Archivo mensual: marzo 2018

‘La casa junto al mar’: Raíces profundas

Dos hombres y una mujer, activista en paro y actriz de teatro y televisión, unidos por lazos de sangre y que no se han visto en catorce años, se dan cita en la casa familiar, situada en una cala cerca de Marsella, donde solo uno de ellos – el tercero – la mantiene en pie, junto al restaurante, de precios populares para obrer@s, que regentaba el progenitor, víctima de un ictus cerebral que le condena a pasar casi en estado vegetativo sus últimos días.

El reencuentro, en el que se reabren viejas y profundas heridas del pasado, tiene lugar para debatir qué hacer con y cómo repartirse el legado paterno. Solo que este no es solo material, sino ideológico… Tanto es así que un descubrimiento inesperado lo y les pondrá a prueba.

Este es el punto de partida de la última propuesta del conocido guionista, productor, intérprete y director francés Robert Guédiguian – cosecha del 53, ‘Marius y Jeannette’, ‘Marie-Jo y sus dos amores’, ‘Las nieves del Kilimanjaro’…- ex comunista y hombre comprometido con las causas sociales, de clase y de izquierdas.

Se trata de una producción de 107 minutos de metraje, escrita por él mismo junto a Serge Valletti y con una luminosa y cuidada fotografía de Pierre Milon. Avalada también por el buen hacer de su reparto habitual con su mujer, la excelente Ariane Ascaride, y los no menos notables Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meyland. También son destacables Jacques Boudet y Anaïs Demoustier.

Una vez puestos en dichos, y necesarios, antecedentes, quien esto firma pasa a enumerar lo que no le ha gustado de ‘La casa junto al mar’. Como animalista, los  planos innecesarios y dolorosos de la pesca y de sus víctimas debatiéndose entre la vida y la muerte. O los de los niños y la niña jugando, como si fueran objetos inanimados, con los cangrejos.

O el que haya tantas subtramas, personajes secundarios sin interés – alguno que otro, chirriante – y romances impostados, que no suman, sino que restan y dispersan, porque no interesan, ni se desarrollan. El tópico, de nuevo, de la jovencita enamorada del más que maduro ex revolucionario, de rol paternal. Aunque luego lo remedie, pero no del todo bien.

O el que haya en ella dos películas posibles, la del drama familiar y la que resulta de la aparición de los menores perseguidos, o sea de los refugiados, que, a entender de quien esto firma, no están lo cohesionadas que debieran. Lo que tiene como resultado un tratamiento más superficial de la segunda.

Por contra, ha estimado su melancolía nada tramposa, su compromiso, el enfoque crepuscular pero vivo de los personajes centrales, su mirada triste, pero objetiva, sobre los cambios que el capitalismo ultraliberal ha provocado en las pequeñas comunidades, en la clase trabajadora y en las generaciones de relevo.

Y, pese a todo, su esperanza. La escena en la que los tres protagonistas son vistos 33 años antes tomada de otra película del realizador ‘Ki lo sa?’, mientras suena el inolvidable ‘I want you’, de Bob Dylan. La de la habitación de la hija, la del juego de los nombres y sus ecos en el final…

Pros y contras, estos u otros, que debatiremos en la próxima sesión de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra del miércoles que viene, 4 de abril. Así que VÉANLA CUANTO ANTES, PERO VÉANLA. Debe ser vista.

 

 

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‘El insulto’: De lo personal a lo político

Permitan a quien esto firma ahorrarse los prólogos, que vendrán luego, para comentarles que esta es una película inteligente, redonda, sólida, valiosa, pertinente y honesta por muchos conceptos. Porque es comercial, siendo comprometida. Porque es compleja, siendo meridianamente clara. Porque no oculta sus simpatías, pero no renuncia a la objetividad.

Porque es justa, pero no cae en la perversión de la equidistancia. Porque habla de un país y de una sociedad convulsos y multiétnicos en clave muy autocrítica y valiente. Porque no trata igual a los verdugos que a las víctimas, aún mostrando que hay de una y otra condición en tod@s ell@s. Porque apuesta por el diálogo, pero sin solapar las opresiones. Porque revela que la raza, la nacionalidad y la religión están insidiosamente por encima de las leyes.

