No solo cine. El CAL en Infanta Elena. ‘Silencio administrativo’: Las “vidas” de l@s otr@s

Hagan un esfuerzo e imagínense en el lugar de una mujer de apenas cuarenta años, flaca, prematuramente envejecida, que lleva bastón, gruesas gafas porque apenas ve, a quien le sobrevienen mareos constantes, que pide ‘trabajo y comida, por carecer de recursos’, que pasa en la calle fría y lluviosa todo el día, sentada en el suelo, con las piernas encogidas…

Que duerme, por decirlo de alguna manera, en el garaje de un bloque de pisos que está abandonado, que usa ropa ligera y que calza unas gastadas zapatillas de goma absolutamente impropias para la temperatura ambiente. Imagínense ahora que a esa mujer se le acerca otra, que la ve cada mañana y ya no puede mirar hacia otro lado, preguntándole por su situación y obtiene la respuesta de que no tiene ingresos, ni ayudas, ni públicas, ni de asociaciones, NADA DE NADA, porque es requisito imprescindible estar censada y ella no lo está.

Imaginen a su interlocutora incrédula, pues ha leído sobre prestaciones, rentas básicas y presupuestos importantes destinados a l@s más desfavorecid@s de la escala social y piensa que es un error. Así que decide regalarle unos zapatos que ya no usa y acompañarla a cuantas instancias y organismos sean necesarios para ayudarla. Es entonces cuando se topa de frente con la cruda realidad.

Una realidad hostil e implacable, encarnada en las distintas administraciones, que no siente ninguna empatía por estas personas, sino todo lo contrario. Que les pone aún más piedras en su camino y que les demanda más requisitos – instancia tras instancia, con plazos mínimos, teléfonos para pedir citas que siempre comunican o nunca responden, trayectos de una sede a otra, direcciones postales, contactos, desplazamientos, entre un interminable etcétera…¡¡¡ a gente que carece de todo ello y que apenas si puede moverse, ni pagar un autobús, ni, mucho menos, usar un ordenador!!! – cuanto más vulnerables son.

Que siempre les tiene bajo sospecha, que les trata con desdén y prepotencia. Que les exige celeridad y les responde con lentitud desesperante, tan desesperante que sus migajas les llegan a veces demasiado tarde. Que…

Imagínense que esa mujer,  por el hecho de serlo, está abocada además a agresiones sexuales, a ser prostituida, a maltratos varios, a “protectores” que son verdugos. Imagínense que ella es Carmen, nombre ficticio, y que quien intentó ayudarla en ese laberinto burocrático kafkiano y nada inocente, es una periodista- porque también los medios son cómplices de esta situación intolerable que afecta a miles de ciudadan@s a quienes les niegan la dignidad y les despojan de todos sus derechos – y escritora que lo ha contado en un ensayo que es también, en sus propias palabras, la crónica personal de su indignación.

Su nombre es Sara Mesa y el libro, DE LECTURA OBLIGADA, que debería estar en todas los despachos y organismos públicos, se llama ‘Silencio administrativo’ y ha sido presentado esta tarde en Sevilla, organizado por el Centro Andaluz de las Letras, en la Biblioteca Pública Provincial Infanta Elena. Con Pablo Fernández de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía como introductor, aunque se han vuelto las tornas y ella ha hablado primero en un diálogo a dos y colectivo con el público que abarrotaba el salón de actos. De todo ello, de tantas cosas relacionadas, de la aporofobia o el odio al pobre, de las cifras escalofriantes y los datos de la vergüenza, de…

HÁGANSE CON ÉL Y CAMBIEN SUS PERCEPCIONES SOBRE LAS “VIDAS” DE ESOS OTROS.

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