Archivo diario: mayo 20, 2015

No solo cine: De libros y lectores-as

Otra presentación más que estimulante la que, auspiciada por el Centro Andaluz de las Letras, tuvo lugar ayer por la tarde en la Biblioteca Pública Infanta Elena de Sevilla. Concretamente, la de la nueva propuesta literaria de Pablo Gutiérrez, ‘Los libros repentinos’, a cargo de la escritora Sara Mesa.

La autora comentó que no quería hacer un rito de introducción convencional , que leyó el libro en un tren y le volaron los minutos. Pues su lectura es fácil, señaló, para ser una obra, marca de la casa, original, transgresora y muy elaborada. Destacó el prestigio de su colega, los reconocimientos que ha recibido, su pase a Seix Barral, otro dato. Al respecto de la citada editorial, no le acaban de gustar sus portadas y esta le pareció especialmente inquietante. Así que reiteró: “Solo se llega a este libro leyéndolo”. En su blog, Estado Crítico, por cierto, ha publicado siete razones por las que leer a Pablo Gutiérrez. Así, que ya lo saben.

Se felicitó, asimismo, de que su protagonista fuera, cosa tan infrecuente como impensable en la narrativa española, una mujer septuagenaria y transgresora, “vieja indecente que viste con harapos”… que dice de sí misma “yo tenía 20 años un minuto antes de cumplir 70”. Destacó su estilo como una combinación armónica de forma, contenido, intuición, perspicacia, punto de vista, juegos temporales y cambios de voces narrativas, junto a un lenguaje trabajado y no costumbrista.

El protagonista comenzó lamentándose – sin querer ser un escritor quejica – de que el lector no aparece, de que el lector no está en ninguna parte, de que sentía el aislamiento – también el orgullo… – de formar parte de una periferia literaria. Confesó que, sin esa sensación de tener al lector enfrente, le resultaba difícil seguir.  Citó al respecto a Bolaños, “el último romántico”, siempre rechazado y siempre resistiendo. En su caso, hubiera renunciado ya. Porque, lo tiene claro, no escribe como terapia, ni como evasión, ni como relax… sino que le cuesta muchísimo. Es moverse, ejercitarse. Todo lo contrario al mercado editorial que lo tritura todo y no es nada literario.

La mayoría de los-as autores-as que le interesan no se dedican a la literatura. Y no le gustan especialmente las presentaciones de libros, no las encuentra nada apasionantes. Los libros no son presentables, ni puede interpretarse o desvelarse su contenido. No son como los discos, como la música. Como mínimo, puede leerse un fragmento, nada más, ante un público que no conoce la obra. Todo lo contrario que los clubs de lectura, que le encantan. A la pregunta trillada de qué va la novela, suele responde que no va hacia ningún sitio. Pero sí que todas las suyas derriban la cuarta pared y que ya no se cree la ficción.

Este conversador lúcido e impenitente, profesor de oficio, en perfecta simbiosis con su colega presentadora y el público, se explayó, pese a su descreimiento, en tantos, tan variopintos y tan interesantes temas que esta limitada crónica no puede recoger sino a retazos. Así, de los libros repentinos a los que alude el título – verdaderos nutrientes- todos de sus clásicos como Galdós, Baroja, Valle.. De pequeñas rebeliones sociales, de los barrios extramuros, los verdaderos, de una memoria histórica y de una guerra civil, que humilló especialmente a las mujeres,  que prefiere nombrar con otra terminología menos contaminada.

Que le gusta ser como Isaac Rosa que escribe contra el lector, que le destroza las expectativas a cada paso. Eso desoyendo las advertencias de su mujer y contradiciendo irresolublemente su necesidad de que no sentirse solo en el proceso creativo. Y no lo está, de ninguna manera. El público asistente se lo demostró con creces y, además, con el lujo de la presencia de una representante de la enseñanza y de colegas y lectores-as suyos muy especiales.

Gracias Centro Andaluz de las Letras, Biblioteca Pública Infanta Elena, Sara Mesa y Pablo Gutiérrez por una velada tan singular y plena de sugerencias. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

‘Güeros’: Hermosa juventud

En una película como esta, quien esto suscribe – mujer de poca fe que llegó a pensar, con cierta lógica, que no llegaría a estrenarse en nuestra ciudad – se asombra de su madurez narrativa, compatible con un lenguaje transgresor, en el contexto de una ópera prima. En una película como esta, una agradece que esté exenta de clichés de fondo y forma. En una película como esta, quien esto firma valora enormemente su voluntad de estilo, su renuncia a los caminos trillados.

En una película como esta, se vuelven a recuperar el blanco y negro, y los grises, como referentes cromáticos, y dramáticos, de primer orden. En una película como esta, se agradecen los epígrafes en los que está dividida – Norte, Centro, Ciudad Universitaria, Poniente, Oriente… -, como itinerarios claves de una suerte de road movie, tan personal como política. En una película como esta, de protagonismo masculino, quien esto firma aprecia enormemente su ausencia de testosterona al uso y un personaje de mujer fuerte y consecuente. En una película como esta se filma un beso, boca a boca, como pocas veces se ha visto en el cine.

En una película como esta, se le toma el pulso a un país y a su juventud más  combativa, pero también, como dos de los personajes centrales, más abúlica y desmotivada, sin rastro de épica, ni de lírica, permitiendo al espectador sacar sus propias conclusiones. En una película como esta, hay una crítica social profundamente cáustica e irónica, sin necesidad de subrayado alguno.

En una película como esta, hay un chico adolescente, carne inicial de delincuencia, cuya salida del hogar y posterior evolución son tratadas sin exasperación, costumbrismo, ni lugares comunes. En una película como esta, su realizador, tan mexicano, bebe de otras ópticas en las antípodas para narrar esta historia, como la de Jim Jarmusch, una combinación más que curiosa y desconcertante. En una película como esta, su arranque y su final son tan potentes como abiertos.

Producción mexicana firmada por Alonso Ruizpalacios. 104 minutos de metraje. Un casting en estado de gracia, con los nombres propios de Sebastián Aguirre, Tenoch Huerta y Leonardo Ortisgriz. Premiada en Berlín, Tribeca y San Sebastián. Con una excelente fotografía de Damián García, una buena partitura de Tomás Barreiro, una estimulante dirección de arte de Sandra Cabriada y un guión que comparten el realizador y Gibrán Portela. Rompedora, libérrima, provocativa, imperfecta pero fascinante, no durará mucho en esta ciudad tan ingrata con las películas diferentes. Corran a verla ya.