Porque muestra como un incidente nimio, tras un amago de disculpa, un insulto y una posterior agresión entre dos hombres con diferencias abismales – un cristiano libanés extremista y un palestino en una situación dudosamente legal – y mucho más en común de lo que reconocen, puede convertirse en un tema de Estado.

Porque deja ver a dos mujeres en la sombra de una sociedad patriarcal, mucho más lúcidas y sensatas que ellos. Porque da cuenta de el racismo feroz que hace exclamar a uno de los protagonistas, el refugiado en un miserable campamento: ” Somos los negros del mundo árabe”

Porque registra una justicia partidista y tendenciosa, que, de alguna manera, consagra las represalias. Porque siendo un drama, tiene características también de thriller político y de juicios, sin caer en los clichés. Porque apuesta por el respeto y la reconciliación, pese a los atroces daños sufridos e infligidos. Por esa conclusión, que abre una vía a la esperanza…

Producción libanesa de 110 minutos de metraje. Dirigida, y muy bien escrita junto a Joelle Touma, por Ziad Douieri, cosecha del 63, quien debió esperar a que un comité de distintas etnias, ideologías y religiones le diera el permiso para su proyección.  Excelentes fotografía y banda sonora, firmadas respectivamente por Tommaso Fiorilli y Éric Neveux. Tiene un reparto muy sólido en el que destacan los dos personajes centrales, especialmente el premiado Kamel El Basha.

Premio del Público en la Seminci vallisoletana, estuvo entre las nominadas al Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa y ES UNA DE LAS ELEGIDAS PARA DEBATIR EN LA PRÓXIMA SESIÓN DE NUESTRA TERTULIA DE CINE LUIS CASAL PEREYRA DEL MIÉRCOLES, 4 DE ABRIL.

‘Thelma’: El pecado original

Joachim Trier. realizador noruego de la cosecha del 74, nos ha deparado títulos notables como ‘Oslo, 31 de agosto’ o ‘El amor es más fuerte que las bombas’. Ahora vuelve a las pantallas comerciales con esta singular mezcla de géneros entre el drama psicológico, la iniciación adolescente, la temática religiosa y la sobrenatural fundidas en una producción de 116 minutos de metraje, escrita por su firmante y por Eskil Vogt, con una bellísima, pero no preciosista, fotografía de Jakob Ihre,  con una hermosa partitura que subraya, pero no abruma, de Ola Flottum y con un excelente reparto, en el que brilla una eminente Eili Harboe.

Premio Especial del Jurado y Mejor Guión en Sitges, la historia sigue a una adolescente, de familia extremadamente religiosa, que posee un don que ella misma ignora,  que no controla y que se manifiesta cuando sus sentimientos y emociones son más fuertes. De ahí que todo su universo se tambalee al enfrentarse a otro mundo, a otras reglas, a un traumático secreto de la infancia y a una atracción afectivo-erótica lésbica.

El pecado original, para algunas confesiones cristianas, es “un estado de culpa inherente a la condición humana, desde Adán y Eva, del que nos libera el sacramento del bautismo” Thelma lo sufre desde su nacimiento, aunque intente seguir todas las normas dentro de la severidad que le imponen sus progenitores.

Trier describe muy bien los devastadores efectos de tal tormento, cuya causa desconoce y le ocultan, en una criatura inocente y sensible que necesita un afecto que su familia le niega por razones que se le escapan, aunque luego se nos haga comprender – nunca justificándola – su causa. Describe muy bien la gelidez de un paisaje, de una urbe, de unas instalaciones educativas en una puesta en escena sugerente, aterradora, elegante y casi matemática.

Describe muy bien la mutilación insidiosa impuesta por unas creencias, en contraste con la efervescencia de una edad en la que todo invita a vivir. En la que el descubrimiento del amor y de la sensualidad no es hermoso, sino terrible, aunque sea con una compañera cálida y generosa. Describe muy bien a las protagonistas, sin los tics sexistas o femeninos al uso. Describe muy bien la maldición de un pensamiento omnipotente y destructivo… pero también liberador. Y ese final…

Inquietante, hermosa, oscura, luminosa, desasosegante y profundamente sensible y emotiva es una joya que nadie, en su sano juicio, debería perderse.

