‘Güeros’: Hermosa juventud

En una película como esta, quien esto suscribe – mujer de poca fe que llegó a pensar, con cierta lógica, que no llegaría a estrenarse en nuestra ciudad – se asombra de su madurez narrativa, compatible con un lenguaje transgresor, en el contexto de una ópera prima. En una película como esta, una agradece que esté exenta de clichés de fondo y forma. En una película como esta, quien esto firma valora enormemente su voluntad de estilo, su renuncia a los caminos trillados.

En una película como esta, se vuelven a recuperar el blanco y negro, y los grises, como referentes cromáticos, y dramáticos, de primer orden. En una película como esta, se agradecen los epígrafes en los que está dividida – Norte, Centro, Ciudad Universitaria, Poniente, Oriente… -, como itinerarios claves de una suerte de road movie, tan personal como política. En una película como esta, de protagonismo masculino, quien esto firma aprecia enormemente su ausencia de testosterona al uso y un personaje de mujer fuerte y consecuente. En una película como esta se filma un beso, boca a boca, como pocas veces se ha visto en el cine.

En una película como esta, se le toma el pulso a un país y a su juventud más  combativa, pero también, como dos de los personajes centrales, más abúlica y desmotivada, sin rastro de épica, ni de lírica, permitiendo al espectador sacar sus propias conclusiones. En una película como esta, hay una crítica social profundamente cáustica e irónica, sin necesidad de subrayado alguno.

En una película como esta, hay un chico adolescente, carne inicial de delincuencia, cuya salida del hogar y posterior evolución son tratadas sin exasperación, costumbrismo, ni lugares comunes. En una película como esta, su realizador, tan mexicano, bebe de otras ópticas en las antípodas para narrar esta historia, como la de Jim Jarmusch, una combinación más que curiosa y desconcertante. En una película como esta, su arranque y su final son tan potentes como abiertos.

Producción mexicana firmada por Alonso Ruizpalacios. 104 minutos de metraje. Un casting en estado de gracia, con los nombres propios de Sebastián Aguirre, Tenoch Huerta y Leonardo Ortisgriz. Premiada en Berlín, Tribeca y San Sebastián. Con una excelente fotografía de Damián García, una buena partitura de Tomás Barreiro, una estimulante dirección de arte de Sandra Cabriada y un guión que comparten el realizador y Gibrán Portela. Rompedora, libérrima, provocativa, imperfecta pero fascinante, no durará mucho en esta ciudad tan ingrata con las películas diferentes. Corran a verla ya.

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