‘En tercera persona’: Ni nada, ni nadie…

 

De la filmografía del guionista y realizador canadiense, Paul Haggis, cosecha del 53, apreciamos su escritura de filmes tan notables como ‘Million dólar baby’, ‘Cartas desde Iwo Jima’ y ‘Banderas de nuestros padres’, entre otros. Pero también las de los suyos propios, tras la cámara, como ‘Crash’ o ‘En el valle de Elah’. Unas y otras le han procurado reconocimientos codiciados como varias estatuillas doradas. Esta su última propuesta no está, ni de lejos, a la altura de su talento en ambos campos.

En ella se nos relatan, a lo largo de sus 137 minutos de metraje, tres historias de amor, desamor, culpas, pérdidas y secretos inconfesables que se desarrollan en otras tantas ciudades. A saber Nueva York, París y Roma. Tres historias que contienen las de al menos una decena de personajes, sea en primero, segundo o tercer término. Tres historias, con sus protagonistas, que, inevitablemente y como es marca de la casa, terminarán entrecruzándose y relacionándose entre sí.

Escrita por el propio realizador, fotografiada convencionalmente por Gianfilippo Corticelli y con una música insoportable de Darío Marianelli, tiene un reparto de lujo en el que, junto a Liam Neeson, como hilo conductor aparecen Kim Basinger, Maria Bello, Mila Kunis, Adrien Brody u Olivia Wilde, entre otr@s. Este, y desaprovechado, sería el único lujo que adorna a una cinta tan ineficiente como pretenciosa.

Porque, pese a sus intentos de autoría y singularidad, es previsible de principio a fin. Porque, pese a su presunción de intensidad, está habitada por la oquedad más absoluta. Porque esas criaturas tan ‘atormentadas y dolientes’ que la pueblan, carecen de la más mínima credibilidad y consistencia. Porque promete objetivos que está muy lejos de cumplir. Porque algunos de sus relatos son directamente risibles. Porque tiene notorios fallos de guión. Porque es insoportablemente misógina, sesgada y esquemática en su visión de las mujeres. Especialmente en una historia en la que frivoliza un hecho gravísimo.

Porque es complicada, enrevesada y tramposa, pero no compleja. Porque ni nada, ni nadie, merece la pena en ella, ya que son meros clichés. Y podríamos seguir así sucesivamente… Quien esto suscribe, perdió casi dos horas de su tiempo yendo a verla. No hagan ustedes otro tanto.

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