‘El viaje de sus vidas’: Sin rumbo

El guionista y cineasta italiano Paolo Virzi – cosecha del 64, ‘El capital humano’, ‘Locas de alegría’, ‘La prima cosa bella’… – aborda en esta su última propuesta, duodécima de su filmografía, una historia parecida – aunque con personajes de edades y circunstancias muy diferentes – a la que filmara en la citada ‘Locas de alegría’.

En efecto. Como aquella, esta es otra road movie en la que sus protagonistas huyen para vivir intensamente, lejos de cuidados médicos y familiares, una aventura de alguna manera condenada al fracaso, aún cumpliendo el objetivo de ser libres a cualquier precio. En este caso, se trata de un matrimonio en el que él padece problemas de memoria y ella físicos y que deciden optar por el carpe diem itinerante hasta donde les lleguen las fuerzas.

Como idea no está mal, aunque no suponga novedad alguna ni siquiera para sí mismo. Pero resulta fallida en su tratamiento, igual que su precedente. Porque, de todos los enfoques posibles, ha elegido el más facilón y superficial. Porque no afronta la vejez sino de una manera paternalista y llena de clichés. Porque no es capaz de hacer una crítica tampoco a una sociedad medicalizada y gerontofóbica. Porque tampoco asume la enfermedad, la degeneración o el final más que para diluirlas en azucarillos sentimentales, pese a su pretendida dureza. Porque el guión es lineal y previsible de principio a fin.

Claro que esta producción – de 112 minutos de metraje, escrita por Stephen Amidon adaptando la novela de Michael Zadoorian, con una buena fotografía de Luca Bigazzi y una correcta partitura de Carlo Virzi – cuenta con dos activos fundamentales llamados Donald Sutherland y Helen Mirren, sobre todo ella.

Puestas así las cosas, y dado que es solo la opinión de quien esto firma, la pelota está en sus tejados.

 

 

‘1945’: La paz de los cementerios

Ferenc Török es un guionista y realizador húngaro de la cosecha del 71, miembro de la Academia del Cine Europeo que, en esta su última propuesta que nos ocupa, adapta un relato corto, ‘El regreso a casa’, de Gabor T. Szántó, para contar una historia “que no es real, pero que se nutre de la realidad que vivieron muchos pueblos húngaros de la época y para profundizar en un tema que nunca había tocado el cine” como ha comentado en unas declaraciones al diario ABC.

Así es. Porque, lejos de la épica de la victoria aliada y de la gloria a sus héroes, Török sitúa su relato – recién finalizada la contienda, en un día de agosto del año al que alude el título – en una localidad en la que va a celebrarse la boda del hijo del cacique local, o secretario del Ayuntamiento. La fiesta se ve nublada por la llegada de dos judíos, presumiblemente padre e hijo, con dos grandes cajas. Eso despierta, en una población con mucho que ocultar, todos los recelos, temores y sospechas.

A través de tales miserias se nos va revelando la infamia delatora y colaboracionista de una comunidad que, entre silencios y complicidades, amasó – a cuenta de la detención, prisión en campos de exterminio y asesinato de mayores y menores de otra raza – unas propiedades tan ilegítimas como manchadas de sangre.

Pero también la indignidad moral en la que viven entre el racismo, el machismo y el clasismo, la opresión de l@s débiles y el sometimiento a los poderosos. Las mentiras y los secretos que presuntamente les cohesionan y que estallan sin motivo aparente…  Y ese final, tan inesperado que refleja la dignidad de los otros.

91 minutos de metraje. Su guión lo coescriben el ya citado autor del relato en la que está basada y el propio director. Cuenta con una espléndida fotografía en blanco y negro de Elemer Ragályi y una excelente partitura de Tibor Szmenzö. El reparto, coral, funciona muy bien. Viene precedida de críticas estimables y variados reconocimientos.

