‘Las inocentes’: Botín de guerra

La magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, Glória Poyatos Mata, escribió en un excelente artículo publicado en El Huffington Post el 31 de marzo de 2016, que “hay un arma secreta en todo conflicto armado que se reproduce sistemáticamente, bajo la mirada anodina del planeta, cuya crueldad debería escandalizar la moral del mundo “civilizado”: es la violencia sexual extrema que se inflige sobre las mujeres. Una batalla que se perpetra en el cuerpo de ellas, que son el botín de una guerra decidida, financiada y ejecutada por hombres”·

Y esta aberración, basada en un hecho real, es de la que precisamente da cuenta la franco-luxemburguesa Anne Fontaine, cosecha del 59, en esta película que  nos ocupa. Da cuenta de las violaciones que miembros del ejército ruso cometieron contra unas monjas polacas en 1945, tras finalizar la II Guerra Mundial.

Da cuenta de que los embarazos, que siguieron a tan feroces agresiones, son descubiertos casualmente por una joven doctora francesa que atiende, en un hospital de campaña, a compatriotas heridos en la contienda. Su intervención cambiará las vidas de estas víctimas.

Y da cuenta de todo ello en 100 minutos de metraje. Con un guión que coescribe con Sabrina B Carine, Pascal Bonitzer y Alice Vial. Con una bellísima fotografía de Caroline Champetier y la música sutil y discreta de Grégoire Hetzel. Su factura es impecable, austera y hermosa.

Sabe transmitir la sensación de frío extremo del crudísimo invierno polaco, pero también la desesperación de unas religiosas en situaciones límites de sus cuerpos y almas, ante experiencias, para ellas aterradoras,  a las que habían renunciado. En un contexto cualquier cosa menos pacífico donde los enemigos acechan, con miedo a perder su querido monasterio.

Pero también la valentía y determinación de una doctora que las auxilia, se compromete y solidariza con ellas, a costa de sus descanso y a riesgo de perder su empleo, enfrentándose a las resistencias de sus pacientes a ser auscultadas y examinadas. Y la ternura con l@s bebés, pero también la negrura que se cierne sobre ell@s. Depara una ingeniosa solución narrativa en su final y muchos momentos emotivos, pese a su contención.

En todo ello, acierta. Aunque hay que reconocer que resulta reiterativa en la descripción de la vida conventual, que le sobra metraje y esa, por llamarla de alguna manera, forzada relación de la protagonista con un colega. También se dispersa en subtramas que restan potencial crítico al conjunto y al retrato de algunas secundarias.

Con sus pros y sus contras, una mirada de mujer más que digna, y reivindicativa de otras historias y de otra Historia, que debe ser vista.

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