‘La reina Victoria y Abdul’: El Imperio contraataca…

En 1997, el director de cine, teatro y televisión inglés John Madden – cosecha del 49,  ‘Shakespeare in love’, ‘El exótico hotel Marigold’, ‘El caso Sloane’… –  llevó al cine otra amistad muy especial de esta misma soberana con un escocés llamado John Brown en su película ‘Su majestad Mrs Brown’, casualmente también protagonizada por la enorme Judi Dench y a la que se alude fugazmente en esta que nos ocupa.

En este caso, su compatriota y colega Stephen Frears – cosecha del 41, ‘Las amistades peligrosas’, ‘La reina’ ‘Philomena’… – ha elegido narrar aquí la de la emblemática Victoria con un musulmán hindú llamado Abdul Karim quien, como el anterior, pasó de siervo a secretario y confidente personal. Es evidente que a la soberana, devastada por su viudez durante años, no le faltaron luego consuelos entrañables… Como también lo es que esta Casa Real es un verdadero filón para películas y series.

El realizador declaró irónicamente en Venecia que ‘La reina Victoria y Abdul’ o ‘Victoria & Abdul’, su título original, “había sido hecha para Donald Trump”, refiriéndose a su cuestionamiento de los clichés religiosos y étnicos. Aunque no tanto en cuanto a las mujeres, desde luego, en referencia a las descripciones de la esposa y de la suegra del protagonista…

Entrando en materia crítica, esta propuesta fílmica es convencional, de factura impecable, contenida y algo trillada. Muy lejos de ese ejercicio notable que hizo en ‘La reina’ (2006) – un más que digno retrato de la tataranieta de nuestra protagonista, encarnada por la eminente Helen Mirren – no está, sin embargo, del todo desprovista de encanto.

En especial, en su primera parte donde la rígida y protocolaria corte, extremadamente jerarquizada e inamovible, sin ninguna concesión a la espontaneidad, se ve sacudida por el comportamiento, tan inocente como natural, del personaje masculino.

Un personaje tan diferente, como fiel vasallo del Imperio, al de su compañero de fatigas y compatriota, rebelde con causa. Estos contrastes, de humor fino y ácido, resultan muy divertidos y, a juicio de quien esto firma, son lo mejor de la función. Por contra, Frears pierde una oportunidad de oro para ser cáustico, irreverente, transgresor de clichés al uso y también más complejo, intenso y emotivo. Algo que ha demostrado sobradamente que sabe hacer.

Producción británica de 112 minutos de metraje. La escribe Lee Hall, sobre la novela de Shrabani Basu. Muy bien fotografiada por Danny Cohen, su banda sonora, tan adecuada al relato, la firma el prestigioso Thomas Newman. El reparto está sobradamente a la altura de las circunstancias con, ya se ha comentado, la excelsa Judi Dench a la cabeza. Pero, para quien esto firma, esto no se hace extensivo a su partner que está efectista y algo sobreactuado.

Comercial, entretenida y digna, con todas sus limitaciones y a pesar de ellas, debe ser vista.

 

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