ella’, de Sarah Polley, ‘Amour’, de Michael Haneke o ‘Arrugas’, de Ignacio Ferreras. Pero en todos, sus víctimas eran de una edad avanzada. La novedad de esta historia es, como se ha citado antes, la precocidad, y celeridad, de los síntomas y el que sean hereditarios. El que, además, como en tres de las citadas, haga estragos en otras tantas mujeres cultas, con éxito e inteligentes, con una situación socio-económica boyante y con parejas muy entregadas y bien avenidas es, sin embargo, una característica común.

El matrimonio formado por el estadounidense Richard Glatzer, escritor y realizador, de la cosecha del 52, y su colega, el británico Wash Westmoreland, de la cosecha del 66, realizan y escriben esta cinta, basada en una novela de Lisa Genova. Tiene 101 minutos de metraje, su fotografía es de Denis Lenoir, su banda sonora de Ilan Eshkeri, en su reparto están Alec Baldwin, Kirsten Stewart o Kate Bosworth, que cumplen con su trabajo dignamente. Pero, sobre todas las cosas, tiene a una espléndida Julianne Moore quien ya ha ganado un Globo de Oro, además de muchos galardones y nominaciones más, y que – lo hemos escrito ya en este blog – recogerá la estatuilla más preciada, si no hay sorpresas, el próximo 22 de febrero.

Porque ella, y solo ella, es el alma de una película que, aunque de factura cuidada, sin su entrega hubiera devenido plana y sin su contención hubiera devenido lacrimógena. De una película de quiero y no puedo, al entender de quien esto suscribe. Ni facilona, ni arriesgada. Ni cobarde, ni valiente. Ni intensa, ni contenida. Ni, desde luego, mejor de las que la precedieron. Ni novedosa, ni exactamente tópica, pero que tampoco sabe sacar partido de unas señas de identidad propias.

Ni un documento sobre el  implacable deterioro provocado por un mal impío, ni una exaltación de las cosquillas emocionales del espectador-a, aunque a nivel del grupo familiar contenga algún que otro lugar común. Pero lo cierto es que, como alguien le ha reprochado, exhibe una cierta indiferencia hacia otr@s enferm@s cronológica y de estatus diferentes al personaje central.

Solo ella, pues, consigue emocionar y transmitir la dimensión infinita de su pérdida. Su devastación y vulnerabilidad, pero también su fuerza y elegancia ante la inminencia del vacío más absoluto. El arte de perder, el arte de ganar, lo maneja Moore aquí con todo su oficio y su talento. Merece la pena verla solo por ella.

‘Babadook’: Déjame entrar…

La actriz, guionista y realizadora australiana Jennifer Kent ha hecho – con esta película que nos ocupa, de cuya escritura es también responsable – un brillante debut tras la cámara, merecedor de todo tipo de reconocimientos. Como, entre otros, el de Mejor Ópera Prima del Círculo de Críticos de Nueva York, la nominación a la Mejor Dirección Novel de sus homólogos de Chicago o los Premios del Jurado y a la Mejor Actriz en Sitges.

De 95 minutos de metraje y adscrita al género de terror, entendido en su más amplia y compleja acepción, cuenta la historia de una valerosa y amable mujer, cuidadora de personas ancianas, quien convive con el duelo por la trágica pérdida de su marido y con el esfuerzo de sacar adelante a su hijo de seis años. Este, un chico hipersensible y no siempre fácil de llevar, vive angustiado por visiones y presencias que la lectura de un cuento misterioso y terrible no hace más que exacerbar, alcanzando de lleno a su progenitora y convirtiendo sus vidas en un infierno.

Estamos ante un debut cinematográfico estimulante y de una madurez sorprendente. Estamos ante una cinta original en su forma y fondo, en su estética y narrativa, en su puesta en escena – intensa y cuidada, elegante, elíptica y sugerente, pero siempre aterradora – y en su tratamiento de los personajes y de sus circunstancias. Estamos ante un filme que consigue algo tan novedoso como romper esquemas en este género, tan deudor de tópicos y clichés, como visitado por maestros. Estamos ante una mirada de mujer que ilumina zonas relevantes, que sus colegas masculinos no percibieron.

