‘Aprendiendo a conducir’: Empoderamientos

La excelente actriz, y personaje central de esta cinta, Patricia Clarkson, le pasó a Isabel Coixet, su realizadora, un relato autobiográfico publicado en The New Yorker, en julio de 2002, y firmado por Katha Pollitt, poeta, ensayista y crítica feminista, quien estuvo en el rodaje. La película que nos ocupa toma su título y su argumento de dicho relato y esta fue la razón que llevó a la cineasta catalana a filmarla.

105 minutos de metraje. El guión lo ha escrito Sarah Kernochan, realizadora de documentales, escritora y productora. La fotografía es de Manel Ruiz. Y el montaje, de Thelma Schoonmaker, montadora habitual de Scorsese desde hace más de tres décadas y con tres Oscar en su haber. Toda una leyenda en la industria. En el reparto, otro lujo, le dan la réplica a la ya citada Clarkson un magnífico Ben KingsleyJake Weber, que está muy bien, y Grace Gummer, la hija de Meryl Streep, que apunta maneras. Así dice su firmante, en declaraciones recientes al diario Público, que “la energía femenina se siente en ella”.

En efecto, narra la historia de una escritora en la cincuentena, con una hija, cuyo matrimonio se va a pique porque su marido se ha enamorado de otra mujer, a la sazón colega y amiga suya. En plena crisis, decide aprender a conducir para ganar en independencia, con un peculiar monitor de origen sij, refugiado político, de y con quien compartirá importantes lecciones de vida.

Coixet, que es capaz de lo mejor y de lo peor, ha convertido un encargo en un trabajo personal que, sin ser redondo, muestra algunas de sus mejores cualidades como cineasta, que parecían perdidas en las tinieblas de sus comienzos indies.  Pero no. Están aquí, bajo una puesta en escena elaborada y una estupenda factura, todo el sentido del humor, la causticidad, la ironía y la penetrante observación de una fauna muy particular, la de la alta burguesía ilustrada de Manhattan. Casi como un Woody Allen en feminista, sin perder, de ninguna manera sus señas de identidad…

Porque, basculando entre el drama ma non troppo, y la comedia, inteligente y sofisticada, el duelo de una mujer por la pérdida irreversible de su compañero y de su modus vivendi, se convierte, en sus manos, en una agridulce, travesía de empoderamiento femenino. En una oportunidad para abrirse a nuevos retos y para reconducir la propia vida.

Todo ello sin caer en las tentaciones del romance al uso, ni en las recetas de autoayuda, ni en finales complacientes. Con una mirada amable y respetuosa, no exenta de cierta retranca, sobre las diferencias raciales, culturales y religiosas. Propiciando también la asertividad del personaje, más ingrato y la otra cara de la moneda de la protagonista, interpretado por Sarita Choudhury en una transición quizás algo precipitada.

Aprendiendo a conducir, aprendiendo a tomar las riendas de una existencia diferente y más solitaria, pero infinitamente más estimulante y enriquecedora. Compruébenlo viéndola.

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