‘Thelma’: El pecado original

Joachim Trier. realizador noruego de la cosecha del 74, nos ha deparado títulos notables como ‘Oslo, 31 de agosto’ o ‘El amor es más fuerte que las bombas’. Ahora vuelve a las pantallas comerciales con esta singular mezcla de géneros entre el drama psicológico, la iniciación adolescente, la temática religiosa y la sobrenatural fundidas en una producción de 116 minutos de metraje, escrita por su firmante y por Eskil Vogt, con una bellísima, pero no preciosista, fotografía de Jakob Ihre,  con una hermosa partitura que subraya, pero no abruma, de Ola Flottum y con un excelente reparto, en el que brilla una eminente Eili Harboe.

Premio Especial del Jurado y Mejor Guión en Sitges, la historia sigue a una adolescente, de familia extremadamente religiosa, que posee un don que ella misma ignora,  que no controla y que se manifiesta cuando sus sentimientos y emociones son más fuertes. De ahí que todo su universo se tambalee al enfrentarse a otro mundo, a otras reglas, a un traumático secreto de la infancia y a una atracción afectivo-erótica lésbica.

El pecado original, para algunas confesiones cristianas, es “un estado de culpa inherente a la condición humana, desde Adán y Eva, del que nos libera el sacramento del bautismo” Thelma lo sufre desde su nacimiento, aunque intente seguir todas las normas dentro de la severidad que le imponen sus progenitores.

Trier describe muy bien los devastadores efectos de tal tormento, cuya causa desconoce y le ocultan, en una criatura inocente y sensible que necesita un afecto que su familia le niega por razones que se le escapan, aunque luego se nos haga comprender – nunca justificándola – su causa. Describe muy bien la gelidez de un paisaje, de una urbe, de unas instalaciones educativas en una puesta en escena sugerente, aterradora, elegante y casi matemática.

Describe muy bien la mutilación insidiosa impuesta por unas creencias, en contraste con la efervescencia de una edad en la que todo invita a vivir. En la que el descubrimiento del amor y de la sensualidad no es hermoso, sino terrible, aunque sea con una compañera cálida y generosa. Describe muy bien a las protagonistas, sin los tics sexistas o femeninos al uso. Describe muy bien la maldición de un pensamiento omnipotente y destructivo… pero también liberador. Y ese final…

Inquietante, hermosa, oscura, luminosa, desasosegante y profundamente sensible y emotiva es una joya que nadie, en su sano juicio, debería perderse.

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