En efecto, sus protagonistas, los principales y los de reparto, no son meros instrumentos de cara a provocar el sobresalto. Por el contrario, son vist@s en toda su integridad. La madre, magnífica Essi Davies, es contemplada como mujer, con sus deseos, añoranzas e irremediable duelo ; como trabajadora, en su interacción con l@s pacientes y sus compañeros; como hermana, con sus ambivalencias afectivas; como vecina, solidaria y generosa, con una vieja dama tan sabia como comprensiva. Y, desde luego, como progenitora  amante y entregada de un niño , excelente Noah Wiseman, que carga con un peso que no le corresponde. Tan difícil como conmovedor, tan exhaustivo como tierno, tan ásperamente sincero como afectuoso, tan frágil como valiente.

Y luego están el clima y el clímax que sabe crear. Tanto en la sugerencia, en los ruidos, sonidos, crujidos, como en el cuento convertido en una realidad atroz. Pero también en el infierno, que bulle dentro de unas criaturas atormentadas. Pero también en la oscuridad que, pese a ellas mismas, las habita. Pero también en la singularidad de un destino trágico que las separa del mundo. Pero también en sus demonios, que proyectan en ese Babadook inquietante y naif. A ello contribuyen poderosamente la fotografía de Rader Ladzcuk y la música de Jed Kurzel.

Cuento cruel, thriller psicológico, drama familiar, conmovedora crónica de ausencias irreversibles, inquietante y absorbente, al que solo cabe reprochar ciertos trazos esquemáticos en los dibujos de la hermana y sus amigas. Aunque, por otra parte, sean testigos y también víctimas del deterioro y alienación de ambos protagonistas. Déjenlo entrar en sus vidas cinéfilas y no se lo pierdan.

En cartelera: Terrores tangibles e intangibles

En este viernes seguimos con la oferta en cartelera de títulos que están, de una u otra manera, en la carrera de los Oscar. Hablamos de tres dramas norteamericanos, uno de ellos independiente, que pueden verse también en versión original. Al menos, en el caso del tercero, en algunas sesiones. Consulten cartelera.

El primero es ‘Siempre Alice’, de Richard Glatzer y Wash Westmoreland, sobre una brillante profesora que se descubre los síntomas iniciales del Alzheimer y como este hecho demoledor cambiará radicalmente su vida. Sus críticas han sido muy buenas, con algunas excepciones, pero unánimes con la portentosa interpretación de Julianne Moore, a la que le llueven nominaciones y reconocimientos, que ya se ha hecho con un Globo de Oro y que, se escribe a un mes vista, recogerá el Oscar a la Mejor Actriz el próximo 22 de febrero. Al tiempo… Hay que verla, de todas, todas.

El segundo es otra biopic, ya mencionada en esta sección. Se trata de ‘La teoría del todo’, de James Marsh. Da cuenta de los años de juventud del reputado astrofísico, Stephen Hawking, y de cómo se enfrentó, con su primera mujer, al terrible diagnóstico de su enfermedad degenerativa. Sus referencias son excelentes. Tiene varias nominaciones a las estatuillas más famosas del mundo, entre las que se cuentan las de sus protagonistas Eddie Redmayne y Felicity Jones y, desde luego, no hay que perdérsela.

El tercero es un musical dramático indie, ‘Whiplash’, de Damien Chazelle, sobre un joven batería de jazz, brillante y ambicioso, que sufre a causa de un durísimo y exigente instructor. Sus reseñas son buenas y no hay que obviarla.

Para terminar, una ópera prima australiana, ‘Babadook’, de Jennifer Kent. Entre el terror y el thriller psicológico, cuenta la historia de una viuda que, a sus trágicas pérdida y duelo, debe añadir las terribles visiones que padece su hijo de seis años. Ha cosechado numerosos reconocimientos y elogios calurosos de la prensa especializada. De visión imprescindible y tiene también una sesión en versión original

Que ustedes las disfruten…

 

 

‘La Palabra y la Imagen’. Temporada 3: Plástica y ética…

Multitudinaria sesión la de esta tarde de nuestra tertulia de cine ‘La Palabra y la Imagen’. La ocasión lo merecía. Las festividades navideñas habían retrasado en una semana nuestra cita y había ganas de reencontrarse y comentar las películas propuestas. Además, con el estímulo añadido de tener un invitado como el muy conocido y querido periodista, José Luis Jurado. Por si todo ello fuera poco, contamos entre nuestro público con dos muy cualificados críticos y amigos , Juan Antonio Hidalgo y Miguel Olid Suero, a quienes les agradecemos siempre su apoyo a esta actividad.

