15:17, tren a París: Choque frontal

Clint Eastwood es un clásico viviente, una leyenda del cine a sus 87 años, pero quien esté libre de pecado… En fin, en esta su última propuesta cinematográfica patina estrepitosa y lamentablemente. Se trata de la tercera entrega de una trilogía dedicada a los héroes americanos de la llamada vida real. Todos ellos, de género masculino y alguno dudosamente ejemplar.

O lo que es lo mismo, el Chris Kyle de ‘El francotirador’ (2014), el Chesley Sullenberger de ‘Sully’ (2016) y los Anthony Sadler, Spencer Stone y Alek Skarlatos de  ’15:17, tren a París'(2018) –  94 minutos de metraje, con un guión de Dorothy Blyskal, sobre el libro de los personajes centrales, una correcta fotografía de Tom Stern y una discreta banda sonora de Christian Jacob –   que ellos protagonizan y que da cuenta tanto de la forja de su amistad, desde sus años infantiles, hasta su gesta el 21 de agosto de 2015, en el que evitaron un atentado terrorista en el ferrocarril en el que viajaban con 500 pasajeros a bordo.

El descarrilamiento fílmico es frontal. A quien esto firma, no le ha interesado absolutamente nada la historia y menos aún como la cuenta. No hay en ella nada emotivo, ni épico, ni siquiera heroico, por mucho que se nos intente mostrar como tal. Está desprovista de verdad y de vida, de ritmo y de intensidad, incluso en las escenas en las que la acción debería ser más trepidante. Reaccionaria e imperialista hasta la naúsea, es además, pecado mortal,  aburrida y, por momentos, ridícula.

Errada tanto en los retratos personales como en la hazaña, la mezcla de ambos elementos resulta indigesta y fallida de principio a fin. Desprovista de sentido del humor, resulta – al menos, para quien esto firma – involuntariamente cómica en la descripción de los tres viajeros, verdaderos paletos ignorantes tanto en Roma, Venecia, Ámsterdam o Berlín, atentos a los clichés más tópicos de cada una de las ciudades, de selfie en selfie… para no hablar del entrenamiento o de la mística militar.  O de la descripción de ciertas bondades anatómicas de algunas mujeres con las que se cruzan. Irritante, sexista e innecesaria. O de…

Larga vida, Mr Eastwood. Entre otras cosas, para que vuelva por sus fueros y nos haga olvidar que ha perpetrado este subproducto indigno de su talento.

 

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