Con sus defectos, que los tiene, estamos ante una película valiente que merece ser vista. En Sevilla, con una cartelera ingrata para los títulos diferentes, solo pueden hacerlo, desde hoy y hasta el miércoles, en una única sesión a las 16.30, Inténtenlo.

En cartelera: Lo sagrado y lo profano

En la nueva cartelera de ayer viernes, pórtico de una Semana diferente, seguimos encontrando aún vestigios de lo sagrado. O lo que es lo mismo, de lo directa e indirectamente religioso. Para lo mejor y para lo peor, aunque afortunadamente corren otros tiempos y la oferta está más diversificada. Destacamos cuatro películas, todas europeas, de las cuales tres de ellas pueden verse también en versión original subtitulada. Son, las comentaremos por este orden, una noruega, una italiana, una francesa y una española.

La primera es ‘Thelma’, de Joachim Trier, ‘Oslo, 31 de agosto’, Más fuerte que las bombas’ – una notable, desasosegante y compleja mezcla de géneros entre los que se incluyen el drama, el drama psicológico, la iniciación afectivo-erótica fuera de la norma y lo sobrenatural sobre una chica diferente, con un secreto que la atormenta y unos dones que no puede controlar. Premio Especial del Jurado y Mejor Guión en Sitges entre otros reconocimientos. Muy pronto tendrán su crítica en este blog. QUE NO SE LES ESCAPE.

La segunda es ‘El viaje de sus vidas’, de Paolo Virzi – ‘El capital humano’, ‘Locas de alegría’… –  una road movie sobre un matrimonio anciano que quieren descubrirse y descubrir nuevos horizontes pese a sus problemas de salud. División de opiniones, predominando las negativas y unanimidad en los elogios hacia su pareja protagonista, Donald Sutherland y Helen Mirren. Sobre todo, hacia ella. Hay que verla.

La tercera es ‘La casa junto al mar’, de Robert Guédiguian, ‘Las nieves del Kilimanjaro’, ‘Marius y Jeannette’, ‘Marie-Jo y sus dos amores’… en la que se narra el reencuentro de tres hermanos – dos hombres y una mujer – que vuelven a sus orígenes vitales y familiares en torno al restaurante que regentaba su padre, muy comprometido social y políticamente. Allí algo inesperado les hará replantearse sus decisiones e ideas. Es una de las elegidas para debatir en la próxima sesión, del miércoles 4 de abril, de nuestra tertulia de cine Luis Casal Pereyra. Sus referencias son excelentes y DEBE VERSE CUANTO ANTES.

Y la cuarta es ‘El aviso’, de Daniel Calparsoro, ‘Salto al vacío’, ‘A ciegas’, ‘Cien años de perdón’…, una historia con tintes futuristas y de thriller sobrenatural sobre un niño de 10 años que dice haber recibido amenazas de muerte y un hombre peculiar obsesionado con los números y sus secuencias en crímenes anteriores, que es el único que puede encontrar la clave para salvarlo. Protagonizan Raúl Arévalo y Aura Garrido, sus críticas son irregulares pero hay que darle una oportunidad.

‘Perdido’: Eso mismo…

Quien esto firma, tuvo la desventura de leer el jueves, mientras escribía el adelanto de la cartelera del viernes pasado, un pequeño titular de la que probablemente sería la única crítica positiva de esta película. Y decidió que – como por diversas circunstancias había estado varios días sin pisar una sala de estreno – acudir a verla. Lamentablemente.

Porque, pese a su factura impecable y a la atractiva pareja protagonista, ‘Perdido’ – 84 minutos de metraje, escrita y realizada por el guionista, escritor de diálogos. aunque en este caso no se note, y cineasta Christian Carion, cosecha del 63, con una bella fotografía de Eric Dumont y una efectista partitura de Laurent Perez del Mar – es un despropósito de principio a fin.

Se trata de una historia de padre ausente por motivos profesionales, separado de su mujer, que mantiene otra relación, cuyo hijo desaparece misteriosamente y que decide investigar por su cuenta, movido por la desesperación y por la culpa. Un tema que es casi un cliché en sí mismo y al que el director le ha dado el peor tratamiento posible.