Entramos en materia con ‘Mr Turner’, de Mike Leigh. Nuestro anfitrión, un hombre de vasta cultura y una erudición apabullante es, además, un rendido admirador del genial pintor. Así que nos enriqueció la cinta situándola en su contexto histórico-artístico, con una compleja y documentada semblanza del pintor. Ello pese a la necesaria brevedad requerida para dar paso al debate. Y este no se hizo esperar, tocando temas como el retrato del personaje, nada hagiográfico, ni mitificador, sino todo lo contrario. Las mujeres de su vida. Su abuso de poder y sexual con la criada. La estrechísima relación con su padre.

Pero, sobre todas las cosas, de su inmenso y visionario talento. De sus paisajes, su luz, sus temas, sus atmósferas y colores, muy bien retratados por Dick Pope. De su condición de precursor del impresionismo y del abstracto. De la Academia. De su relación con sus colegas. De su inquietud, de su búsqueda plástica constante. De su generosidad y de su miseria. De su época, del retrato que se hace de ella. Para algún@s muy académico y para otr@s todo lo contrario. De sus contradicciones personales. De su metraje. De la enorme caracterización de Timothy Spall.

Y de un pintor a una pintora, salvando las distancias. Segunda biopic de la tarde. Hablamos de Margaret Keane, cuya historia retrata Tim Burton en ‘Big eyes’. Aquí la polémica estuvo servida por discrepancias respecto a las casi invisibles señas de identidad fílmicas del realizador en ella. A un@s les gustó más que a otr@s. Madurez estimable o, por el contrario, falta de imaginación. Su paleta más clara de lo habitual, con la luz de la dorada California o, como señaló alguien muy acertadamente, tan próxima al pop-art reinante. Otr@s, sin embargo, añoraron un tratamiento más gótico, por decirlo así, y sombrío.

Otro tema controvertido fue el del maltrato psicológico y físico sufrido por la protagonista. Del robo, por parte de su marido, de su vida y de su obra. Del síndrome de la víctima, de su alienación, de su dependencia, de su miedo, de su timidez patológica. De los años 60, tan represivos como mitificados. De su incapacidad de desenmascarar a Keane hasta veinte años después, tan oprimida había estado. Pero también de su valor al huir de su primer marido con su hija en tiempos muy duros para las mujeres. De la niña, modelo y referencia de sus cuadros, eje de su vida de la que el delincuente cónyuge también la aisló. De Amy Adams unanimidad en los elogios. Pero no así la composición de Christoph Waltz, más debatida y cuestionada. De su visión tan promujeres. De…

Por falta de tiempo material, decidimos aplazar el debate de la tercera película prevista. De modo que en nuestra próxima sesión, el miércoles, 4 de febrero, a las 19.30, en la librería,  comentaremos ‘The imitation game’, de Morten Tyldum y ‘Birdman’, de Alejandro González Iñárritu. Dos pesos pesados, con mucha carga de profundidad.

Gracias a Manuel de Medio, a La Casa del Libro, a José Luis Jurado, un conductor ejemplar y, sobre tod@s, a l@s mejores tertulian@s del mundo mundial, porque sin ell@s esta actividad no sería posible. Gracias por otra velada memorable. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.
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Otro recordatorio y una puntualización de urgencia…

 

Sirvan estas líneas para certificar que  las películas que debatiremos esta tarde en nuestra tertulia de cine, ‘La Palabra y la Imagen,’ serán tres. Dos que fueron elegidas desde un principio y una que se cambió y de cuyo cambio se avisó desde este blog.

Así pues, comentaremos sobre ‘Mr Turner’, de Mike Leigh, ‘Big eyes’, de Tim Burton y, en lugar de la de Woody Allen – de la que, si os apetece, podríamos hablar algo – ‘The imitation game’, de Morten Tyldum. Estas son las tres a debatir. Nuestro crítico invitado, un lujo y un honor, será José Luis Jurado, periodista muy conocido y gran cinéfilo.

No lo olvidéis. Esta tarde, a las 19.30, en La Casa del Libro de Sevilla, calle Velázquez, en la cuarta planta. La entrada es libre, la sesión promete mucho y os esperamos. Gracias.