‘La teoría del todo’: Hacia el infinito…

 

‘Hacia el infinito’ es el título castellano del libro de Jane Wilde, en el que se basa esta película que nos ocupa. Esta autora británica, cosecha del 44, es doctora en Lenguas Romances y educadora. Publicó esta obra autobiográfica sobre su vida conyugal en 2008, una versión actualizada de la que se editara en 1999. 25 años de matrimonio y tres hijos en común. Su marido, ya lo saben, fue nada menos que Stephen Hawking, cosecha del 42, el mundialmente famoso cosmólogo y astrofísico inglés.

Y ha sido el compatriota de ambos James Marsh, cosecha del 63, quien ha abordado esta biopic centrada en el periodo que va desde que se conocieran, hasta que él la abandonó por otra mujer. Casi tres décadas intensas, que incluyen, además, el diagnóstico de la terrible enfermedad, que postraría al científico hasta su estado actual, y por el que le dieron apenas dos años de vida.

El realizador aborda el relato, cuyo guión es de Anthony McCarten, con sensibilidad, respeto y delicadeza. Acierta con ese tono, especialmente en la primera mitad. Está muy bien narrado el encuentro en el contexto estudiantil de élite, el romance y la demoledora prueba que ambos tuvieron que superar. En efecto, esta parte del metraje está habitada por momentos intensamente emotivos, pero nunca exhibicionistas, ni facilones, ni chantajistas, ni tramposos. Y también llena de humor.

Otra cosa, aunque tampoco sean desdeñables algunas sugerentes elipsis, es la visión tan contenida de lo que debió ser para ella, especialmente, una durísima experiencia del día a día, en la segunda mitad.  Con tres hijos pequeños, un marido incapacitado que se negaba a aceptar otra ayuda que la suya, con un carácter no siempre fácil y habiendo renunciado a su desarrollo intelectual y profesional. De hecho, fue tan devastador – lo ha contado en más de una entrevista – que estuvo a punto de quitarse la vida.

La cinta pasa de puntillas sobre esos aspectos cotidianos que debería haber mostrado. Obvia, así, el retrato en negro de un matrimonio. Con lo que, paradójicamente, incurre en una falta de credibilidad y en ciertos vacíos del guión, que banalizan la profunda desdicha de la protagonista, la enormidad de su entrega, en aras del genio a cuya causa se dedicó en cuerpo y alma. Hasta el extremo de abandonar una promesa de felicidad legítima, ese interludio romántico sí está muy bien tratado. No así la rutilante, apenas explicada, pasión del protagonista por la que sería su muy controvertida segunda mujer.

Con todo, una película digna. Una biopic que, salvo los citados, elude los lugares comunes al uso. Que tiene una buena, clásica y elegante factura que resaltan las imágenes de Benoit Delhomme y la partitura de Johan Johansson y, sobre todo, dos intérpretes prodigiosos, llenos de talento, Eddie Redmayne y Felicity Jones. Escrito quede que, con sus carencias y mixtificaciones, merece ser vista.

 

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