Entre el thriller y la acción, resulta una indigesta mezcla de ambos géneros. Solo interesada en el golpe de efecto, no se preocupa de insuflar la más mínima coherencia, ni verosimilitud, a una historia enrevesada sin pies, ni cabeza que empeora conforme avanza el metraje. Una historia con una puesta en escena igualmente efectista y repleta de planos inútiles, que restan y no suman. Con personajes que aparecen y desaparecen sin la más mínima explicación, ni lógica alguna. Y en cuanto al final…

Hecha para el lucimiento, por llamarlo de alguna manera, del inexpresivo y limitado de registros interpretaticos Guillaume Canet,  el rol de su compañera, la sensible Mélanie Laurent, resulta desdibujado y corto de miras.

Lo escrito. Piérdansela.

Una mirada documental: Recordatorio urgentísimo

A partir de ahora, las sesiones mensuales de este excelente ciclo que tan bien coordina el crítico y amigo Miguel Olid Suero pasarán a ser los martes. La próxima es mañana mismo, martes, 20 de marzo, a las 19 horas, en la sevillana FNAC de la Avenida de la Constitución.

Se proyectará un largometraje documental, coincidiendo con la víspera del Día Internacional contra la Discriminación Racial, que ha cosechado excelentes críticas y reconocimientos tales como los BAFTA, César, Premio de la Crítica de Los Ángeles y nominado al Oscar por su categoría.

Hablamos de ‘I am not your negro’, escrito y dirigido por Raoul Peck, que adapta el libro homónimo, e inacabado, de James Baldwin sobre la historia contemporánea del movimiento afroamericano.

El  conductor del coloquio posterior, será el mauritano Aboubacrin Dieng de la Asociación África con Voz Propia y técnico de proyectos en la Alianza por la Solidaridad de Sevilla.

Un programa y un invitado del máximo interés. ÚNANSE.

No solo cine. Pensiones dignas: La fuerza de la edad

El elegante y refinado actor Frank Langella tenía una frase antológica en la estimable película de Oliver Stone, ‘Wall Street’: El dinero nunca duerme’. Decía así, al menos en su versión doblada: “La vejez no es para cobardes”. Desde luego que no lo es. Pero no exactamente en tal sentido… Siguiendo con dicha etapa cronológica, a quien esto firma siempre le impactaron esas estrofas de la extraordinaria y terrible canción que Violeta Parra compuso antes de suicidarse : “Maldigo los estatutos del tiempo con sus bochornos”. Pero creo que, de haber vivido ella tal día como hoy, este verso no habría sido posible.

Porque en este capitalismo salvaje, patriarcal y gerontofóbico que padecemos, en el que las industrias del ocio, del entretenimiento, del fitness, de la cosmética y un larguísimo etcétera presionan para que seamos jóvenes por decreto, con un énfasis especial en contra de las mujeres…

Porque en este capitalismo de todos los horrores, y no solo de los citados, se nos ha colonizado y alienado, posibilitando también el rechazo a nuestra edad y a nuestr@s contemporáne@s como un espejo en el que no queríamos vernos reflejad@s. Porque también esa publicidad opresiva nos utiliza solo para reflejar  nuestras presuntas carencias, discapacidades, fragilidades y miserias incluso, otra vez contra nosotras, fisiológicas.

Pero en la lucha por la dignidad, contra unas pensiones intolerables, la hermosa gente mayor ha recuperado su protagonismo como sujeto político. Ha reivindicado su derecho a un lugar en el sol, no solo para ell@s, sino para las generaciones de relevo. Se han reafirmado como personas, y no solo como madres, padres, abuelas y abuelos. Han tomado la calle, la lucha, la voz y la palabra.

En Sevilla lo han hecho este mediodía contra el viento, la lluvia inclemente y el frío. Pisando nuevamente el centro histórico, contándose por miles y miles, secundados por feministas, sindicatos, partidos de izquierdas, colectivos varios, estudiantes y menores, con un valor, una honestidad, una coherencia y un compromiso realmente admirables.

Otra manifestación emotiva, multitudinaria y vibrante que ha culminado en Las Setas, nuestro referente contestatario imprescindible. Han mostrado la fuerza de la edad. Y que, en el mejor sentido, la vejez no es para cobardes. Orgullosa de mi generación.

 

No solo cine. El CAL en Infanta Elena: Que nadie duerma…

Brillante y multitudinaria presentación la del pasado martes – dentro del ciclo Letras Capitales del Centro Andaluz de las Letras en la Biblioteca Pública Infanta Elena de Sevilla – de la novela ‘Que nadie duerma’, de Juan José Millás, a cargo del propio autor y de Jesús Vigorra, en un diálogo en el que el segundo planteaba, con sabiduría y lucidez, los temas principales del libro para que el primero, con ese desternillante ingenio que le caracteriza como escritor y como narrador, los desarrollara.

Vano intento el de quien esto firma el de trasladar en esta crónica la agudeza irresistible de una mente compleja, irónica, paradójica, inteligente, singular  y con una vis cómica – en contraste con su seriedad expositiva – inagotable. Así que va a limitarse a destacar – de forma limitada y esquemática, como un débil reflejo de la única e irrepetible voz propia de Millás – una selección, personal e intransferible, de algunas de sus afirmaciones e historias.

 

Como que la mayoría de sus protagonistas son mujeres, incluso las más autobiográficas, porque lo y las prefiere. Cosa que le preguntan mucho – lo hicieron en el debate – pero que no se cuestionaría si se tratara de hombres. Como que ha descubierto, documentándose para esta historia, los muy complejos cerebros de los pájaros: “Saben cosas que nosotros ignoramos”

Como que su personaje central, Lucía, está inspirada en su madre – amante de los taxis, un lujo que se permitía de vez en cuando para ir al centro desde la periferia –  y en una tía lejana – de la que se afirmaba lo que habría llegado a ser si no le hubieran cortado las alas, imagen que su mente infantil consideró traumática por lo literal – y en el hecho de conducir este vehículo como metáfora de hacer lo propio con su vida y tomar, como el volante, sus riendas.

Como que creó una mujer-pájaro, como la Victoria de Samotracia, que le parece tan fascinante… , muy potente, solitaria, bondadosa e ingenua en un mundo hecho de contrarios, en el que todo remite a su contrario. Como que en las promociones de sus libros va construyendo una novela paralela, porque, sobre todo en las primeras, no tiene ni idea de por qué la escribió así.

Como que valora las obras cortas porque, incluso las largas que más le gustan, llegan a un punto en el que no le dan más y las deja, porque prima la intensidad sobre la extensión. Como que fue un niño desastroso y desastrado que, en ocasiones, avergonzaba a su progenitora que llegó a decir, ante terceras personas, que era adoptado. O él creyó leer en sus labios dicha frase… Como que duerme fatal. Como que igual que a Lucía, su personaje, le gusta la ópera escuchada a través de las paredes o tabiques pero que, si lo hace en su casa por sí mismo, le genera ansiedad.

Como que la protagonista de ‘Turandot’, uno de los ejes narrativos de la obra, era una moderna feminista pues cuestionaba a los hombres por su rudeza y simplicidad, porque no sabían leerla. Como que el amor romántico es un malentendido, una construcción cultural. Y citó al respecto la demoledora frase de Lacan: “Amar es dar lo que no se tiene a quien no es”. Como que para él amar es querer a alguien por sus carencias.

Como que las ficciones son metáforas de la vida, con sus propias leyes y sus territorios autónomos. Como que somos hij@s de la ficción, del mito. Como que el lenguaje primitivo solo nombraba cosas reales y el complejo, representaciones de la realidad. Como que reduce, depura, en sus escritos porque esto se lo ha enseñado el periodismo. Como que…

Gracias al Centro Andaluz de las Letras, a su ciclo Letras Capitales, a la Biblioteca Infanta Elena, a Jesús Vigorra y a Juan José Millás por una velada llena de risas, carcajadas y estímulos. Por una velada memorable. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.